Prometida al mafioso de Nápoles LUCA MORETTI
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LUCA MORETTI

Raffaele entró en el despacho a las diez de la noche.

Se sentó enfrente del escritorio —mío, ahora, después de doce años— y puso la carpeta en la mesa.

—Padrone.

—Dime.

La abrió.

—Salieron de Palermo a las cuatro y diecisiete de la tarde. Coche alquilado a nombre de una tapadera, tres hombres. Llegaron a Pozzuoli a las diez de la noche, y están en un hotel barato llamado Posillipo, ironía de cazzo, esperando el cargamento del jueves en Bagnoli.

Posé el vaso de whisky en la mesa.

—Confirmado.

—Confirmado, fratellone.

Cuarenta años, Carlo.

Cuarenta años. Yo tenía cuatro años en el funeral de mi abuelo Vito, en 1985. Carlo me tuvo en brazos durante toda la misa, porque mi padre estaba junto al féretro de honor, al lado, y mi madre estaba llorando.

Me acordaba de su americana, me acordaba del olor a naftalina.

Quince años, primera novia, una chica llamada Lorena, del colegio de Sorrento. Escribí cartas. Mi padre lo descubrió, se enfadó. Carlo me cogió las cartas, las leyó, se rio y me las devolvió.

No se lo contó a mi padre. Hay cosas que son solo del chaval, dijo entonces.

Diecinueve años, funeral de mi madre. Cuarenta y tres años, enero de este año, le dije: «Ve a ocuparte de lo de Bianca, Carlo. Termínalo». Se ocupó, llevó a Bianca a un café en Mergellina.

Y ahora…

¿Sucesión, Carlo? ¿Fue sucesión? ¿Querías la casa? ¿Querías el nombre? ¿Fue dinero? ¿Fue Bianca reclutándote en 2018, ella viniendo de Salvatore, y tú fuiste detrás? ¿Fue venganza por algo que hice y no recuerdo?

No iba a preguntar.

—Fratellone. ¿Cuándo?

—Mañana. Convócalo aquí a las ocho de la noche. Dile que es para discutir el plan de Bagnoli. Entra, pero no sale.

—Sì.

—Lo mato yo solo.

—Quiero estar cerca, fratellone. No para hacerlo.

Miré a Raffaele.

—Va bene.

—Valentina…

—Se lo cuento a ella antes.

—Bravo, fratellone.

Salió, y apagué el puro y la luz del despacho, subiendo las escaleras despacio.

Valentina estaba durmiendo. Me senté en el borde de la cama, mirándola.

Mañana, bella mia.