Capítulo 9 El precio de la cuna.
El precio de la cuna.
Una semana transcurrió entre suspiros de alivio y el lento retorno a una tensa normalidad.
Con los pacientes finalmente dados de alta y de regreso en sus respectivos hogares, las secuelas del caos comenzaron a pasar factura.
Aleksei inició un estricto proceso de rehabilitación física, mientras que Abril se vio obligada a asistir de forma recurrente a terapia psicológica para procesar los traumas emergentes.
Aquella nueva etapa trajo consigo un forzoso cambio de domicilio.
En esta ocasión, fue la mismísima Katerina Kavinsky quien intervino, ofreciéndoles a Abril y a María la sofisticada casa de invitados ubicada en los terrenos de su propia residencia.
El inmueble, una estructura totalmente independiente de la mansión principal, contaba con accesos exclusivos y la distancia idónea para garantizar una privacidad absoluta a las jóvenes, rodeadas de todas las comodidades imaginables.
Aunque Abril hubiese preferido buscar un alquiler por sus propios medios, el latente temor a un nuevo ataque orquestado por Rosaura la impulsó a aceptar el refugio de la matriarca rusa.
Lo que jamás cruzó por su mente fue la identidad de su vecino más inmediato: los Kavinsky habían instalado a Aleksei en la segunda casa de invitados de la propiedad, situada a una relativa y peligrosa cercanía de su porche.
Mientras tanto, María solía desaparecer con misteriosa frecuencia.
Regresaba a altas horas de la madrugada con la ropa hecha un desastre, la exuberante melena rizada en total alboroto y marcas inequívocas de mordidas adornando la piel de su cuello.
Para nadie era un secreto que ella y Romano habían decidido dar rienda suelta a una lujuria.
La propuesta del matrimonio forzado continuaba martillando la mente de Abril.
Aleksei ya había manifestado su total disposición a aceptar el pacto, ahora que tenía la certeza de que Abril no era la marioneta sumisa que su familia biológica pretendía venderle.
Por el contrario, a la joven Tadeo le aterraba la perspectiva de un enlace legal sin opción al divorcio.
Conocía el carácter impulsivo del heredero cuando la presión aumentaba, un rasgo sumamente peligroso para las situaciones de continuo estrés que, estaba segura, gobernarían sus vidas de ahí en adelante.
Katerina, detectando su agobio, le había dejado en claro que, sin importar cuál fuera su veredicto final, contaría con el respaldo incondicional de los Kavinsky.
Para empeorar el panorama, el circo mediático no daba tregua.
Los medios de comunicación manipulaban los hechos de una forma absurda y hostil, inundando las redes sociales con los nombres de Aleksei y Diana.
El acoso digital no tardó en volverse personal: Melissa, quien se jactaba de ser su amiga cercana, la llamó exigiendo explicaciones inmediatas sobre su verdadera identidad, mientras que media compañía la tildaba abiertamente de ser una caza fortunas de la peor ralea.
No era la primera vez que se tejían calumnias a su alrededor, pero Abril guardaba la ingenua esperanza de no tener que revivir semejante show mediático.
__ ¡Abril! — un grito ronco rompió el hilo de sus pensamientos.
El susto provocó que la joven perdiera el equilibrio. Al encontrarse sentada de forma descuidada en la barandilla de las escaleras internas de la casa, su cuerpo se precipitó al vacío, aterrizando de manera directa e inevitable sobre las piernas de la persona que acababa de llamarla: Aleksei.
El impacto los dejó confinados en el suelo del vestíbulo.
Abril quedó posicionada por completo encima del ruso, con los rostros a escasos centímetros de distancia.
El corazón de la muchacha martilleaba con violencia contra su pecho; avergonzada, intentó incorporarse de inmediato, pero Aleksei la sujetó del brazo con firmeza.
__ Quédate así un momento... Evita moverte tanto — pidió él con una voz grave y afectada.
Abril se congeló en el acto. Aleksei ocultó el rostro en el hueco de su hombro, buscando aire.
El vestido sencillo y sumamente ceñido que llevaba la joven no colaboraba en absoluto con el autocontrol del heredero, menos aún al percatarse de que la tela revelaba la ausencia de sostén, marcando sus pezones con absoluta nitidez.
Al mismo tiempo, Abril fue plenamente consciente de la evidente erección que se presionaba contra ella y se recriminó mentalmente por su torpeza.
Las respiraciones de ambos se volvieron pesadas, cargadas de una electricidad innegable, hasta que la magia del instante fue sepultada por la brusca entrada de Romano.
