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OLIVIA
No sé ni por dónde empezar. Solo sé que necesito encontrar a mis padres y pedirles explicaciones sobre por qué me abandonaron.
Todo el ímpetu se me desinfla, como un globo que pierde el aire, en cuanto me doy cuenta de que marcharme a Alemania supone un gasto y unos días libres de los que no dispongo.
Porque no basta solo con querer, también hay que poder.
Por más vueltas que le doy no encuentro la solución.
A Carla le parece una auténtica locura que lo haga; a Mauro, aunque sé que también lo piensa, me apoya en la decisión que tome; y mi abuela apenas cruza dos palabras conmigo desde que le dije que iba a buscar a mis padres.
Entiendo lo que puede suponer para ella, pero no puedo seguir viviendo con esta incógnita.
Mauro sigue en Tenerife. Tal y como me prometió, hablamos a diario y nos vemos por videollamada ; aunque oír su voz cada noche no es lo mismo que sentir su piel junto a la mía. Me consuela saber que, en poco más de dos semanas, vendrá a Las Palmas para quedarse y ponerse al frente de GranCanTour.
—¿Por qué no vienes tú este fin de semana? —me propone, con esa irresistible sonrisa suya que veo a través de la pantalla del móvil.
—Sabes que no me gusta volar… —digo, mimosa.
—Está bien… Porque te quiero, que si no… —Pone los ojos en blanco y se ríe. No puede ser más guapo.
Cuando me meto en la cama, me pongo a darle vueltas al asunto de ir a Alemania.
Pero ¿por dónde empiezo a buscar? ¡Ni que Alemania fuera del tamaño de Gran Canaria!
Si al menos supiera la zona, sería más fácil.
Además, está el gran inconveniente de que tendría que ir en avión.
Y, dándole vueltas al mapa de ese país, me quedo dormida.
Salomé llama a mi puerta y entra para avisarme de que el señor Millán quiere verme.
Respiro hondo antes de entrar en su despacho.
Allí estoy más de veinte minutos, mientras me pone al día de lo que tiene entre manos y quiere que empiece a llevarlo yo.
Quiere que me coordine con Mauro para que, entre los dos, lo llevemos a buen fin.
Dice que delega en nosotros toda la responsabilidad y está seguro de que lo haremos bien.
Sus palabras me hacen sentir que, por fin, confía en mí por completo.
Sé que para mi jefe esta empresa es su vida y va a ser duro para él dejarla en otras manos, pero está totalmente convencido de que son las idóneas.
Cuando vuelvo a mi despacho, continúo con la búsqueda, pero como no tenga más datos me parece que no voy a conseguir nada. Un mensaje de Mauro interrumpe el silencio en el que estoy sumida.
Apenas quedan horas para vernos,
y estoy deseando tenerte entre mis brazos.
La espera se me está haciendo eterna.
Este fin de semana te quiero solo para mí.
Haré todo lo posible, pero no puedo prometerte la exclusividad. Ya sabes que vivo con mi abuela y no puedo dejarla sola dos días. Sigue sin hablarme… bueno, me habla lo justo, pero sé que lo está pasando mal. Yo también tengo muchas ganas de verte y de estar contigo. Mis labios te echan de menos.
No voy a dejar de besarte en todo el fin de
semana, así que tú verás cómo te las apañas.
Y soy de los que cumplen sus promesas…
Estoy completamente enamorada de él. Me da todo lo que necesito y me hace sentir cosas maravillosas.
Es el hombre con quien quiero pasar el resto de mi vida.
Con pocas palabras consigue que en mi cara se dibuje una sonrisa para lo que queda del día, y eso que estoy bastante agobiada tratando de averiguar qué Klein podría ser mi padre.
Después de un buen rato, me doy por vencida, al menos por hoy.
He de terminar lo que me ha pedido el señor Millán y quiero entregárselo antes de salir.
Y así hago. A las cinco y media de la tarde voy a su despacho, le llevo el dosier terminado y regreso a por mis cosas para marcharme.
Estoy a punto de salir cuando mi puerta se abre y me encuentro con Mauro.