Proyecto Luna de Miel 31
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MAURO

El vuelo hasta Gran Canaria dura media hora, un tiempo en el que no he conseguido relajarme ni un minuto.

Sé que hoy veré a Olivia y eso es algo para lo que no estoy preparado.

No voy a negar que me muero por verla, pero va a ser doloroso tenerla tan cerca y no poder besarla.

Menos mal que estaremos rodeados de más personas, entre ellas el imbécil de Jaime; que no estemos solos me lo hará un poco más fácil, o eso espero.

Aunque, si soy sincero, lo que más me aterra no es verla, sino ver en sus ojos que ya no siente nada.

He traído conmigo el regalo que le compré en Lanzarote y que al final no pude darle al volver de Fuerteventura como lo hizo.

Pensé que sería un bonito detalle para que me sintiera siempre cerca, aunque estuviéramos en distintas islas.

Ojalá encuentre el momento para entregárselo, al fin y al cabo, sigue siendo suyo.

Nada más pisar tierra canariona, mi tierra, empiezo a sentirme como en casa.

Ojalá mi corazón se sintiera igual de seguro.

Siempre me ha pasado y eso que en Tenerife estoy muy bien, pero como mi isla, ninguna.

Entro en las oficinas de GranCanTour y saludo a Salomé, llevaba mucho tiempo sin verla.

Después sale a mi encuentro Rodrigo y me pide que le acompañe a su despacho.

—Gracias por haber venido a primera hora —dice mirándome con cierto nerviosismo—. Tengo que comunicarte algo muy importante para ti, luego tendrá lugar una reunión con los demás y les explicaré la decisión que he tomado.

—Tú dirás, soy todo oídos. —Tomo asiento frente a él.

—Llevo unos cuantos meses dándole vueltas a algo.

Sabes que llevo muchos años dedicado únicamente a la empresa y descuidando otros asuntos de mi vida, como a Marta, por ejemplo.

—Mira la foto de su mujer, que tiene sobre la mesa, con total admiración—.

Iba a decírtelo el día de mi cumpleaños, pero no vi la ocasión.

Además, te conozco, y sé que hubieras hecho lo imposible por hacerme cambiar de idea, y hoy ya no vas a poder.

El caso es que he pensado jubilarme. Sí, no me mires así, sé que aún no tengo edad, pero creo que si no lo hago ahora que aún puedo viajar y dedicarme por entero a mi mujer, después ya no lo haré.

—Me parece una idea excelente, pero… la verdad es que me cuesta creerlo —aseguro, sorprendido por la noticia. Rodrigo siempre ha vivido por y para su trabajo.

—El día que estuvimos en casa, me hiciste abrir los ojos con respecto a mi mujer y te tengo que dar toda la razón. Sé que no me he portado bien con ella, pero quiero empezar de cero y dedicarle todos y cada uno de los días que me queden en esta vida —promete un poco emocionado.

—¿Y entonces esta empresa?

—Ahí es donde quería ir a parar. Tú serás quien tome las riendas del negocio, igual que lo he hecho yo.

Sabes de sobra que para mí eres como un hijo, y al no tener descendientes, lo más lógico es que seas tú el heredero de todo esto.

—Abre los brazos hacia arriba como si quisiera abarcar el despacho—.

Harás y desharás a tu antojo, pero siempre con cabeza, Mauro; no vayas a tirar por tierra todos los años que yo he invertido en esto.

—Para mí sería un honor, pero no sé si estoy preparado para tanta responsabilidad.

—Siempre te puedes apoyar en tus empleados, como he hecho yo a lo largo de estos años. ¿Crees que sin ti, yo hubiera podido llegar tan lejos?

—Rodrigo, haré que te sientas orgulloso de mí —afirmo, convencido de lo que estoy diciendo.

—Ya lo estoy, hijo, ya lo estoy.

Sus palabras me emocionan. No estoy acostumbrado a que alguien crea en mí de esta manera. Jamás pensé que la vida me iba a dar una oportunidad laboral semejante.

Nos damos un emotivo abrazo, salimos del despacho y nos vamos al de al lado, el que se suele utilizar para las escasas reuniones que hacemos todos juntos, donde Salomé ya está esperando.

El primero en llegar es Jonay, tan cordial como siempre.

Nos saludamos y charlamos un rato de su familia mientras esperamos al resto.

Aunque trato de mantenerme impasible, noto que mi corazón está inquieto; sé que en cualquier momento la puerta se abrirá y aparecerá Olivia.

El siguiente en sentarse a la mesa de reuniones es Jaime, a quien, por educación y porque Rodrigo está delante, le estrecho la mano.

Su saludo es frío, parece que sospecha de que va a ocurrir algo que no va a gustarle.

Estoy deseando ver su cara cuando se entere de que voy a dirigir la empresa.

Un par de minutos después entra Olivia, más guapa que nunca —y más lejos que nunca también—, llenando la sala con su perfume; un aroma que me transporta de inmediato a aquellos días que pasamos juntos.

Hace un saludo en general, pero no nos da la mano a ninguno; imagino que por evitarme, porque ni siquiera me ha mirado a la cara, y, por supuesto, se ha puesto lo más alejada de mí que ha podido.

Tenía la esperanza de que al volvernos a encontrar volviera a saltar la chispa aquella que tanto nos unió, pero veo que debería pasar página, igual que ha hecho ella.

En sus ojos hay una mezcla entre tristeza y desilusión, aunque no creo que tenga nada que ver conmigo.

Después de una breve introducción, Rodrigo suelta la noticia para sorpresa de todos.

