CAPÍTULO 17
A buenas horas, mangas verdes
MARTES. Ocho y cuarto de la tarde. Hemos cerrado el local hace quince minutos.
Carmelo el gato del callejón ya ha comido. Las plantas están regadas. La caja está cuadrada. Los perros de hotel duermen en la zona de atrás. Yo he sacado tres cañas frías de la nevera y una bolsa de patatas Lay's onduladas, las del clásico de tapa con sal. Las he puesto en el mostrador.
—Cari —dice Toni, levantando la cerveza—. Cari, cuenta.
—¿Que cuente qué?
—Cari, no me hagas esto. Cari, llevas tiempo con cara de novela rosa, no me hagas esto, suelta.
La Moni está apoyada en el mostrador con la suya. Mira al Toni. Me mira a mí. No dice nada. La Moni cuando le interesa de verdad un tema es cuando no dice nada.
—Vale. Parece que me hueles.
—Lo hago, soy una perra.
—Pues nada, llevo tiempo quedando con Víctor y muy bien. El otro día le invité a cenar a casa.
—Cari.
—Hice risotto.
—Cari, ¿hiciste risotto? ¿Tú? ¿Risotto?
—De YouTube.
—Ya. Y.
—Y nos sentamos en el sofá después.
—Y.
—Y… me besó.
Silencio.
Silencio absoluto.
El Toni se queda con la caña en el aire a medio camino. La Moni levanta la mirada del mostrador. Carmelo el gato, que se ha colado por debajo de la persiana porque ya nos ha cogido el truco, se ha quedado a mitad de andar por el suelo como si esperase confirmación.
—Cari.
—¿Qué?
—La Toni se va a marear. Cari, repítemelo.
—Que me besó, Toni, joder.
—Cari. Cari. Cari. Cari.
Y el Toni se sube al sillón coñac de la espera. Literal. Se sube. Con los zapatos italianos. Con los pantalones de pinza. Se sube y empieza a dar saltitos como una drag queen en una corona.
—¡La Toni lo dijo! Ese tío folla bien seguro
—Toni, pero solo me besó. Lo otro ha pasado hace un par de días.
—Cari, me lo estás contando ahora puto mismo.
—Pues pasó lo que tenía que pasar.
—Qué no te hagas de rogar.
Se baja. Se recoloca los pantalones. Se sienta encima del sillón ahora normal. Bebe un trago largo de cerveza.
—Cari. Cuéntame todo. Cómo fue.
—Chica que esas cosas no se cuentan.
—Cari, esto es información clínica. Yo lo necesito para diagnosticar.
—Despacio, bonito. Él es un romántico. Y no toma pastilla azul por si te lo estás preguntando.
—Cari, eso es un hombre que sabe. Y yo no me hago esas preguntas porque la Toni tiene mucho mundo vamos a ver. Que yo me he pasado el juego del Grindr.
—Toni, joder.
—La Toni habla con conocimiento.
Yo me río. La Moni también se ríe pero más bajito. Se ríe como ríe ella, sin enseñar dientes, casi solo el cuerpo.
—¿Y? —dice el Toni—. ¿Hubo oral?
—No.
—Cari, ¿no?
—No. No surgió el momento.
—¿Que eres una princesa ahora, cariño? ¿Lesbiana y de genero mobiliario? No hay buena mamada sin arcada.
—Toni, no me jodas.
—Eso es un hombre que te respeta y que tiene paciencia. Y a esa combinación, cari, le llamamos hombre adulto . Te ha tocado un hombre adulto, Jessi. Eso es lo más raro que te va a tocar nunca. Más raro que la herencia.
La Moni levanta la vista del mostrador.
—Más raro que la herencia no, Toni —dice.
—Cari, era una imagen.
—Vale.
El Toni le da un trago a la caña. Yo le doy otro a la mía. La Moni juega con la pestaña del lado de su lata. La Moni va a hablar. Lo sé porque la conozco. Estoy esperando.
