Proyecto Luna de Miel 3
10%

3

OLIVIA

Hoy me he despertado con esa misma idea rondándome la cabeza.

No sé qué haré con ella, pero ya no puedo ignorarla.

Creo que debo averiguar algo sobre mi padre.

Mientras desayuno, suena mi teléfono. Me acerco hasta el sofá para cogerlo y veo en la pantalla un número desconocido que no tengo guardado, de esos que te hacen dudar si contestar o dejarlo sonar.

—¿Sí? —pregunto con cautela.

—Buenos días, ¿es usted la señorita Klein? —quieren saber al otro lado de la línea.

—Sí, soy yo.

—Soy Salomé y le llamo de la empresa GranCanTour.

—Hace una pausa y mi mente vuela rápidamente hasta un par de días atrás—.

Ha sido seleccionada entre varios candidatos para un puesto de comercial.

Si todavía está interesada, le agradecería que viniera para contarle más detalles sobre el trabajo y firmar el contrato de prueba.

—Sí, claro, sigo interesada. —Me acabo de poner muy nerviosa, tanto que noto cómo se me acelera el pulso sin poder evitarlo—. Dígame día y hora, y allí estaré.

Antes de colgar, concreto la cita para el día siguiente a las diez de la mañana.

Mi abuela, que ha escuchado toda la conversación, me mira con una seguridad que yo aún no tengo y nos abrazamos .

Ella aprieta fuerte, yo respiro hondo para no dejar que se me note el temblo r .

Su abrazo es firme, seguro, como si intentara transmitirme una confianza que a mí aún me falta .

Ojalá yo pudiera sostener esa seguridad sin que me temblaran las dudas por dentro.

—¿Ves? Si es que estaba claro —dice con una sonrisa orgullosa.

Yo sonrío también, pero por dentro tengo una mezcla de ilusión y miedo . No tanto por el trabajo, sino por lo que pueda venir con él. Las cosas buenas siempre parecen traer una sombra detrás.

Por la tarde he quedado con Carla; tarde o temprano tenía que enterarse de que me han llamado de esa empresa, así que decido no demorarlo más. No quiero que se entere por otra persona, ni que piense que se lo he ocultado, porque con ella nunca he necesitado esconder nada.

Después de contárselo, me felicita con sinceridad; sé que de verdad se alegra por mí, y eso hace que me sienta un poco menos culpable.

—Aunque no te voy a negar que creía que ese puesto iba a ser para mí, sobre todo por cómo me miraba el escote el Sapo Verde…

Pero veo que esos bonitos ojos azules tuyos pueden con mi voluminosa delantera.

—Su comentario me hace reír. Carla siempre sabe sacarle el lado cómico a las cosas, por muy torcidas que se presenten.

—Tal vez en unos días necesiten a otra —comento, levantando la mano para llamar la atención del camarero.

—¿Eso quiere decir que vas a renunciar? —pregunta, mirándome con extrañeza.

—No, simplemente… no sé si es el trabajo de mis sueños, ni si estoy preparada para lo que pueda venir con él.

—¡No sabes cuántos matarían por trabajar en GranCanTour! Acuérdate de todas las referencias buenas que leímos en Internet mientras buscábamos información para la entrevista.

—Sí, bueno, eso sí, pero no sé… nunca se sabe cómo terminaré.

—Pues bajo tierra, ¡como todos! —Se ríe y me contagia la risa a mí también . Con Carla, hasta los finales suenan menos dramáticos.

El camarero se acerca y pedimos algo de beber. Durante unos segundos, me quedo mirando la mesa mientras juego con la servilleta entre los dedos , doblándola una y otra vez sin darme cuenta. Mañana puede ser el principio de algo importante… o solo otro trabajo más en mi lista.

—Oye —dice Carla, inclinándose un poco hacia mí—, ahora en serio. Esto es una oportunidad de las buenas, así que no la desaproveches por darle demasiadas vueltas.

—Lo sé… —respondo bajito.

Lo sé, pero también sé que nada en mi vida ha sido fácil, y me cuesta creer que esto vaya a ser diferente.

Salimos del bar al cabo de un rato. El sol empieza a bajar y el aire ya no es tan caliente. Caminamos juntas un tramo en silencio, algo poco habitual en nosotras. Cada una va metida en sus pensamientos, aunque ninguna lo diga en voz alta.

—Mañana me cuentas todo —dice antes de despedirse.

—Claro.

La veo alejarse y, por un momento, me gustaría que todo siguiera igual, sin cambios ni decisiones importantes. Pero sé que eso no va a pasar.

De camino a casa, intento imaginar cómo será trabajar allí, cómo será volver a ver al señor Millán… Y no puedo evitar notar un pequeño nudo en el estómago.