Protector Puro (Serie Kat Drummond 20, Cindy Giles 2) 12. GLITCH #2
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12. GLITCH #2

—Me hace mucha ilusión que nazca mi hija —anunció, aunque con mucha más seriedad que su habitual entusiasmo paternal—.

Pero no puedo evitar tener miedo por ella.

Por este mundo al que vamos a traerla. Ya era bastante malo antes de que aparecieran la magia y los monstruos.

¿Pero ahora? Todos los días vemos las cosas más horribles que este mundo puede ofrecer.

¿Y quiero traer a alguien nuevo a este mundo para que se enfrente a ellas?

Las arrugas de su sonrisa dieron paso a un ceño fruncido.

—¿Estoy cometiendo un error? ¿Estoy siendo egoísta? Traer una criatura a un mundo tan lleno de horrores…

No respondí de inmediato. Dejé que el silencio perdurara antes de volverme hacia él. Le dediqué una pequeña sonrisa tranquilizadora.

—La vida es un regalo, detective. Aunque haya atrocidades en el mundo, aunque exista el mal, sigue siendo mejor que no haber existido jamás. Una historia triste siempre es mejor que la ausencia de historia.

Pareció tan sorprendido por mi explicación como yo misma. Le di unas palmaditas en el hombro.

—Además, sé que será un buen padre. Eso bastará.

Sonrió con sinceridad mientras yo oía el familiar traqueteo de un Golf vetusto que entraba a duras penas en el callejón.

Conrad salió del coche y soltó un hondo suspiro.

—Bueno, ya iba siendo hora de confesarlo todo. Debería haber sabido que esto no duraría para siempre.

Sabía que el detective solo podía referirse a un amigo común, pero aun así me sorprendió ver allí a Conrad.

Richard dio un paso adelante y se colocó junto a Conrad. Incluso entonces, ambos parecían reacios a contarme qué era aquello que los tenía tan paranoicos. Pero Conrad hizo acopio de valor, cerró los puños y habló.

—Los dos somos miembros de una sociedad secreta dedicada a defender la libertad de Hope City.

—Nos llamamos la Liga Glitch —añadió Richard.

—Un glitch en el sistema capaz de desbaratarlo todo. Un glitch contra la tiranía, la invasión y el caos —continuó Conrad.

—Entonces, ¿eres una especie de espía? —pregunté. Mi suposición sobre James Bond había dado demasiado en el clavo—. Eso explica las desapariciones, los tiroteos que oía por teléfono y aquel ninja que había en tu despacho el año pasado.

Conrad asintió. Parecía un tanto avergonzado. Culpable por habérmelo ocultado, quizá. ¿O era esperar demasiado del señor Khoi?

—Nuestros enemigos son cada vez más agresivos y están más desesperados —explicó Richard—.

Con el tratado entre el Kan Oscuro y el Presidente en el horizonte, Hope City se tambalea al borde de la estabilidad o la muerte.

Nosotros sabemos, y ellos también, que este tratado podría salvar nuestra república o acabar con ella.

—¿Quiénes? ¿Qué enemigos?

Richard y Conrad intercambiaron una mirada.

—En realidad, no estamos seguros. Facciones de Goldfield, del Imperio, quizá incluso del Uberkaiser. Saben cubrir bien sus huellas.

—¿Estáis seguros de que siquiera existen? —pregunté, un tanto enfadada porque Conrad no me hubiera contado aquello antes. ¿Lo sabía Tom? No. Me lo habría contado. Nosotros no nos ocultábamos nada.

—Es algo organizado —explicó Richard—. Los ataques, el sabotaje… Todo apunta a una conspiración mayor que incluso ha infestado puestos del Consejo.

—Esos misteriosos tiroteos —añadió Conrad—. Todos son contra el mismo enemigo. Fanáticos y profesionales. El mismo modus operandi , y todos actúan contra miembros de la Liga del Glitch. Con demasiada constancia para ser una coincidencia.

Chasqueé la lengua.

—Esto apesta a política. No me interesan las luchas de poder, los tratados ni las conspiraciones. Solo quiero liberar a mi amigo y vengar a una compañera purificadora.

—Lesley era miembro de la Liga —respondió Richard, dejándome muda—. Y… una buena amiga.

Había auténtica tristeza en sus palabras. Para ser detective y miembro de una sociedad secreta, Richard era un libro abierto.

—Todas esas muertes misteriosas eran de miembros de la Liga —continuó—.

Así que, aunque AIU y la policía las declararon accidentes, yo seguí investigando.

Lesley dijo que investigaría Heiligslicht.

Nos había estado proporcionando información sobre el creciente acercamiento de Heiligslicht al Uberkaiser en Alemania.

Aquellos acontecimientos la asustaban, pero aparcó el asunto para averiguar qué podía descubrir sobre las víctimas. Eso fue el día antes de morir.

—¿Cree que Heiligslicht podría estar implicada? ¡No puede ser!

¿Cómo iba a ser posible? Heiligslicht era estirada. Se creía moralmente superior. A veces era arrogante. Pero era una buena organización, consagrada a la sanación de enfermos y heridos. Era mi familia, aunque yo la hubiese dejado por otra.

¿Eran capaces de matar a los suyos?

—Heiligslicht es el principal proveedor de asistencia sanitaria de casi toda la ciudad —argumentó Richard—.

Por no hablar de que es la mayor fuente de exorcistas, matademonios y materiales de purificación.

Todo eso es bueno, pero imagine el peligro si se politizara.

Si se convirtiera en cliente de un Estado rival.

No discutí. No sabía qué creer.

—Heiligslicht representará un posible peligro si se alía con el Uberkaiser —continuó Conrad—. Pero no creo que mataran a Lesley.

Abrí mucho los ojos al darme cuenta de algo.

—Van a por los miembros de la Liga. ¿Vas a estar bien?

Conrad sonrió para tranquilizarme.

—Hará falta mucho para acabar con este viejo dinosaurio, créeme.

Por algún motivo, lo creí.

—AIU no está investigando estos casos —explicó Richard—. Tal vez hacer pública la muerte de Lesley impulsaría a AIU a investigar, pero, si nuestros enemigos controlan a alguien del departamento de policía, sabotearán la investigación.

—Entonces, ¿depende de mí? —aventuré.

Ambos asintieron. Suspiré.

—Puedes hacerlo, Cins. Estamos aquí para ayudarte. —Conrad no tenía aquel aire de suficiencia. Parecía sincero.

—Es nuestra mejor baza para detener a este asesino, señorita Giles —añadió Richard—. Ya tiene un pie dentro de Heiligslicht y no está en el radar del enemigo.

Rebuscó en el bolsillo, sacó una hoja escrita a mano y me la entregó. Una lista de nombres. El de Lesley era el último.

—Averigua qué les ocurrió. Y acaba con esos cabrones.