16
MAURO
Si ya me parecía preciosa, verla así, con el pelo al viento mientras contempla el horizonte, subidos al ferry, es otra historia.
A veces se comporta como una niña pequeña que descubre el mundo, pero no termina de dejarse llevar, pues enseguida corrige su postura y se enfunda de nuevo en su traje de ejecutiva.
Lo que no sabe es que me atrae igual, muestre la imagen que muestre .
Y lo que tampoco sabe es que, cada vez que se protege, me entran más ganas de averiguar qué hay detrás de esa coraza .
Y eso es peligroso, porque yo no suelo querer conocer a nadie tan a fondo.
Alquilamos un coche y propongo ir hasta el mirador de la Lomada del Camello, desde allí, y si el tiempo lo permite, podremos ver el Teide.
Acepta todo lo que voy sugiriendo y no deja de hacer anotaciones en la libreta que siempre lleva a mano.
La observo escribir y me sorprende lo mucho que me gusta verla concentrada y cómo frunce el ceño.
No debería fijarme en esas cosas, pero lo hago igual.
—¿Tienes vértigo? —le pregunto al recordar un sitio que sé que le podría llamar la atención.
—No, y eso que estos paisajes podrían provocarlo. ¿No estarás pensando otra vez en volar en parapente? —inquiere con desconfianza.
—¡Vamos, volvamos al coche!
—¿Dónde vamos? —pregunta con curiosidad y, en un acto reflejo, la cojo de la mano y la conduzco hasta el coche. Es increíble cómo su mano encaja en la mía.
—Es una sorpresa, ya lo verás. —Para desconcierto mío, no ha hecho por soltarse de mi agarre.
Conduzco hasta el mirador de Abrante, está cubierto de cristal por todos lados y uno tiene la sensación de estar suspendido en el aire.
El viento despeina su cabello y el cristal vibra levemente bajo nuestros pies.
Su cara de impresión vuelve a llenar mis ojos , sus dedos se aferran un poco a la barandilla y casi puedo notar cómo se le acelera la respiración.
Me gusta observarla cuando ella no se da cuenta.
—¿Te parece lo suficientemente romántico como para incluirlo en tu proyecto? —pregunto poniéndome a su lado.
—Imagino que, si la pareja se abraza y contemplan juntos todo esto, sí que debería rozar el romanticismo —contesta con la mirada perdida en el paisaje.
—¿Te refieres a algo así? —Sin pensármelo, me coloco detrás de ella y rodeo su cintura con mis brazos. Mi aliento roza su cuello y me reprimo por no dejarle un beso en la nuca . Tengo el impulso ahí, a un milímetro, y me cuesta frenarlo.
Olivia no contesta, por un instante me ha parecido que temblaba.
La luz del atardecer resalta su silueta, y sé que acabo de cruzar un límite que no debería, pero no puedo evitarlo.
Y ya que está viviendo todo en primera persona, ¿por qué no volverlo más real ?
Aunque, en cuanto la toco, entiendo que esto no tiene nada que ver con el trabajo, ni es profesional ni prudente ni sensato. Y eso me asusta.
—¿Nos vamos? —pregunto, consciente de lo que acabo de hacer. No sé cuál va a ser su respuesta, aunque imagino que ya estará enfadada de nuevo. Pero no me arrepiento; no cuando la he sentido temblar entre mis brazos.
Para mi sorpresa, asiente con la cabeza y se gira sin decir nada, aunque no tiene cara de estar molesta conmigo.