—Jessi.
—¿Qué, Moni?
—Me alegro mucho.
—Gracias.
—Y te voy a hacer una pregunta. Pero no te enfades.
—Dime.
—¿Tú estás bien con que sea tan mayor?
—Sí.
—Vale.
—¿Por?
—Por nada. Por… por preguntarte. Tú vas a cumplir treinta y seis este año.
Él tiene cincuenta y siete. Si esto funciona, si esto sale bien, si esto va a algún sitio, dentro de diez años tú vas a tener cuarenta y cinco y él va a tener sesenta y siete.
Es lo que es. No es una crítica. Es solo…
que pienses. Que sepas dónde te estás metiendo.
Yo asiento.
—Lo sé, Moni.
—Vale.
—Lo he pensado.
—¿Y aún así?.
—Y aún así.
—Vale. Pues nada que decir.
La Moni asiente. Da otro trago. No dice nada más. Pero ya lo ha dicho. Ya lo ha dejado caer. La Moni siempre deja caer las cosas con un peso justo. Sin que sangre. Pero sangrando.
El Toni mira a la Moni. La Moni le mira a él.
—Cari —dice Toni a la Moni—, ¿tú no apoyas a la Jessi?
—Yo le apoyo con todas las fuerzas del mundo. Por eso le pregunto.
—Vale. Por eso, vale.
Pausa.
—Y —sigue el Toni, ya con voz más baja, mirándome a mí ahora, no a la Moni—. Cari, otra cosa.
—¿Qué?
—Cari, la hija.
Yo trago.
—Sí.
—Cari, ¿te ha hablado más?
—Poco. Algo. Lo justo. No me enseña fotos. Dice que todavía no puede mirarlas.
—Cari, vale.
—Vale, qué.
—Cari, eso es de un señor que está roto. Eso es real. Eso, cari, la Toni te lo dice, eso no es teatro. Yo conozco a la gente cuando hace teatro con el duelo. Y este señor no está haciendo teatro.
—Ya, pero me raya.
Bebo. Bebemos. Comemos patatas. Carmelo el gato se sube al mostrador y la Moni le hace una caricia. Carmelo decide que esta noche pertenece a la Moni y se sienta a su lado.
A las nueve nos vamos. Yo cierro. La Moni se va al Cercanías porque ya es miércoles mañana otra vez y el Izan está con la abuela. El Toni se va a su piso de Lavapiés. Antes de irse me da un abrazo.
—Cari.
—Toni.
—Cari, esto es bonito. Disfrútalo.
—Vale.
—Y la Toni opina que sí.
—Vale, mi amor.
—La Toni opina que sí. ¿Lo has anotado?
—Lo he anotado.
—Anótalo bien. Te como las mierdas mi puta.
Se va.
Yo me quedo un momento delante de la persiana bajada del local. Con Nala en brazos.
La Toni opina que sí.
La Moni opina que con prudencia.
Y yo opino lo que opina Nala, que es que ese señor le huele bien y que no es como los otros. Y los otros gruñen y este no. Y Nala no se equivoca.
Camino hacia Chamberí.
En el bolso, el móvil. En el móvil, un mensaje de Víctor de hace una hora.
Jessica. ¿Te apetece pasar el sábado entero juntos? Comemos en casa. Vienes con Nala. Hada y Boris ya están firmando peticiones para volver a ver a tu Nala. Si te viene bien, te recojo a mediodía. V.
Yo me río sola en la calle. Como una idiota. Otra vez como una idiota.
—¿Has oído, gorda? —le digo a Nala—. Hada y Boris piden firmas.
Nala mueve el rabo. Le ha entendido. La perra le ha entendido.
Y por dentro me sale una cosa.
—Tu madre se va el sábado a Somosaguas, Nala.
A Somosaguas.
A su casa.
Yo respiro hondo.
Saco el móvil.
Le contesto que sí.
Olé mi chocho.