26
MAURO
Está claro que Olivia no quiere saber nada más de mí.
No ha cogido ninguna llamada ni respondido a ningún mensaje, así que entiendo que no hay nada más que decir.
Siento que me ha tratado injustamente, y eso me duele.
Debería presentarme en Gran Canaria y obligarla a que me escuche, pero no quiero convertirme en el tipo de hombre que invade y presiona.
No con ella. No quiero que piense de mí lo que no es, pero ahora mismo tengo tanto trabajo que sería imprudente por mi parte marcharme y descuidar lo que me da de comer .
Y aun así, cada vez que miro el móvil, tengo que contener el impulso de comprar un billete y plantarme allí.
Nunca me había sentido tan dividido entre lo que debo y lo que quiero hacer .
Mi cabeza tira hacia el trabajo, pero mi corazón lleva días viviendo en Gran Canaria.
Lo mejor será darle tiempo, tal vez así recapacite y se ponga en contacto conmigo para darme la oportunidad de explicarme.
Solo necesito eso. Después, que haga lo que quiera; pero, al menos, debería escucharme.
Debo reconocer que Olivia se ha convertido en parte de mí y es imposible negarlo, por más que quiera.
Me acerco al equipo de música, cojo un disco de Elvis al azar, dejo caer, sin mirar, la aguja del tocadiscos sobre el vinilo y comienza a sonar Always on my mind .
Y, una vez más, sé que mi cantante favorito me lanza una indirecta bien directa: Olivia siempre estará en mi mente.
Como si Elvis supiera exactamente lo que me está pasando.
Mis pensamientos son interrumpidos por el sonido de mi teléfono, que cojo rápidamente, creyendo que es ella, atraída por mis «poderes mentales».
—¿Marta? ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin escucharte! —saludo a la mujer de Rodrigo mientras bajo el volumen de la música.
—Buenas tardes, Mauro, estoy bien. ¿Y a ti cómo te va? Hace mucho que no hablamos —dice con la voz no muy alegre.
—Ya sabes, liado con el trabajo, pero bien.
—Pues no te noto muy contento que digamos…
—Tú tampoco suenas radiante. —Los dos nos reímos.
—Te he llamado porque estoy preocupada. Creo que Rodrigo se ve a menudo con alguien —me cuenta con confianza.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Verás, Salomé me ha dicho, confidencialmente, que hay una mujer nueva trabajando con vosotros y que Rodrigo pasa muchas horas encerrado en su despacho con ella.
Además, por lo que me ha contado, es guapísima y, por lo visto, no tenía experiencia cuando la contrató, y eso hace que salten todas mis alarmas.
Quizá sea ella con quién se está viendo.
—Conozco a esa mujer—digo riendo para tratar de tranquilizarla—.
Se llama Olivia, y sí, yo también te garantizo que es una preciosidad, además de ser bastante competente en su trabajo y…
tener un carácter que podría «domar» a más de un hombre.
—Pensar en ella hace que una sonrisa se dibuje en mi cara—.
Pero te puedo asegurar, y casi poner la mano en el fuego, que entre tu marido y Olivia no hay ninguna relación, excepto la de jefe y empleada.
—¿Y cómo estás tan seguro? Salomé dice…
—Porque Olivia y yo… estamos juntos. O al menos, lo estábamos hasta hace varios días , hasta que una mentira ha vuelto a destrozarme la vida.
—¡¿Que tienes novia y no me lo has dicho?! A ver, explícate antes de que coja un avión y me lo cuentes en persona.
Le relato cómo nos conocimos, cómo empezaron a surgir nuestros sentimientos y cómo el impresentable de Jaime lo estropeó todo con aquel comentario.
Marta respira tranquila en lo que a sus sospechas se refiere, pero se enfada mucho conmigo por no haber luchado lo suficiente por defenderme en aquella cena.
¿Y qué pretende que hiciera? ¿Que me liara a puñetazos en pleno restaurante, como si fuera un vulgar niñato?
No sé pelear por amor cuando me atacan con algo que me marcó tanto.
Me quedé paralizado. Ese no es mi estilo.
Además, me quedé bloqueado ante el comentario y no supe qué decir ni qué hacer; me pilló por sorpresa.
Jamás hubiera imaginado que Jaime pudiera caer tan bajo en su particular cruzada contra mí.
Con Marta siempre he tenido una relación parecida a la de una madre con un hijo.
Desde que nos conocimos, ha sido afectuosa y atenta conmigo.
Me ha tratado siempre con tanto cariño que la considero como una figura materna, pese a que yo nunca he tenido una a la que abrazar y con la que sentirme querido.
Me ha demostrado que su afecto va más a allá de ser la esposa de mi jefe, y con Rodrigo me pasa igual, aunque con él procuro mantener las formas, sobre todo si hay alguien delante.
No quiero que se malinterprete mi cordialidad, y se pueda pensar que estoy donde estoy por la buena relación que existe entre ambos.
Sé que lo que tengo y donde estoy me lo he ganado a pulso, con esfuerzo y más de una noche sin dormir, tratando de hacer siempre lo correcto.
Él apareció en el momento en el que yo más necesitaba que me echaran un cable, y estoy infinitamente agradecido por la oportunidad que, sin apenas conocerme, me dio aquel día.
Después se han ido sucediendo comidas y cenas, incluso celebraciones familiares y navideñas, haciéndome sentir uno más entre ellos.
No nos corre la misma sangre por nuestras venas, pero son la familia que nunca he tenido, de eso no me cabe duda .
Y quizá por eso me duele tanto que Olivia crea que soy capaz de algo tan sucio: porque llevo toda la vida intentando ser lo contrario.