Capítulo 7 #2
—Una palabra dada bajo presión no puede obligarte a aceptarlo. Ya puedo ver lo que sucedió para que Harrowmere se haya convertido en tu prometido.
—Dudo mucho que te imagines cómo fue todo aquello. —No le diría lo degradante y escabroso que resultó ese episodio.
—Padre le debía más dinero al Conde Oscuro que a Ashwick. ¿Me equivoco, hermana? —le preguntó llena de seguridad.
—Está bien, no has errado, pero acepté y no puedo dar marcha atrás.
—Sí que puedes y lo harás.
—Oh, no, Cecily. Me conoces bien, si hubiese un modo de salir de todo este entuerto, ya lo hubiese encontrado.
La alternativa a acabar unida al Conde Oscuro es peor de lo que llegarías a suponer.
—No debía decirle lo que su padre estaba dispuesto a empeñar para saldar sus deudas.
Aurelia tenía el presentimiento de que, aunque su prometido le había fallado y probablemente lo seguiría haciendo, era una alternativa más digna que continuar bajo el control de Westcott.
Ella había elegido el mal que se apreciaba menos severo—.
Además, te aseguro que en el mundo de Harrowmere, dar tu palabra de honor es vinculante de por vida.
Él no me permitirá salir del trato que he aceptado.
Le di la mano. No fue una cortesía ni una promesa dicha para tranquilizar a una madre junto a una bandeja de limonada.
Fue un trato irrompible. Con él, eso equivale a firmar con el alma misma. No hay vuelta de hoja ya.
—Entonces has hecho un trato con el diablo y no te dejará escapar hagas lo que hagas. ¿Es eso lo que estás diciendo?
Aurelia le sostuvo la mirada y asintió con un golpe seco de la cabeza.
—Así es.
Cecily dio un paso hacia ella.
—No te creo. Rómpelo.
—No puedo.
—Claro que puedes. Eres lady Aurelia Westcott.
Le has plantado cara a nuestro padre toda la vida, has ahuyentado pretendientes, has creado una columna clandestina para que cuatro mujeres sin poder tengan una voz.
No me digas que un hombre vestido de negro va a poder contigo solo porque te haya estrechado la mano.
Aurelia casi sonrió, aunque el gesto murió antes de alcanzar sus labios.
—Ojalá el mundo funcionase de ese modo.
—Nuestro mundo funciona como otros deciden solo porque somos mujeres. Por eso empezamos a escribir, para cambiar el rumbo de nuestros destinos. No puedes rendirte ahora.
—Y por eso mismo debo casarme con él. ¿No crees que si pudiese, habría hecho las cosas de otro modo, Cecily?
Su hermana negó con la cabeza.
—No te entiendo, Aurelia. ¿Por qué has cedido tan rápido?
—Padre le debe dinero. Mucho.
—Nuestro padre no merece más que pudrirse en el infierno. No tienes que salvarlo a él.
—Ya lo sé, pero Harrowmere y yo hemos llegado a un acuerdo que no pude rechazar.
—Padre te ha utilizado como medio de pago. El Conde Oscuro no es digno de ti, Aurelia. Ashwick jamás lo sería, pero el cambio que has hecho no te beneficia en absoluto.
—Ha prometido que podrás vivir conmigo. Te protegerá e impedirá que Westcott pueda hacer contigo lo que ha hecho conmigo. ¿No entiendes que era mi mejor opción? Era la mejor opción para las dos —insistió.
—No necesito que te sacrifiques por mí.
—Tú habrías hecho lo mismo.
Cecily guardó silencio.
Aurelia se acercó a ella con más suavidad.
Había llegado el momento de mentir por omisión, y detestó descubrir lo fácil que podía volverse aquella clase de falsedad cuando servía para proteger a alguien.
No iba a contarle que había ido a casa de Harrowmere y que la habían echado a la calle.
Tampoco pensaba describirle a la señora Vale ni le diría que él había estado ocupado en una importante partida de cartas.
Cecily no debía cargar también con la humillación de saber que el hombre elegido para protegerlas ya había fallado en su primera prueba.
Aquello era la vergüenza de Aurelia. Sería una de las muchas cosas que se guardaría, porque todavía tenía la esperanza de que en verdad Harrowmere pudiese evitar que su hermana corriese el mismo destino que ella.
Valía la pena arriesgarse. Cecily estaría mejor en cualquier otro lugar que implicase tener lejos a Westcott.
—Escúchame, Cecily —le pidió—. Esto no es un compromiso de esos que pueden deshacerse con una conversación altamente incómoda.
Harrowmere no es un caballero cualquiera que busca una esposa bonita para que vaya de su brazo.