La cara de Jaime es más que un poema y va cambiando de color según continúa hablando nuestro jefe.

Después, esboza una sonrisa tensa, la misma que usa cuando quiere fingir que algo no le afecta.

Cuando termina la reunión, el primero en acercarse es Jonay, quien me da un abrazo y la enhorabuena, y sé que es sincero.

Jaime me da la mano con desdén, está claro que él pensaba ser algún día el sucesor de Rodrigo, algo con lo que llevaba contando desde que llegó a la empresa y se lo había trabajado dando continuas palmaditas en la espalda a Rodrigo y unas cuantas patadas por debajo de la mesa a mí.

Sé que para él era más que un ascenso, era la validación que llevaba años persiguiendo, y hoy ha visto que se le ha escapado de las manos.

Saber que voy a estar por encima de él es algo que tardará en digerir, lo sé, pero la vida es así, a unos les parece justa y a otros les da donde más les duele.

Y Jaime nunca se ha portado bien conmigo, por muy buen trabajador que crea Rodrigo que es.

Pero ya no pienso dedicarle más energía, tengo cosas mucho más importantes en las que pensar.

Olivia se acerca, la noto incómoda en mi presencia, si pudiera decirle con la mirada que no hace falta que finja cordialidad, lo haría. Se acerca decidida y alarga su mano hacia mí.

—Enhorabuena —dice y se gira sin esperar a que le dé las gracias, pero la detengo agarrándola de la muñeca.

—Olivia… lo de Jaime ya está terminado. No hablo de la empresa, sino de mí.

Durante años pensé que él era solo un compañero difícil, alguien competitivo.

—Fija sus ojos en mi mano y suelto la suya con lentitud, no quiero que se sienta incómoda—.

Pero hoy he entendido que llevaba demasiado tiempo cargando con una frustración que no sabía gestionar.

No lo justifico. Lo que hizo fue cruel y me hizo daño, pero también veo a un hombre que se ha quedado atrapado en su propia amargura.

No supo manejar que Rodrigo confiara en mí, ni que yo avanzara más rápido que él.

Y en vez de pedir ayuda o esforzarse más, eligió atacarme.

—Bajo la mirada un instante y cojo fuerza para continuar hablando—.

No quiero seguir viviendo con ese peso. Jaime ya no forma parte de mi vida.

No necesito que le pase nada malo para sentir que esto está cerrado, ni le guardo rencor.

Me basta con saber que yo sigo adelante y él tendrá que enfrentarse a sus decisiones.

Lo único que quiero es vivir en paz, contigo, y dejar atrás todo lo que él intentó romper.

Olivia no dice nada, solo me mira con un brillo diferente en los ojos y me enseña una sonrisa antes de salir por la puerta.

Mi mano aún siente el calor por el leve roce que ha tenido con la suya.

La sensación de volver a tocar su piel ha sido más intensa de lo que esperaba.

¿Cómo puedo seguir sintiendo tanto por una mujer que ya ni me mira?

Rodrigo me da una palmadita en la espalda y me invita a comer en su restaurante favorito.

Para mi decepción, estaremos solos los dos.

Yo pensaba que iríamos todos juntos, al menos me hubiera gustado que Olivia nos acompañara, y así se lo hago ver.

—Esa mujer te gusta de verdad, ¿no es así? —Más que una pregunta es toda una afirmación.

—Sí, Rodrigo, estoy enamorado —confieso, un tanto abatido por haber sentido la frialdad en ella—. Y no sé cómo dejar de estarlo.

—Pues ¿a qué esperas para decírselo? Como bien sabes, en esta vida las oportunidades para ser feliz no se presentan todos los días, así que atrévete y dile lo que sientes.

—Para ti es fácil decirlo. Te recuerdo que ella huyó de mí pensando que había abusado de…

—Calla, calla, no me recuerdes ni el nombre. —Hace un aspaviento con las manos, como tratándose de quitar aquello de la cabeza—. Además, Olivia sabe que aquello no fue verdad.

Me sorprende lo que acabo de escuchar, pero prefiero no profundizar en ello, ya lo haré cuando me sienta con ganas.

Cambio de tema y continuamos hablando de la empresa y de todo lo que Rodrigo cree que tengo que saber.

Cuando terminamos de comer, le acerco a su casa con el coche que he alquilado en el aeropuerto, y de paso, saludo a Marta.

Me tomo una copa con ellos en su casa para celebrar mi próximo nuevo cargo y después nos despedimos.

Antes de que me meta en el coche de nuevo, recibo un mensaje de Rodrigo con una dirección de Las Palmas; me dice que es donde vive Olivia y que ya sé lo que tengo que hacer.

Se me escapa una sonrisa y, tal vez envalentonado por el ron que me acabo de tomar, conduzco hasta donde me dice el GPS que he llegado a mi destino.

Es bajar del coche y esfumarse toda mi valentía.

Quizá debería volver a montarme e ir al aeropuerto, donde en unas horas saldrá mi vuelo de vuelta a Tenerife.

Durante unos segundos que a mí me parecen eternos, me quedo ahí plantado en su puerta, sin saber bien qué hacer.

Doy un paso hacia atrás y decido llamarla por teléfono, no quiero repetir aquello que pasó en el hotel al tocar su puerta y escuchar, a través de ella, sus gritos de que me fuera.

Al quinto tono lo coge, cuando ya mis esperanzas estaban por los suelos .

Y en ese instante, con su respiración al otro lado, siento que todo mi mundo se sostiene de nuevo en un hilo, pero al menos es un hilo que vuelve a unirnos.