Prometida al Conde Oscuro (Sombras y Luces 1) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

La señora Vale la miró con irritación. Ya se le había terminado la paciencia.

—No me obliguen a llamar a los hombres de lord Harrowmere. No les gustará el modo en el que las echarán de la entrada de esta casa, aunque así sí podrían tener lo que están buscando tan insistentemente esta noche. Pueden ser más buscos que mi patrón y si no se marchan de inmediato lo averiguarán.

Beatrice soltó una exclamación, llena de indignación.

Aurelia sintió que la rabia le despejaba la cabeza.

Podía soportar un insulto, o varios ya puestos, eso sin olvidar las muchas humillaciones vividas en un corto espacio de tiempo, pero…

¿esa noche no iba a terminarse nunca?, se preguntó Aurelia en silencio.

¿De qué le servía sacrificarse si no iba a poder contar con la ayuda de él?

—Le aseguro, señora Vale, que esto no se quedará así.

La mujer levantó la barbilla.

—Lord Harrowmere no se deja reclamar por nadie y me paga muy generosamente para no ser molestado. Le aseguro, muchacha, que esto, por su bien, se quedará tal y como está. Busque otra presa más fácil para sus planes. Él no está interesado en el matrimonio. Deme las gracias porque la estoy salvando.

—Eso ya lo veremos cuando sepa que usted me ha echado de su casa.

—Estoy dispuesta a asumir el riesgo —expuso burlonamente.

Entonces la puerta de la entrada se abrió un poco más, pero no para permitirles la entrada: fue para coger impulso. La mujer les dio con la puerta en las narices y el sonido que se escuchó las dejó temblando.

Beatrice permanecía a su lado, muy rígida, indignada por ella y asustada por Cecily a partes iguales.

Aurelia se quedó mirando la entrada de la residencia de Harrowmere sin dar crédito a lo que acababa de suceder.

La había echado a la calle la supuesta ama de llaves de su prometido. ¡No había conseguido ni atravesar casi el vestíbulo de lord Harrowmere!

Aurelia bajó la vista hacia sus manos. Seguían temblando, pero ya no de miedo. Había sido una estúpida por acudir allí. Había permitido que la desesperación la empujara a probar la veracidad de una promesa recién pronunciada, y el resultado no podía ser más horrible.

El Conde Oscuro no le servía de nada y haría bien en no olvidarlo jamás. Ella estaba sola. Seguía estando sola incluso después de haber aceptado aquel acuerdo estúpido.

—Lo siento mucho, Aurelia.

—No volveré a pedirle ayuda —afirmó.

Beatrice la miró.

—Aurelia…

—Jamás.

La palabra salió sin alzar la voz, pero con una firmeza que le dolió.

Si el matrimonio con lord Harrowmere iba a ser una cárcel sin beneficios, ella construiría un escape seguro.

No esperaría ni protección por parte de su inminente esposo.

Su gratitud hacia él, si alguna vez había estado cerca de nacer, murió en aquella escalinata.

—Tenemos que decidir qué hacer —sugirió Beatrice con suavidad—. Podemos regresar a tu casa y ver si Cecily ya está allí. ¿O prefieres seguir buscándola por la ciudad?

Aurelia suspiró.

—No —respondió—. La noche es demasiado peligrosa como para que nos arriesguemos más. Si mi hermana y Lavinia han tenido algún problema…

No terminó la frase. No podía. Se obligó a subir al carruaje antes de que la imaginación la traicionara con imágenes que la dejarían sin fuerzas.

Aurelia se sentó frente a su amiga y dio la orden de ir a casa de Beatrice a fin de dejarla sana y salva para después regresar a su hogar.

El coche de caballos se puso en marcha, y la hija de Westcott mantenía la mirada fija en la ventanilla, aunque no distinguía nada con claridad en medio de la oscuridad.

—Todo se arreglará —le aseguró Beatrice al cabo de unos minutos.

—No lo creo.

—Saldrá bien, Aurelia. Me niego a perder la esperanza de que podremos escapar de la crueldad de nuestros padres. Ten la misma fe que yo tengo, porque de otro modo…

—De otro modo, ¿qué? —Aurelia presentía que su amiga no era la misma de siempre. Durante toda la noche Beatrice se había comportado de una manera extraña.

—Tendrás una buena casa si te casas con él.

Vivirás y estarás bien. Piensa en eso, Aurelia.

A veces, deberíamos conformarnos con lo mínimo porque la vida podría ser efímera.

Tu Conde Oscuro tal vez sea más parecido a tu padre de lo que crees, pero te aseguro que hay hombres mucho peores y si te uniesen a un supuesto caballero que fuese un auténtico demonio… —No pudo continuar con la frase.

Aurelia saltó a su lado, le pasó un brazo por encima de los hombros y la cobijó en un abrazo. Beatrice estaba llorando.

—Dime lo que te aflige, amiga mía. Sé que hay algo que te atormenta.

—Oh, Aurelia. No es nada —trató de recomponerse—. Solo sucede que estoy muy preocupada por nuestro futuro.

—Tienes razón. De alguna manera saldremos adelante —le prometió—.

Nos tenemos las unas a las otras. Nuestra amistad es inquebrantable y somos inteligentes.

Usaremos todas nuestras armas para sobrevivir —expuso con convicción, aunque sabía que, de momento, solo podía volver a casa y esperar a Cecily.

Y mientras tanto, rezaría para que su hermana estuviese bien y poder olvidar pronto esa noche tan llena de horrores.

¿Las desgracias no podían tener la cortesía de llegar de una en una?