Es un hombre de negocios, bastante práctico, por lo que he podido descubrir.
Ha puesto su dinero, su influencia y su palabra sobre la mesa.
Cuando un hombre así se compromete a algo, convierte el acuerdo en una cuestión de orgullo.
Si lo desafiase, padre no sería el único peligro al que yo tendría que enfrentarme.
Ashwick tampoco se retiraría y volvería a la carga, y después de no haberlo elegido esta noche, sería implacable.
Y no voy a permitir que puedas correr algún peligro.
—No se trata de mí, Aurelia. Tú no lo amas. Quiero que seas feliz. Te mereces ser feliz. Siempre has estado a cargo de todo y buscar un buen esposo esta temporada era fundamental.
—Son negocios. Nuestro matrimonio será un simple acuerdo donde yo cumpliré mi parte y él la suya.
Ya lo he avisado de que nunca habrá amor entre nosotros, y se ha visto bastante complacido.
Por supuesto que yo no seré tan tonta como para esperar nada más de él que lo que me ha ofrecido.
Nos protegerá y eso es todo lo que cuenta.
Cecily abrió los ojos.
—¿Sin amor?
—Eso le he dicho. Y te garantizo que he sido muy clara al respecto.
—¿Y aun así se casará contigo? ¿Qué clase de hombre no quiere que su esposa lo ame?
—Creo que, si le hubiese exigido que nos esforzásemos para encontrar el amor, él habría salido corriendo sin mirar atrás. —No mentía.
—Aurelia, ¿qué hay de la felicidad?
—¿Acaso no seremos felices fuera del alcance de nuestro padre? No veo un futuro más prometedor que ese.
—Eso no me tranquiliza en absoluto.
Aurelia le cogió ambas manos. Cecily las tenía bastante frías.
—Harrowmere quiere mis conexiones. Necesita entrar en ciertos círculos que todavía le cierran las puertas.
Yo necesito que mi adorada e insensata hermana esté a salvo.
Es un acuerdo que ha nacido en medio de la humillación y que tiene una lógica horrible, pero es lo más coherente que podemos hacer para tratar de salir adelante.
—Hablas igual que si te hubieras convencido de que eso basta para vivir.
—No sé si basta para vivir. Tal vez solo baste para sobrevivir y me parece aceptable.
Cecily apretó los dedos sobre los suyos.
—No quiero que te limites a sobrevivir. Quiero que seas feliz.
¿No lo entiendes? Tú has soportado más que nadie los desvaríos de Westcott desde que madre murió.
Siempre me has protegido. No quiero que te sacrifiques, hermana.
¿No hay otra salida? ¿De verdad tienes que casarte con él?
¿No puedes romper tu palabra? —le preguntó llena de esperanza.
Aurelia sintió que los ojos volvían a escocerle.
Aquella noche ya había llorado lo suficiente para toda una vida, porque ella jamás lloraba, y aun así la ternura de Cecily le hizo más daño que cualquiera de las crueldades escuchadas en aquel despacho.
Era insoportable que su hermana todavía deseara que encontrase la felicidad cuando el mundo acababa de demostrarle que, incluso la seguridad, tenía un precio muy alto que no podía seguir pagando.
—La felicidad está tan sobrevalorada como el amor.
Ahora mismo solo necesito protección y… tienes que creerme.
He visto a Harrowmere zarandear sin compasión a Ashwick y sin ponerle un solo dedo encima.
Incluso Westcott se erizaba cuando él hablaba.
Su reputación nos beneficiará. Estoy dispuesta a correr el riesgo y necesito que confíes en mí.
—Pero es que yo… —comenzó a explicar.
—Por favor, hermana —la interrumpió—. No hagas que esto sea todavía más duro. Está hecho. Es imposible de deshacer.
Aurelia tiró de ella y volvió a abrazarla, esa vez con menos desesperación y más cuidado. Cecily apoyó la frente en su hombro.
—Creí que podía evitarlo —susurró la menor.
—¿Evitar qué?
—Que Westcott te vendiera.
—Cecily, mírame.
Su hermana obedeció con esfuerzo.
—He conseguido sacar el mejor provecho de mi situación.
El Conde Oscuro no sabe dónde se ha metido, porque, si bien lo he avisado de que no habría amor, no le prometí que me comportaría como una esposa sumisa.
Si Westcott no logró doblegarme a pesar de que yo sabía que él se jugaba mi futuro cada vez que apostaba y perdía, ¿cómo crees que mi esposo podrá conseguirlo?
—¿Y si te hace daño?
—Entonces tendrá que lidiar conmigo, porque no me quedaré de brazos cruzados.
—¿Es violento? No he escuchado nunca que le haya hecho daño a una mujer, aunque…