PROMESAS DE CRISTAL Capítulo 9 El precio de la cuna. #2
65%

Capítulo 9 El precio de la cuna. #2

Decidida a no dejarse dominar por la ansiedad, Abril avanzó con paso firme hacia sus padres adoptivos.

Amparo Tadeo, una hermosa mujer colombiana de silueta curvilínea, cabello castaño oscuro rizado y piel cálida, lucía un elegante vestido largo negro con una abertura lateral en la pierna derecha y un sofisticado cuello de tortuga.

"Si tan solo ella fuera mi madre biológica, tal vez habría heredado esa espectacular estampa", pensó Abril con profunda admiración.

A su lado, Robinson Tadeo se erguía con su imponente estatura; su piel color chocolate y su cabello rapado al estilo militar enfatizaban una mandíbula cuadrada que le otorgaba un aire rudo y protector.

El hombre vestía una impecable camisa roja combinada con un pantalón de vestir color arena y zapatos caqui.

Los tres se fundieron en un cálido abrazo que arrancó una genuina sonrisa de aprobación en Katerina.

En el otro extremo del patio, a Adrián Valleflor casi se le cae la mandíbula al presenciar la entrada de María.

No podía dar crédito a la audacia de la joven al lucir tan provocativa en un evento de tal envergadura; el tono carmesí de sus labios desató de inmediato pensamientos oscuros en el primogénito, quien vestía un traje formal azul marino que hacía resaltar sus ojos claros y su cabello rubio.

Su madre, Constanza, le propinó un sutil pero firme codazo al notar la dirección de su mirada.

Constanza lucía una blusa blanca estilizada bajo un pantalón de tiro alto azul oscuro, una chaqueta formal descansando sobre sus hombros, tacones de aguja estilizados y una cartera de mano beige.

A su lado, Fernando Valleflor vestía un sobrio pero genérico traje negro.

La representación masculina de los Kavinsky no se quedaba atrás.

Romano vestía un traje gris hecho a la medida, consolidando su estampa como el foco de atención de la velada.

Aleksei portaba un imponente traje rojo que evocó en Abril el candente incidente de la tarde, mientras que Viktor Kavinsky, embutido en un pulcro traje formal blanco, proyectaba un aura considerablemente más peligrosa y letal que de costumbre.

Una vez que los comensales tomaron sus posiciones alrededor de la monumental mesa rectangular, se acordó iniciar el servicio gastronómico antes de dar paso a las deliberaciones matrimoniales.

Abril jamás había presenciado tal cantidad de vinos selectos y platillos exóticos.

Aleksei, percatándose de su desorientación, se inclinó ligeramente hacia su oído.

__ Tranquila... Lo que ves allá es pato con piña, y el plato que lleva coco es conejo. Deja que yo te sirva — le susurró con suavidad.

En un impulso de pura gratitud, Abril depositó un tierno beso en la mejilla del heredero antes de recordar la presencia de los testigos.

María ahogó una risita nerviosa, la cual fue interrumpida cuando Romano tomó su mano para depositar un leve beso en el dorso, devolviéndole una sonrisa cargada de complicidad que Adrián interceptó con evidente recelo.

La joven desconocida, a quien la abuela había presentado bajo el nombre de "Dana", frunció los labios con desagrado al notar que ninguno de los herederos masculinos le prestaba la menor atención.

Tras un leve tintineo provocado por la copa de Viktor, la cena dio inicio formal. Sin embargo, el ambiente no tardó en tornarse hostil. Bastó con que Aleksei continuara atendiendo el plato de Abril para que Rosaura, incapaz de contener su veneno, soltara un dardo perfectamente afilado.

__ Es curioso cómo cambian los tiempos, Katerina. En mis días, las secretarias conocían con exactitud su lugar en la mesa y no requerían que los herederos les cortaran la carne... Pero, por supuesto, la falta de educación de cuna se evidencia hasta en la forma en que se sostiene un tenedor.

La atmósfera se congeló. El rostro de Abril se tornó completamente inexpresivo, un cambio que Amparo detectó al instante. Katerina masculló una maldición en ruso, provocando que los escoltas del perímetro dieran un paso al frente. María cortó el silencio con una sonrisa afilada.

