Proyecto Luna de Miel 12
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MAURO

Todo lo que tiene de guapa lo tiene de desconfiada.

Parece que le ha sentado mal que vaya a acompañarla durante su estancia aquí.

Ojalá a mí me hubieran ayudado de esta manera cuando empecé.

Yo estaba solo para todo, aunque no es una queja, me apañé bien y, hoy por hoy, sé que hago mi trabajo como es debido.

Pero ¿tratarme a mí de niñera? Por muy buena que esté, eso no se lo voy a consentir.

Tengo paciencia, pero también orgullo, y ella lo ha pisado sin siquiera darse cuenta.

Es una mujer diferente a la que conocí aquella tarde en la playa.

Allí era brisa; hoy es viento en contra, pero, aun así, no puedo evitar mirarla.

Parecía enfadada e insegura, un tanto perdida; tal vez Rodrigo la incomodó con alguno de sus piropos.

Ese hombre nunca aprende. De todas formas, me resultó simpática, tímida…

no sé, muy distinta a la que he ido a buscar hoy al aeropuerto, tan altiva y estirada.

¿Qué culpa tengo yo? Como le he dicho antes, solo cumplo órdenes.

No es que el jefe no se fíe de ella, al contrario, siempre se le llena la boca diciendo que ha encontrado un diamante en bruto y que lo está puliendo, aunque tengo la sensación de que estos días por las islas van a ser un calvario para los dos.

Para ella, porque no quiere mi compañía, y para mí, porque tengo la obligación de acompañarla y asesorarla cuando haga falta.

Seguro que pondrá a prueba mi paciencia .

Y yo tendré que controlar mis impulsos, no solo los profesionales.

Llego a casa y me preparo algo de comer.

Es temprano, pero no hay tiempo para más, ya que, antes de ir a recogerla al hotel, he de terminar un par de cosas del trabajo que aún tengo pendientes.

Mientras me tomo un café, enciendo el ordenador y me pongo manos a la obra; sin embargo, me cuesta concentrarme, algo muy extraño en mí.

No sé si es agotamiento o si es ella, instalada en mi cabeza sin permiso.

A falta de cinco minutos para las cuatro, entro en la recepción del hotel y veo que ya está esperando. Se ha cambiado de ropa y lleva el pelo un poco mojado. Está demasiado atractiva para mi paz mental. Y lo peor es que lo sabe sin saberlo. Esa naturalidad suya me deja sin defensas.

Como aún no se ha dado cuenta de mi presencia, aprovecho para observarla durante unos segundos más. Después decido acercarme, lo que menos me apetece es que me pille mirándola así . N o sería profesional. Y, sin embargo, me cuesta apartar la vista.

—¡Qué puntual! —exclamo a su espalda.

—Tú también —dice con una sonrisa a medias—. Mauro, quería disculparme por lo de antes. Sé que es culpa del señor Millán que tengas que cargar conmigo, así que todo lo que te dije esta mañana sobra.

—Tranquila, te entiendo. Pero no te lo tomes a mal, el jefe lo hace con buena intención, te lo aseguro. —Sonrío y ella me imita, parece que la tensión inicial empieza a aflojar. Aunque sigo sin entender por qué me habló de esa manera si apenas me conoce—. Dime dónde quieres que vayamos primero.

Nos montamos en el coche y pongo rumbo al hotel que me acaba de mencionar después de mirar su cuaderno.

No es necesario que ponga el GPS, conozco Tenerife como la palma de mi mano.

En cuanto llegamos, le propongo tomar un café, así me cuenta más detenidamente qué es lo que quiere hacer y podré asesorarla.

Mientras me habla, le presto toda mi atención.

Tiene las ideas muy claras y, tal y como me ha dicho Rodrigo, mucho potencial, pero no creo que sea él quien esté puliendo este diamante; la veo bastante autosuficiente como para hacerlo ella sola.

Y eso, lejos de intimidarme, me atrae de una forma que preferiría no analizar demasiado.

Cuando se apasiona explicando algo, se le ilumina la cara y me esfuerzo por no quedarme mirándola más de la cuenta.

Cuando termina, intento darle mi punto de vista sobre un par de cuestiones que me han despertado curiosidad, pero lo hago con cautela, no vaya a ser que le siente mal y discutamos ya desde el primer día. Para mi sorpresa, acepta de buen grado mis sugerencias y nos ponemos manos a la obra.

Su intención es organizar un viaje romántico para los recién casados y lo ha llamado «Proyecto Luna de miel».

Me ha hecho gracia que le haya puesto nombre, ya que, generalmente, los paquetes turísticos que preparamos llevan el nombre del sitio donde se van a desarrollar.

Además, se nota ese toque femenino en la originalidad de haberlo denominado así.

En un principio, pensaba recorrer todas las islas, pero Rodrigo le pidió que ajustara el presupuesto y, al final, solo será Tenerife, La Palma, La Gomera, Lanzarote y Fuerteventura.

Nuestra misión, por decirlo de alguna manera, es ir a cada isla y vivir en primera persona lo que Olivia ha propuesto para su proyecto: visitas, alojamientos y excursiones.

Sobre las nueve de la noche, después de ver un par de hoteles más y hablar con los encargados de estos, la dejo donde está hospedada.

Se me ha pasado por la cabeza que cenemos juntos, pero prefiero que sea ella la que lo proponga; no quiero que piense que intento impresionarla.

Bastante trabajo tengo ya con que no me vea como un estorbo.

Nos despedimos hasta el día siguiente, a las nueve de la mañana, cuando volveré a recogerla . Me voy a mi habitación con la sensación de que, si hubiera insistido un poco, quizá habría dicho que sí.

Ni la ducha medio fría que me acabo de dar sirve para apaciguar mi instinto más primario.

Olivia es una preciosidad de mujer, aunque no se aprovecha de ello, y eso dice mucho sobre su persona.

Ha estado correcta en todo momento con las personas con las que hemos hablado en los hoteles, ha negociado precios y calidades como pocas veces he visto hacer y, en ningún instante, la he visto usar una mirada cautivadora o una sonrisa deslumbrante para lograr su objetivo.

Y, aun así, lo ha conseguido. Tengo que llamar a Rodrigo y contarle las novedades, me hizo prometerle que le tendría al día y eso voy a hacer .

Aunque hay cosas que no pienso mencionar, no sabría cómo explicarlas sin revelar más de lo que debería sentir.

Me acuesto pensando en que llegue pronto la hora de volver a estar con ella, aunque sea de la misma manera de hoy. Con eso me conformo… de momento . Aunque no debería tener esos pensamientos. No es profesional, no es sensato y, aun así, ahí estoy, esperando que mañana me mire de otra forma.