PROMESAS DE CRISTAL Capítulo 8 El jaque mate perfecto.
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Capítulo 8 El jaque mate perfecto.

El jaque mate perfecto.

El peso de las últimas horas terminó por sepultar la jornada en una densa e incómoda penumbra hospitalaria.

Al caer la noche, los médicos firmaron el alta de Viktor Kavinsky; debilitado pero testarudo, el patriarca fue enviado directamente a la residencia familiar bajo la estricta y absoluta supervisión de Romano.

En el ala médica, Adrián se ofreció a permanecer junto a la habitación de Abril, permitiendo que Katerina se quedara con Aleksei.

No obstante, la noche distó mucho de ofrecer un descanso real.

El sofá de la habitación no poseía la menor pizca de confort y, para una sofisticada mujer de cincuenta y cinco años, aquellas condiciones resultaban precarias.

Más allá de las secuelas físicas del insomnio, lo que verdaderamente quebrantó la paciencia de la matriarca fue una sonora y áspera discusión que comenzó a elevar sus decibeles en el pasillo exterior.

Katerina consultó su reloj: eran exactamente las seis de la mañana.

Se encontraban en un área de hospitalización, un santuario diseñado para la recuperación de los pacientes.

Con la mandíbula tensa, se levantó del sofá, desarrugó su traje con un ademán frío y caminó directamente hacia el origen del tumulto.

Para su absoluta falta de sorpresa, la disputa era liderada por la imponente figura de Rosaura Valleflor, quien intercambiaba hostilidades con otra mujer a la que Katerina logro identificar.

Avanzando en un silencio sepulcral, Katerina se plantó a escasos metros del grupo.

__ Compostura — pronunció con una simpleza cortante.

De inmediato, las voces cesaron. Era un hecho innegable que la figura esbelta, alta y aristocrática de la señora Kavinsky infundía un respeto reverencial y un temor reverente allí donde pisara.

Una enfermera, que hasta ese momento había permanecido acorralada e invisible tras el muro humano de los Valleflor, se apresuró a interceder con evidente alivio.

__ Señora Kavinsky, estoy tratando de hacerle entender a la familia Valleflor que la paciente internada figura en nuestros registros bajo el apellido Tadeo.

Debido a que sus tutores legales solicitaron explícitamente la restricción de visitas, nosotros no podemos hacer más que obedecer por el bienestar clínico de la joven.

Katerina asintió con una leve inclinación de cabeza y, mediante un sutil gesto de la mano, autorizó a la empleada a retirarse. Una vez que la enfermera desapareció del campo de visión, la matriarca rusa fijó sus ojos de hielo en los presentes.

__ Vayamos a la cafetería. ¡Todos!

Aquel mandato, disfrazado de una cortesía ineludible, vació el pasillo en el acto.

Silenciosos y sumisos, todos comenzaron a marchar detrás de ella; la escena evocaba de forma casi literal a una madre pata guiando a sus patitos.

La delegación completa de los Valleflor caminaba a la zaga, seguidos de cerca por la familia Tadeo y, por supuesto, por María.

Esta última avanzaba con el ceño fruncido, sin comprender qué derecho tenían a arrastrarla a un conflicto familiar.

Sumando el hecho de que constantemente sentía las miradas furtivas y cargadas de advertencia que Adrián le lanzaba de tanto en tanto, en especial al notar cómo esa anciana de tez tan blanca como la muerte se aferraba con dedos posesivos al brazo de su nieto.

Al llegar al área comercial, Katerina consulto de inmediato el alquiler privado de la sala de conferencias de la cafetería, liquidando la tarifa al instante.

Antes de cruzar el umbral y cerrarle la puerta al resto del mundo, la rusa se tomó el tiempo de impartir órdenes estrictas a su equipo de seguridad privada: tres escoltas masculinos custodiarían de forma permanente la puerta de Aleksei, mientras que tres letales operativas femeninas sellarían el acceso a la habitación de Abril.

__ Soy Katerina Kavinsky, la madre del heredero del Grupo K.V, y hay algo que simplemente no logro asimilar en mi cabeza —declaró la rusa, permitiendo que la indignación tiñera su impecable tono de voz—.

