Prometida al mafioso de Nápoles LUCA MORETTI
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LUCA MORETTI

Me fumé el puro solo en la terraza.

Valentina estaba dentro, durmiendo por fin, después de dos horas dando vueltas.

Lo había visto, había esperado a que se quedara quieta antes de salir.

Tonio.

Fue el nombre que entregué. Acquaviva me había dado los tres aquella noche: Tonio, Donna Beatrice, Enzo.

El chófer de veinte años. El ama de llaves de treinta y dos. Un soldado nuevo de ocho meses.

Me saqué el puro de la boca y miré la brasa.

Tonio condujo el coche de mi padre durante doce años antes de conducir el mío. Tonio me llevó en el maletero en 2009 cuando recibí un tiro en las costillas y tuve que salir de Roma a escondidas. Tonio cuidó de Adelina durante seis años en Capri. Tonio no es el traidor de mi casa.

Donna Beatrice crió a Raffaele después de que muriera mamma. Donna Beatrice escondía una Beretta en el delantal porque mi padre le pidió que la escondiera, en 1994. Donna Beatrice no ha vendido a nadie en su vida y no va a empezar ahora.

Enzo era un soldado nuevo. Buen chico, de Salerno, recomendación de la familia Romano. Llevaba ocho meses en la casa, no tenía acceso a nada relevante.

Los tres nombres de Acquaviva no tenían sentido.

Carlo.

Carlo Acquaviva, sesenta años. Consigliere de mi familia desde mi padre. Cuarenta años conmigo, contando mis diecinueve. Padrino de Raffaele junto con Salvatore. Padrino de bautismo de mi hijo, si llego a tener uno.

¿Fuiste tú?

Todavía no tenía pruebas, pero tenía cuarenta años de hombre dentro de mí que sabían leer a otro hombre. Y Carlo, al teléfono aquella noche, había intentado meterme prisa de una manera que nunca había hecho en veinte años.

Apagué el puro en la piedra, sacando el móvil del bolsillo del albornoz, marcando a Raffaele.

—Pronto —contestó a la segunda llamada.

—Fratellino.

—Padrone.

—Vuelve a Posillipo. Mañana.

—Sì.

—No se lo digas a nadie.

—Capisco.

—En dos días llego. Me esperas en el despacho de papà. Solo.

—Sì, padrone.

Colgué y miré el mar Tirreno.

Cuarenta años, Carlo. Yo no quería, fuiste tú quien quiso…