16. ASESINOS
ASESINOS
No respondí de inmediato. ¿Cómo iba a hacerlo? Me esperaba alguna broma. Algún robo y algo de espionaje por encargo para pagar el rifle antitanque de los sueños de Brick. Pero no esto… esto…
—¡Es una locura! —exclamé—. No sois asesinos. No sois sicarios. Sois cazadores de monstruos. ¿Qué se os ha metido en la cabeza para aceptar un trabajo así? ¿Por qué, por la Luz Sagrada, os lo han encargado a vosotros?
—El Kan Oscuro es un ogro —explicó Tom, esbozando una media sonrisa descarada para tratar de aplacar mi enfado—. En esencia, es un monstruo. Solo que uno muy listo.
—Es un ser consciente. Es inteligente. Y es el líder de una horda de ogros que vienen de camino para firmar un tratado con Hope City. ¡Nuestra ciudad! ¿No habéis pensado en lo que su muerte podría suponer para nuestro hogar?
Por sus miradas, Alex y Tom sí lo habían pensado, mientras que a Brick y a Gibbs ni siquiera se les había pasado por la cabeza.
—Por no mencionar —continué— que es un muro de músculo negro y muerte de más de cuatro metros de altura. No creo que ni siquiera Brick pudiera con él.
—¡Claro que puedo! —insistió Brick—. No es para tanto. ¿Martillo contra martillo? Puedo con él.
Ni siquiera me digné a fulminarlo con una mirada de reproche.
Di un paso amenazador hacia Tom. Él retrocedió, palideciendo al verme acercarme. Aunque era más alto que yo, ahora parecía que la más alta era yo.
—Pero, sobre todo… esta es nuestra ciudad. Sé que no somos patriotas. No vamos a sacrificarnos en la Línea de los Tres Puntos ni a presentarnos a las elecciones del Consejo. Pero poner en peligro el tratado…
Negué con la cabeza.
—¿En qué estabais pensando?
Tom intentó mirarme a los ojos, pero acabó bajando la cabeza.
Miré por encima de su hombro a los demás miembros de El Reckoning. También quería gritarles a ellos. Pero no tenía derecho. Tom debería haber confiado en mí. No debería haberme mentido. Y esperaba más de él.
Con un tono más suave, que delataba mejor la tristeza que sentía que la ira con la que intentaba protegerme, me dirigí a Alex.
—Me esperaba algo así de Brick y Gibbs. Pero no de ti y de Tom. ¿Por qué?
Alex parecía a punto de hablar. Tom se volvió hacia él y Alex cerró la boca. Sin decir palabra, el resto de El Reckoning salió de la habitación en fila.
Tom esperó a que todos se marcharan antes de volverse de nuevo hacia mí.
—Lo siento, Cins.
Le di un empujón. No muy fuerte. Pero sí lo bastante para que mi chispa me reprendiera por mostrar tanta agresividad hacia alguien a quien amaba. Y, por desgracia, aún lo amaba. Incluso después de esto.
—Me lo merezco —dijo—. Y mucho más. Pero, por favor, escúchame.
Me crucé de brazos, convirtiendo toda mi tristeza y mi dolor en ira y reproche. Tamborileé con el pie, impaciente.
—Sabemos que es peligroso. Y sé que está mal. Vamos a intentar hacer el trabajo de forma que los ogros no culpen a Hope City.
—¿Por qué aceptar el trabajo? ¿Por qué correr el riesgo?
Negó con la cabeza, como si dudara de sí mismo. Pero entonces apretó los puños.
—Por el dinero. Así de sencillo. Es demasiado como para rechazarlo. Incluso repartido entre todos, es más de lo que ganaríamos nunca malviviendo de cazar las bestias que Conrad nos pone por delante.
—Ganamos un buen dinero, Tom. Más que la mayoría. Sobrevivimos.
Volvió a negar con la cabeza.
—No es suficiente. Cada cacería es un riesgo más. Cualquiera de nosotros podría morir. ¡Grietas, Cins! Tú podrías morir. Yo… no puedo permitir que eso ocurra. Ya no.
—¿Así que vais a arriesgarlo todo enfrentándoos a un señor de la guerra ogro indestructible para no tener que volver a correr riesgos? ¡Una lógica impecable!
Percibió mi sarcasmo, pero decidió ignorarlo. Asintió. Resuelto. Había tomado una decisión. Y vi en sus ojos que nada de lo que dijera conseguiría hacerle cambiar de opinión.