El pelirrojo se detuvo en seco, asimilando la comprometedora escena con una rapidez felina.
__ Es malo comerse el pastel antes de tiempo — soltó Romano con una sonrisa socarrona.
Las mejillas y las orejas de Abril se encendieron en un vivo tono escarlata mientras el recién llegado amenazaba con estallar en una carcajada. Ambos se pusieron en pie a toda prisa, aunque Abril fue incapaz de sostenerle la mirada al ruso.
__ ¿Qué quieren ustedes dos aquí? — inquirió María, apareciendo de la nada en la base de las escaleras.
__ Eso no me lo decías anoche, nena — replicó Romano en un tono de burla compartida, provocando que la tensión acumulada se disolviera en una ronda de risas.
Una vez que el grupo se acomodó en la sala de estar, frente a frente, Aleksei asumió el control de la conversación.
__ Esta noche se llevará a cabo la reunión formal de las familias — anunció, provocando un denso silencio en la estancia.
__ Nena, tendrás que tomar una decisión hoy mismo — añadió María, estirando el brazo para estrechar la mano de su amiga en señal de apoyo.
__ Cásense de una vez y sean felices. Total, la tensión sexual ya la tienen acumulada — soltó Romano, guiñándole un ojo a Aleksei. María lo observó con una mezcla de desconcierto y reproche.
__ ¡Cállate ya! — le espetó el ruso, provocando que el pelirrojo adoptara un semblante serio.
__Tu familia biológica te va a utilizar como mejor les convenga en el momento en que salgas del perímetro de protección de los Kavinsky — advirtió Romano, clavando sus ojos en la joven —. Créeme cuando te digo que no encontrarás un mejor refugio que esta familia.
Las lágrimas amenazaron con desbordar los ojos de Abril ante la crudeza de sus palabras.
__ Para mí, todo esto es un caos absoluto.
Son demasiadas revelaciones en un solo mes — confesó con la voz quebrada — Yo solo quería ser una simple secretaria para el director del Grupo K.V.
, devolverles a mis padres todo lo que se sacrificaron por mí y no arrastrarlos a una guerra contra los Valleflor. Quiero estar sola.
Sin añadir más, se puso en pie y se encerró en los confines de su habitación. Sabía que el momento de la verdad era inevitable, pero guardaba la secreta esperanza de que tardara más en llamar a su puerta.
Las horas pasaron con una rapidez implacable.
Llegado el momento de la cena familiar, María se encargó personalmente del arreglo de Abril.
La joven lucía una blusa blanca con elegantes transparencias en la zona superior, dando paso a un pronunciado escote en forma de corazón que realzaba la simetría de su busto.
Completaba el conjunto una falda de cuero negro ajustada a sus curvas naturales, tacones altos en tono nude, un maquillaje sutil y el cabello estilizado en ondas perfectas.
El resultado era una estampa elegante, sensual y audaz.
__ Tu abuela va a sufrir un infarto en plena mesa — comentó María con un brillo de diversión en los ojos.
Por su parte, María optó por un audaz crop top rojo combinado con jeans de tiro alto decorados con perlas, su exuberante melena rizada suelta y una actitud de diva que acaparaba las miradas.
Al cruzar el umbral del patio principal de la mansión, la anciana Rosaura estuvo a punto de atragantarse con el sorbo de vino que degustaba al ver la imponente entrada de Abril.
Katerina Kavinsky, en contraste, la recibió con una sonrisa cargada de un afecto maternal que no pasó desapercibido para los asistentes.
La matriarca rusa vestía un refinado vestido ceñido sin mangas de largo a la rodilla en bloques de color negro y azul cobalto, acompañado de tacones en azul eléctrico.
Su cabello plateado se recogía en un impecable y pulcro moño, complementado con pendientes elegantes y medio largos.
Rosaura, emulando la estética de una villana clásica de telenovela como Carlota de Paloma, lucía un pesado conjunto de pantalón holgado y suéter negro recubierto de lentejuelas y un maquillaje excesivamente recargado.
A su lado se ubicaba una joven de veintitantos años a quien Abril no logró identificar.
La desconocida poseía una tez extremadamente pálida, una larga y lacia cabellera negra azabache y unos fríos ojos grises.
Sus facciones, indudablemente hermosas y delicadas, guardaban un parecido perturbador con las de Rosaura.
Iba vestida con un diseño liso de tono rosa palo que le confería un aire de estudiada inocencia y sofisticación.