__ Si humillar a los demás es lo que ustedes consideran clase y educación, ¡vaya que me alegro de carecer de ella! — soltó, guiñándole un ojo a la anciana.

Rosaura, indignada, golpeó la mesa con la palma de la mano.

__ ¿Qué puede saber una mesera de poca monta como tú? Aunque, claro, ahora todo cobra sentido: una simple secretaria y una camarera cualquiera, tal para cual.

Aquel comentario solo expandió las sonrisas burlonas de Romano y María, pero se convirtió en el detonante para alguien más. Amparo Tadeo golpeó sus cubiertos contra la porcelana, harta de la condescendencia.

__ Mi hija posee la mejor educación del mundo, señora Valleflor: la del amor y el respeto.

Un valor que, por lo que veo, su dinero jamás ha podido comprarle.

Si le incomoda ver a un hombre siendo caballeroso con su prometida, tal vez el problema radique en su propia falta de afecto y no en la cuna de Abril.

__ ¿Su hija? No me haga reír — escupió Rosaura con desprecio —.

Esa niña lleva la sangre de mi propio hijo, por mucho que les pese, mezclada con genes corrientes que la hacen lucir...

ordinaria. Deberían mostrarse agradecidos de que les pagamos una fortuna por quitárnosla de encima en aquel internado, en lugar de pretender darnos lecciones de moral a los Valleflor.

La tensión se volvió casi sólida. Aleksei se puso en pie de golpe, provocando que su silla volara hacia atrás con violencia. El intenso color rojo de su traje maximizaba su estampa amenazante. Clavó sus ojos azules en la anciana y siseó con un tono que heló la sangre de los presentes:

__ Vuelves a decir una sola palabra sobre mi mujer y te juro por mi apellido que saldrás de esta propiedad en una bolsa negra, anciana.

Las palabras del ruso hicieron que Abril reaccionara. Desplazando su silla con pesadez, fijó su mirada en la matriarca biológica.

__ Rosaura Valleflor — habló la joven con una calma sepulcral que petrificó la mesa.

Por primera vez, Romano y María perdieron sus expresiones divertidas, mientras Katerina estrechaba con fuerza la mano de Viktor por debajo del mantel —.

¿Acaso no estás desesperada por saldar las inmensas deudas de juego que tu querido nieto contrajo en las apuestas?

La mesa enmudeció. Abril giró lentamente el rostro, apuntando directamente con su tenedor a la misteriosa invitada.

__ Dana... Ese es tu nombre, ¿verdad?

La aludida palideció, limitándose a asentir con la cabeza de forma torpe. En ese instante, uno de los recuerdos que permanecían severamente bloqueados en la psique de Abril regresó con una nitidez brutal.

__ Qué curioso... Recuerdo perfectamente tu rostro, pero definitivamente no respondiendo a ese nombre.

Presa del pánico, la joven desconocida tomó su copa de vino tinto y la arrojó directo al rostro de Abril.

Aquel acto fue el límite absoluto. Con un paso firme y decidido, Katerina Kavinsky se levantó de su asiento, rodeó la mesa con elegancia felina y se plantó frente a la invitada inesperada.

Sin mediar palabra, descargó dos bofetadas magistrales, una en cada mejilla de la intrusa, haciendo resonar el impacto en todo el patio.

Un silencio de muerte gobernó el lugar. Viktor Kavinsky tomó la palabra, expresándose en un ruso fluido y gélido que llevaba una advertencia implícita para Rosaura:

__ La única razón por la cual no te expulso a patadas de mi propiedad en este mismo instante es el contrato legal que vincula a nuestras familias y los millones que mi padre invirtió en tu comercio de cuarta; un capital que, por cierto, no has terminado de liquidar.

Rosaura, te he tolerado durante años porque jamás habías tenido la osadía de cruzar la línea.

Pero si una falta de respeto como la de hoy vuelve a repetirse, haré todo lo que esté en mi poder para asegurar el control de la chica, sin otorgarte medio de beneficio…