Capítulo 4 El precio de la libertad.
El precio de la libertad.
Tan pronto como Aleksei abrió los labios para hablar en la terraza, Abril reaccionó con rapidez. Lo tomó firmemente de la manga de su saco y lo arrastró hacia uno de los salones interiores que permanecían vacíos. Fue ella quien rompió el tenso silencio.
__ Si la familia Valleflor y la tuya son tan cercanas como dicen, ¿por qué jamás los vi en tres años? - Aleksei abrió los ojos con genuina sorpresa. De todas las reacciones que esperaba, una pregunta como está, no figuraba en su repertorio.
__ Son cercanas en los negocios, pero mis asuntos no tienen nada que ver con ellos, salvo...
este matrimonio arreglado. - Abril lo observó en silencio y comenzó a idear alguna solución que pudiera beneficiar a ambos.
Era innegable que el ruso era obstinado, amargado y frío, pero solo en las ocasiones en que su madre aparecía en escena se comportaba de forma especialmente grosera y déspota.
Todos en la oficina lo soportaban y respetaban porque, mientras su familia no interfiriera, Aleksei Kavinsky era el jefe perfecto que cualquiera quisiera tener.
Abril jamás se había sentido interesada en él como hombre; el profesionalismo impecable que los distinguía como empresa era una barrera infranqueable.
Ahora mismo, ella luchaba internamente con todo lo que sabía, lo que había vivido y lo que acababa de escuchar en la terraza.
No quería ser una simple pieza en un tablero de ajedrez familiar.
Por poder, estas familias eran capaces de destruirse la una a la otra a pesar de profesar amistad y lealtad inquebrantable.
El mundo empresarial y de los escándalos de la prensa rosa siempre fue lo que Abril había intentado evitar a toda costa, razón por la cual se había limitado voluntariamente a ser una simple secretaria, sin desear escalar más en la jerarquía corporativa ni ambicionar fama.
Su paz y tranquilidad mental siempre habían sido lo más importante para ella.
Mientras Abril se perdía en las posibles soluciones que podía o no ofrecer, Aleksei se debatía internamente entre contarle que existía un medio por el cual ella podría ser liberada por completo del control de los Valleflor.
Era cierto lo que le había espetado a su padre: prefería perder el imperio antes que volver a pisotear la dignidad de una mujer de esa manera.
Sabía que con esa declaración dramática ejercería presión sobre Viktor y este dejaría de cuestionarlo por un tiempo.
Sin embargo, Aleksei siempre tenía bajo la manga un plan b: una cuenta bancaria secreta, de la que ni su familia sospechaba la existencia, a nombre de una nueva identidad, todo gestionado bajo la discreción absoluta de Romano.
Su mano derecha le había sugerido dejar que las "fieras" se destrozaran entre ellas, escapar y empezar de cero en otro lugar.
La oferta resultaba sumamente tentadora.
Aunque el ruso no tenía quejas de su vida, la verdad era que todo había comenzado a cambiar cuando llegó a la adultez.
Sabía que debía hacerse cargo de los negocios familiares, un deber que aceptaba, pero jamás se imaginó verse inmerso en la cruel y despiadada lucha de poder interna de los Kavinsky.
__ ¿Qué tanto escuchaste de la conversación con Viktor? —la pregunta de Aleksei heló la sangre de Abril. Por un instante fugaz, la gélida orden final de su padre resonó en su mente: «elimínala».
__ Lo suficiente como para saber que no eres tan idiota como aparentas —respondió ella con un tono burlón y desafiante. El comentario irritó visiblemente al ruso, quien la fulminó con la mirada.
__ No dirías lo mismo si el siseo de mi padre hubiera sido en español —declaró él antes de que el silencio se reinstalara entre ambos—. Abril... Melissa y Susan juraron poner todo Madrid de cabeza si no aparecías pronto.
Una sonrisa genuina y melancólica apareció en los labios de la muchacha al mismo tiempo que un destello desconocido pasaba por los ojos del ruso al observarla.
__ Dejé hace mucho tiempo atrás a Diana Valleflor — comentó ella, fijando la mirada en el suelo—.
Yo no soy ella, Aleksei. No puedo volver a ser ella.
Si llegas a perder todo lo que has construido por mi culpa, el remordimiento sería muy grande para mí.
Pero... no puedo casarme contigo. No cuando es un acuerdo sin divorcio.
Alzó la mirada y se encontró con el rostro sereno de Aleksei, quien había adoptado esa expresión fría e imperturbable que le encantaba utilizar como armadura para que nadie pudiera ver más allá de sus palabras.
__ No puedo obligarte a hacerlo. Es tu vida y tu decisión — fue lo último que él pronunció antes de dar media vuelta y desaparecer de su vista.
El ruso, confundido e irritado por la conversación, no lograba comprender por qué sentía tanta molestia en el pecho.
El encuentro no había sido, ni de cerca, como él se lo había imaginado.
Su despistada exsecretaria siempre lograba lo mismo: dejarlo sin palabras.
No recordaba ni una sola conversación con ella donde él hubiera tomado el control absoluto y la situación se hubiera resuelto como él esperaba.
__ Hasta que te encuentro... — exclamó una voz familiar.
__ Ahora no, Romano — apresuró Aleksei el paso hacia la salida del palacio.
__ ¿Ya te encontraste con Abril? — Aleksei frenó en seco. Se volvió bruscamente hacia él y lo miró de mala manera.
__ ¿Lo sabías? —inquirió con furia contenida.
__ Intenté decírtelo, pero Viktor se interpuso —explicó Romano. Aleksei bufó, exasperado, y reanudó su marcha con el chico siguiéndole los pasos de cerca.
Al encontrase sola, Abril no lograba comprender qué había salido mal en el encuentro, pero la verdad era que con el ruso las cosas siempre eran igual. