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OLIVIA
De momento estoy muy contenta en esta empresa; apenas he visto al señor Millán en estos tres meses que llevo.
Él no suele estar todo el día en la oficina, pero cuando está, se hace notar.
Hoy está por aquí, lo sé porque ya le he escuchado hablar: tiene el tono de voz muy alto y desde luego no pasa desapercibido.
De repente, se abre la puerta de mi despacho y aparece él, con su respiración agitada, como si hubiera subido los nueve pisos a pie; algo que no termino de creer, pero que refuerza esa imagen suya algo descuidada.
—Olivia, buenos días. Cuando termines lo que estás haciendo, quiero que vengas a mi despacho —ordena, asomándose un poco y cerrando de nuevo la puerta al terminar de decirlo.
No entiendo por qué me habla como si yo fuera su hija. Ni siquiera me ha dejado saludarle. Termino de contestar a un correo electrónico que tenía por la mitad y me acerco a su despacho.
—¿Quería verme, señor Millán? —pregunto sin darle los buenos días; lo siento, soy así, ya ha perdido su oportunidad al irse de mi despacho así de rápido.
—Sí, pasa, siéntate. Y, por favor, tutéame. —Hace un gesto con la mano señalando una silla—. Tengo algo que proponerte.
—Usted dirá. —Por más que insista, no pienso tutearle; sigo teniendo claro que eso va a mantenerle a distancia . E s una barrera pequeña, pero necesaria.
—Sé que llevas poco tiempo, pero yo tengo un sexto sentido para las personas y me dice que tú estás hecha para esto.
Tus propuestas han sido excelentes; es más, me gusta mucho tu punto de vista y la percepción que tenéis las mujeres sobre muchas cosas que algunos hombres no tenemos, por ejemplo, lo que es romántico o no lo es.
Yo hace tiempo que dejé los romanticismos a un lado, pero esa forma tuya de enfocar los viajes de luna de miel me ha hecho replantearme ciertas cosas.
—Hace una pausa y continúa—: ¿Sabes lo que son los fam trips ?
—Al ver mi cara comprende que no tengo ni idea—.
En español sería algo así como viajes de familiarización.
Son viajes de cortesía que se ofrecen a periodistas, operadores turísticos o agencias de viajes para que puedan vivir la experiencia de un destino o un establecimiento turístico en primera persona.
—No tenía ni idea, pero suena bien. —Intento que no se me note la mezcla de curiosidad y alerta que me recorre el cuerpo.
—El objetivo es lograr un mejor conocimiento del producto y una relación más cercana, mejorando la comercialización a futuro —sigue explicando—.
Me ofrecen uno de estos viajes y quiero que me acompañes a un hotel en Tenerife para aprender el trabajo de campo.
Solo serán dos días y te aseguro que aprenderás mucho.
Todos los gastos correrán a cuenta de la empresa y, aparte, recibirás un plus en tu nómina. ¿Algún inconveniente?
—No, no, ninguno —contesto rápidamente, sin plantearme lo que supondrá estar con él lejos de casa.
—De acuerdo, mañana Salomé te dará toda la información sobre los vuelos cuando haya reservado los billetes.
Me despido y regreso a mi despacho con el corazón a mil.
Sé que puede ser una oportunidad para aprender muchas más cosas sobre este negocio, además de salir por primera vez de esta isla, algo que siempre he querido hacer aunque nunca lo haya dicho en voz alta; aunque sospecho que las intenciones de mi jefe no son solo laborales. Aun así, sabré lidiar con ello.
Enciendo el ordenador para revisar el correo, pero termino abriendo una pestaña nueva.
Llevo días con esta idea rondándome y hoy no quiero seguir evitándola.
Tecleo «hombres alemanes apellido Klein» y me quedo quieta, mirando cómo aparecen cientos de resultados.
Me late el corazón más rápido de lo normal.
No sé qué espero encontrar ni por dónde debería empezar, pero necesito intentarlo.
Tras un rato de búsqueda infructuosa, cierro la pestaña antes de que alguien pueda asomarse por la puerta, pero la sensación no desaparece. Hoy he empezado algo que llevaba demasiado tiempo callando.
Cuando llego a casa y le cuento a mi abuela lo del viaje, su primera reacción es negativa; le preocupa que me vaya tan lejos y que monte en avión.
Pero al final consigo convencerla de que va a ser una oportunidad buenísima para prosperar dentro de ese negocio, aparte del aumento que tendrá la nómina para el mes siguiente.
Al hablar por teléfono con mi amiga Carla, no dejo de reír.
Ya me ha contado, con todo lujo de detalles, el momento en el que el Sapo Verde me va a cortejar y dice que le voy a dar con la puerta en todas las ancas.
Casi estoy llorando de la risa. Por más que le aseguro que ese hombre no ha intentado propasarse, insiste en que en Tenerife, los dos solos…
Prefiero no hacerle caso, porque al final me va a quitar toda la ilusión que tengo por hacer ese viaje.
También me deja caer que ha conocido a un chico de Tenerife en un bar, que ha venido a pasar unos días y que han quedado en verse en un rato. Le digo que tenga cuidado y que se lo pase bien, y me recrimina burlona que me parezco a su madre; algo que, viniendo de ella, sé que es casi un cumplido.