CAPÍTULO 37
«Me casé con un hombre que mata al padrino. Y yo no huí. Yo lo recibí.»
Valentina MORETTI
Me despertó a las seis de la mañana.
—Bella mia. Ven conmigo.
Lo seguí al despacho, todavía en camisón. Encendió la luz tenue de la lámpara, y se sentó en el sillón de la ventana, el mismo sillón de la carta de mamá, atrayéndome para sentarme en su regazo.
—Te voy a contar una cosa.
—¿Hoy?
—Ahora.
Lo contó.
Carlo Acquaviva. Padrino de Raffaele junto con Salvatore en 1992.
Había sido reclutado por Bianca en algún momento de 2018 —Bianca, que se acostaba con Salvatore desde 2016 y con Luca en paralelo.
Salvatore le había ofrecido la casa Rossi si Luca caía.
Veinticinco por ciento. La traición estaba plantada en la casa Moretti desde hacía siete años.
La confirmación había llegado la noche anterior. Tres hombres de Salvatore en Pozzuoli, esperando un cargamento en Bagnoli que no existía.
Me quedé paralizada, sentí la sangre hervir y helarse al mismo tiempo.
—Esta noche —dijo Luca, bajo.
—¿Aquí en casa?
—En el sótano.
Tragué saliva.
—¿Quieres que me vaya?
—No.
—Va bene.
—Bella mia. —Me giró en su regazo, la mano abierta en mi cara—. No bajes al sótano, pero quédate en casa.
Apoyé la frente en la suya.
Pensé en todo lo que mi vida había sido hasta los veintidós años.
Convento. La Sorbona que no fue. Bolonia que no fue. Una niña criada para rezar en silencio, con una daga en la bota.
Y pensé en la mujer que era ahora, sentada en el regazo del padrone de Posillipo, oyéndolo contarme que iba a matar al padrino de su hermano esa noche.
—No voy a huir de lo que eres, Luca.
Cerró los ojos medio segundo.
—Lo sé, bella mia.
Le besé la cicatriz de la ceja.
La puerta del despacho se abrió sin que llamaran. Era Adelina.
—Luca.
—Sì, nonna.
—Tonio no va a entender cuando se entere. Cuéntaselo tú, no mandes recado.
—Va bene, nonna.
Me miró, apoyando la mano libre en mi hombro.
—Brava, signora.
Salió.
El día se arrastró. Yo toqué el piano. La nonna leyó a Petrarca en el salón verde. Donna Beatrice limpió tres veces la misma mesa de mármol. Toda la casa fingía que era un día normal.
No era.