Proyecto Luna de Miel 39
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MAURO

Por suerte he podido cambiar el vuelo. No aguantaba ni un minuto más en mi casa recordando la conversación que hemos tenido Olivia y yo.

Entiendo que quiera saber de sus padres, pero ¿por qué hacerlo ahora, justo cuando sabe que no puedo faltar en la empresa?

Intuyo que no se ha dado cuenta y que solo ha pensado en la necesidad que tiene de encontrarlos; pero una relación es de dos personas y no solo se debe tener en cuenta lo que quiere una de ellas.

Como le dije en casa, el amor no se trata de sacrificarse por la otra persona, aunque sí que en algunos momentos hay que esforzarse por el otro, como para verse cuando los horarios de trabajo no lo permiten o para encontrar tiempo para pasar juntos.

Pero ¿sacrificarse? Eso no debería asociarse al amor.

A veces pienso que la palabra «sacrificio» debería haberse extinguido junto con las civilizaciones antiguas.

En cuanto llego a casa, me cambio de ropa y me dejo caer en el sofá.

La música suena, pero mi cabeza sigue llena de ruido y no logro despejarme.

Oigo cómo suena mi móvil, pero no sé dónde lo he dejado.

Me pongo como un loco a buscarlo, imagino que será Olivia.

Después lo encuentro tirado sobre la cama, debí dejarlo allí cuando traje la maleta.

Miro la llamada perdida y veo que es de Marta, enseguida la llamo.

Me cuenta que Olivia ha ido a su casa preguntando por mí y que tenía la esperanza de encontrarme allí.

Mi enfado comienza a difuminarse. Pero este tema no es algo que se pueda solucionar por teléfono, necesito tenerla frente a mí y que entienda mi postura.

Además, conociéndola, seguramente le haya costado muchísimo ir a buscarme.

¿Para qué sirve el orgullo? Por lo visto, para romper familias y relaciones, entre otras cosas; y creo que se debería entender de otra manera, en plan positivo, y hacer las cosas con orgullo para sentirse bien con uno mismo .

Debería servir para mantenernos en pie, no para alejarnos de quien amamos.

Ayer, lunes, estuve bastante distraído; no soy capaz de concentrarme en el trabajo y necesito terminar varias cosas que tengo a medias antes de irme a Las Palmas para comenzar mi nueva etapa al frente de la empresa.

Admito que estoy nervioso, Rodrigo confía en mí, pero según se va acercando la fecha de la firma, menos seguro de mí mismo me siento.

No sé si estoy preparado para ser el jefe o solo intento convencerme de que sí.

Es como cuando esperas algo con muchas ganas y, como lo ves lejano, no te preocupa tanto, pero cuando ves que cada vez está más próximo… ¡ahí cambia el cuento!

A última hora de la tarde me llama Rodrigo. Dice que el viernes, sin falta, me quiere allí; que ha pensado en adelantar un poco la fecha de la firma por cuestiones fiscales, así que no me puedo negar ni pedir una prórroga. Esta llamada me produce aún más estrés.

Entre el miércoles y el jueves he trabajado unas treinta horas, apenas he dormido, pero cuando cojo el avión rumbo a Las Palmas, me siento satisfecho por haber acabado todo lo que tenía pendiente.

Satisfecho… y vacío. Ojalá pudiera cerrar con la misma facilidad lo que siento por Olivia.

Podía haberlo terminado en mi nuevo destino, pero soy de las personas que prefiere cerrar por completo una etapa antes de terminar otra.

He intentado apartarla lo máximo posible de mis pensamientos y reconozco que me ha costado más que finiquitar mis tareas. Saber que la voy a ver acelera mi corazón y, a la vez, me llena de energía.

La firma del traspaso de la empresa es a las doce de la mañana, así que quedo con Rodrigo directamente en la notaría.

—Qué momento más emocionante, ¿eh? —me dice justo cuando nos llevan a una sala donde debemos esperar al notario.

—Jamás hubiera imaginado que esto iba a pasar —confieso al que hasta ahora era mi jefe.

—Yo lo tenía más que claro, si hay alguien que se merece esta empresa, eres tú.

Sus palabras me hinchan el pecho y, al mismo tiempo, me hacen pensar en quién no está aquí para compartirlo.

En cuanto acabamos todo el papeleo, nos abrazamos afectuosamente y nos dirigimos a GranCanTour, tengo que firmar más documentos personales que él tiene en la oficina.

Cuando llegamos, veo la puerta del despacho de Olivia cerrada, así que supongo que debe estar trabajando, y así me lo confirma Salomé.

Al terminar con Rodrigo, lleno mis pulmones de aire y llamo a la puerta de Olivia.

No sé cómo va a ser el recibimiento, aunque espero que no me grite como lo hizo en mi casa.

—¿Puedo pasar? —pregunto después de asomar la cabeza.

—¡Mauro! ¡Qué sorpresa! No te esperaba… —dice con una mezcla de alegría y vergüenza a la vez.

—He ido con Rodrigo al notario para firmar el traspaso de la empresa —explico, cerrando la puerta tras de mí.

—Entonces debería darte la enhorabuena, ¿no es así? —No sé qué le pasa, pero su tono no me termina de gustar.

—Haz lo que quieras… en realidad no sé ni por qué he venido —digo con pena. En el fondo sabía que esto no iba a ir bien.

—¡Perdona, perdona! —exclama acercándose a mí—. El otro día la fastidié contigo y hoy vuelvo a hacerlo.

—Pensaba que entre tú y yo había amor de verdad, pero veo que solo era por mi parte…

—No digas eso, Mauro, yo…

—Ni siquiera te alegras por mí. ¿Sabes qué? No me han regalado nada. La firma de hoy ha sido fruto de mi esfuerzo, ¿o piensas que Rodrigo me lo cede porque sí? —añado esto último porque no me gustaría que creyera eso—. Me estoy enfadando, y la verdad es que no me apetece ponerme así, y menos hoy.

Me giro y camino en dirección a la puerta.

—¡Espera! —grita, haciendo que me dé la vuelta; aún tengo el pomo en la mano—. Lo siento, no sé qué me pasa. Llevo unos días muy estresada, con mucho trabajo y muchas cosas en la cabeza… Sé que no es excusa, pero estoy saturada.

Abro la puerta y salgo de su despacho antes de decir algo de lo que me arrepienta.

No quiero seguir compartiendo el mismo aire, me siento asfixiado, dolido y desilusionado.

Sabía que no iba a ser un recibimiento con besos y abrazos, pero tampoco esperaba tanta frialdad por su parte.

¡Maldita sea! ¿Por qué me he tenido que enamorar?