24
MAURO
Nunca he sido un hombre violento, por eso se ha librado Jaime, porque lo que más me apetece es pegarle un puñetazo y tumbarle en el suelo.
No por lo que ha dicho de mí, sino por lo que le ha hecho a ella.
¿Pero se puede ser más ruin que él? No me puedo creer que haya sacado a relucir algo que ocurrió hace mucho tiempo y que ni siquiera fue verdad.
¡Maldita sea! Y lo peor ha sido ver cómo Olivia me ha mirado, como si de repente fuera un desconocido y yo fuera capaz de algo así.
Subo las escaleras de dos en dos hasta la planta donde estamos alojados, no tengo tiempo de esperar el ascensor. Entro en la habitación, pero, tal como imaginaba, Olivia no está. Vuelvo a salir y llamo a la puerta contigua.
—Olivia, ábreme, necesito hablar contigo. —Espero unos segundos y no oigo nada—. Olivia, por favor . No me dejes fuera así, no después de todo lo que hemos vivido.
—Vete, Mauro, no quiero volver a saber de ti nunca más. —La oigo llorar.
—Por favor, tengo que explicártelo todo. Ese malnacido es un mentiroso, solo quiere fastidiarme.
—Márchate, Mauro, olvídate hasta de mi nombre, no quiero que te vuelvas a acercar más a mí. ¡Lárgate! —grita con rabia.
Regreso a la habitación donde horas antes habíamos estado amándonos y me tiro en la cama, furioso.
Me resulta increíble que ese tío nos haya arruinado una historia como la nuestra con una mentira como la suya.
Lo que más me destroza es saber que ella ha creído la mentira antes que a mí.
Ese es el miedo que nunca se me ha ido: que alguien me juzgue sin escucharme.
Espero que mañana me deje explicárselo de camino al aeropuerto. No quiero que se vaya a su casa pensando de mí lo que no soy.
Apenas he dormido dos horas porque no he dejado de darle vueltas a todo lo ocurrido.
Tras darme una ducha y vestirme, me acerco de nuevo a su habitación.
Llevo un buen rato llamando a su puerta y no me abre.
Cansado de insistir, bajo a recepción para hacer el check-out y me confirman que ha dejado la habitación hace algo más de una hora, imagino que ya debe estar en el aeropuerto.
Trato de aparentar tranquilidad, pero me es imposible.
Me da rabia que se haya marchado así, sin más, sin ni siquiera dejar que le dé una explicación.
Y, por primera vez en mucho tiempo, siento miedo de verdad, miedo a perderla sin haber podido defenderme, miedo a que su silencio sea definitivo, miedo a que mi pasado —aunque fuera una mentira— me arrebate algo que por fin empezaba a sentir como mío. Miedo a que una mentira vuelva a destruirme.