¿Cómo es posible que armen semejante escándalo mientras nuestros hijos se debaten en camas de hospital?

Viktor necesita paz absoluta; gracias al cielo ya está en casa y no tuvo que presenciar tal magnitud de vulgaridad y falta de compostura por su parte, matriarca Valleflor —siseó, clavando la mirada en la anciana.

__ Tiene toda la razón, señora Kavinsky —replicó Rosaura con una voz impregnada de una altivez innata.

Si bien era cierto que aquella mujer respiraba una maldad sistémica, nadie podía restarle un ápice de su innegable elegancia; a pesar de sus años, conservaba una perturbadora belleza de tez pálida, profundos ojos esmeralda y un cabello castaño oscuro moteado de canas perfectamente estilizado—.

Sin embargo, considero una total falta de respeto que los señores Tadeo pretendan imponer restricciones legales sobre mi propia nieta.

__ Lo único respetable en este lugar es lo que ayude a esos jóvenes a recuperarse —sentenció Katerina, cruzándose de brazos—.

Y hasta donde tengo entendido, si Abril en realidad es Diana, figura de forma legal y civil bajo la identidad de la casa Tadeo.

Ante la ley, es absolutamente insostenible que ustedes pretendan refutar la orden directa de su familia legítima.

El rostro de Rosaura se encendió en un violento tono carmesí ante la fría mención de ese detalle burocrático.

__ Abril dejó hace mucho tiempo de ser una Valleflor, directora Kavinsky —intervino Robinson Tadeo, dando un paso al frente con la mirada firme—. Ella es mi hija. Y no voy a permitir que ellos la sigan lastimando.

__ Conozco a Abril desde mucho antes de que trabajara para mi hijo —reveló Katerina.

Ante la mención de esto, Rosaura giró el rostro hacia su hijo mayor, fulminándolo con una mirada que prometía el mismísimo infierno.

Katerina continuó, implacable—: Yo soy la dueña y directora general de “Una Mano Amiga”, el refugio que rescató a una pequeña niña de apenas ocho años de edad de un internado de confinamiento donde recibía constantes abusos y acoso.

Para serles franca, no lograba recordarla a ella debido al cambio de los años...

pero a usted, señor Robinson, ¿cómo podría olvidarlo?

La revelación cayó como un balde de agua helada sobre los Valleflor.

__ No se hable más —sentenció la matriarca rusa, dictando el final de la sesión como si de un tribunal supremo se tratara y ella portara el mazo del juez—.

Cuando Aleksei y Abril estén recuperados por completo, nos sentaremos a discutir la validez de la promesa que mi esposo le hizo a su casa.

Hasta que ese día llegue, acatarán y respetarán cada una de las decisiones de la familia Tadeo.

Sin concederles el derecho a la réplica, Katerina abandonó la sala de juntas con la cabeza bullendo en mil revoluciones, consciente de que las piezas del tablero se habían reconfigurado de forma definitiva.

Minutos más tarde, Katerina le solicitó a Romano que intercambiaran lugares por unas horas.

El pelirrojo aceptó encantado; lidiar con las demandas y el temperamento de un Aleksei convaleciente era un juego de niños en comparación con soportar los rigores y caprichos de Viktor en plena recuperación.

Al ingresar a la habitación de Aleksei Romano se topó con la novedad de que el joven heredero finalmente había emergido del efecto de los medicamentos.

__ Oye, Toretto... ¿Cómo te sientes? —soltó Romano a modo de saludo, cruzándose de brazos cerca de la entrada.

Un bufido cargado de fastidio por parte de Aleksei fue la única respuesta, provocando una sonora carcajada en el pelirrojo. Sin embargo, el semblante de Romano se ensombreció rápidamente, adoptando una seriedad inusual.

__ Casi te mueres, idiota —soltó con brusquedad—. ¿En qué carajos estabas pensando?

__ Antes de subirme al auto, me habré bebido quizás unas dos botellas de whisky —confesó Aleksei, clavando la mirada en el techo mientras rememoraba el desastre—.

Esa conversación con Abril me dejó reducido a un animal que no razonaba.

Me confié... He corrido en ese tramo infinidad de veces y nunca había pasado nada malo. Además, tú no eres mi niñera.