Dio un paso hacia mí y me acarició la mejilla con la mano. No me aparté. Su contacto significaba demasiado para mí. Pero aun así intenté parecer todo lo enfadada que pude.
—Quiero una vida contigo, Cindy Giles. Quiero que no tengamos que preocuparnos por el dinero ni por la caza. Una vida en la que podamos sentar la cabeza y ser felices. Para siempre.
—La vida no funciona así, Tom. Y eso no es lo que quieres. Solo te sientes realmente vivo cuando estás de caza. ¡Grietas! A mí me pasa lo mismo. Renuncié a una vida cómoda como sanadora para cazar monstruos. No quiero volver atrás.
El ceño fruncido se le marcó en la frente, enmarcada por el rojo encendido de su pelo y su barba.
Alzó una mano entre ambos. Su piel era sólida ahora. Ya no tenía la translucidez fantasmal de antes.
—Mi capacidad para caminar por el vacío…
—vaciló, pero entonces me miró a los ojos—.
Mi capacidad para caminar por el vacío está fallando.
Empieza a abandonarme. Y no sé cuánto podré seguir antes de que ese truco de convertirme en fantasma se vuelva permanente. Antes de que El Intermedio me deshaga.
El corazón me dio un vuelco y, al mismo tiempo, quise pegarle por seguir caminando por el vacío y abrazarlo con tanta fuerza que no pudiera marcharse.
—¡Pues no camines por el vacío! —repliqué—. No lo necesitas. Tienes tu fuego. Es lo único que has necesitado jamás. No hace falta que saltes al vacío para ser un buen cazador. ¡Ya lo eres!
Me dedicó una débil sonrisa.
—Lo necesito para este trabajo. Y después se acabó. Luego podremos hacer lo que queramos. Llevar una vida tranquila, sin riesgos. Sin la posibilidad de perderte.
Noté que se me llenaban los ojos de lágrimas.
—Yo solo te quiero a ti. Solo quiero que cacemos juntos. Es lo único que he querido siempre.
Me rodeó con los brazos y me estrechó con fuerza. Sentí un escalofrío cuando las lágrimas me cayeron de los ojos y sisearon al tocar su abrigo de salamandra. Pero no sollocé ni rompí a llorar. Dejé que me abrazara y disfruté del aroma a leña quemada que se mezclaba con su colonia.
Sabía que no podía hacerle cambiar de opinión. Iba a hacerlo. Conmigo o sin mí. Todos iban a hacerlo. Menudos idiotas.
Suspiré y retrocedí cuando me soltó.
—¿Qué estaba haciendo Brick en el despacho del maestre del capítulo?
¡Grietas! ¿Qué estaba haciendo yo?
—El Kan Oscuro enfermó hace unos años. Lo encubrieron, pero estamos seguros de que contrató a Heiligslicht para que lo curara.
Y, siendo la Orden los buenos alemanes que son, sabemos que guardan informes sobre él.
Quizá haya algo que indique una debilidad.
Porque, pese a las estúpidas bravatas de Brick, no sabemos cómo vamos a matarlo.
Mi chispa vibró y zumbó. Prácticamente me gritaba a su delicada manera. Aquello no estaba bien. Era engañoso. Ruin. Carente de escrúpulos. El Kan Oscuro no era nuestro enemigo, pese a su aterrador apodo.
Pero sabía que Tom y los demás iban a hacerlo. Conmigo o sin mí.
—Puedo entrar en el recinto caminando por el vacío si hace falta —explicó Tom—. Solo… no nos delates, por favor…
—¡Calla! No seas idiota. Ya conoces el código. Aunque estés haciendo el imbécil, no se lo contaré a nadie.
Me mordí el labio e ignoré las protestas de mi chispa. Sabía que no podía detenerlos. Y sabía que, si los dejaba a su aire, los atraparían. Los detendrían. ¡Dioses! Podían matarlos.
No podía correr ese riesgo. Aunque fueran unos imbéciles, eran mis amigos. Tom era…
Inspiré hondo y acallé las protestas de mi chispa.
—Si todos vais a hacer el idiota —dije, sintiendo que cruzaba el Rubicón—, supongo que yo también podría hacerlo a vuestro lado. Al fin y al cabo, soy miembro de El Reckoning.
Mi chispa enmudeció. Sabía tan bien como yo que ya no había vuelta atrás. A todos los efectos, ahora era cómplice.