__ Cuando te conviene, dejo de serlo —refunfuñó Romano, rodando los ojos.

__ Pero bien, estoy vivo y eso es lo único que importa ahora. ¿Qué pasó con mi deportivo?

__ Insalvable. Y vete haciendo la idea de que no habrá otro, porque tu señora madre ya se encargó de prohibírtelo penalmente —comentó Romano, rascándose la nuca con fastidio.

__ No la culpo... —Aleksei desvió la conversación, fijando sus intensos ojos en el muchacho pecoso —. ¿Qué sabes de Abril? ¿Cómo está?

__ María, la chica esa del trasero redondo y esponjoso que...

__ Ve al grano, Romano —lo interrumpió el heredero con un tono peligrosamente bajo.

__ Bueno, ella es quien la está cuidando en este momento. Los Valleflor tuvieron que desalojar el hospital después de que la jefecita los puso en su lugar en la cafetería. Pero déjame decirte algo, amigo: a partir de ahora, los problemas reales van a multiplicarse.

__ ¿De qué estás hablando? —inquirió Aleksei, tensándose en la camilla.

__ Abril tuvo un brote psicótico anoche —reveló Romano, haciendo la transición al ruso por primera vez —.

Y ese colapso despertó en tu madre recuerdos que el tiempo había sepultado.

Robinson Tadeo es el subdirector de “Una Mano Amiga”, la fundación humanitaria de la señora Katerina.

La pequeña Diana fue rescatada de las garras de los Valleflor por esa misma organización.

A estas alturas, tu madre ya debe tener en su poder los registros legales que certifican la muerte civil de Diana Valleflor.

Así que, hermano mío, ve abandonando tu idílico plan de casarte en buenos términos con la chica de la alta sociedad...

Es sumamente probable que termines casado con alguien más.

Aleksei soltó un suspiro impregnado de fastidio justo antes de que la puerta se abriera abruptamente, provocando que dos cuerpos perdieran el equilibrio y cayeran de forma estrepitosa hacia el interior de la habitación. Eran María y Abril

__ María, ¿estás loca o qué te pasa? —farfulló Abril en un francés apresurado, con el rostro encendido de pura vergüenza.

Su queja solo provocó que María estallara en una carcajada limpia y sonora.

__ ¿Acaso importa? ¡Estaba interesante! —le respondió en el mismo idioma, acomodándose la ropa sin un ápice de remordimiento.

La escena de las dos jóvenes tiradas en el suelo de la habitación, tras haberse apoyado contra la madera para escuchar la conversación bajo la falsa confianza de que la puerta estaba bien cerrada, no tenía precio.

Las risas descontroladas de Romano resonaron por las paredes, obligando a ambas mujeres a recordar con total lucidez en dónde y ante quiénes se encontraban.

Las mejillas de Abril ardieron en un tono carmesí brillante, mientras una nueva oleada de diversión brotaba de los labios de María.

Al cabo de unos minutos, Romano extendió una mano para ayudar a las jóvenes a ponerse en pie y las condujo con caballerosidad hacia el sofá del lugar. El que observaba todo con una confusión absoluta y una ceja alzada era Aleksei.

__ Les queremos ofrecer un trato — anunció Romano con una sonrisa ladina, colocándose con paso firme justo al lado de María.

Aleksei y Abril intercambiaron una mirada cargada de recelo y sospecha.

__ Con esto, todos saldremos ganando — afirmó María, guiñándole un ojo al heredero—. Alek, encara la realidad: tú no puedes casarte ante la ley con una mujer legalmente muerta.

Romano mordió el interior de su mejilla, librando una batalla titánica para no soltar otra carcajada ante la expresión de estupefacción que se dibujó en las facciones del ruso.

__ Cásate con la casa Tadeo — dictó el pelirrojo, utilizando un tono cargado de una autoridad estratégica—.

Nadie más que ustedes dos sabrá que el nombre impreso en las actas matrimoniales y en los contratos legales no pertenece a una difunta...

sino al nombre de la mujer que permanece viva a tu lado.

María sonrió con malicia, cruzándose de brazos.

__ Es un jaque mate perfecto. Piénsenlo…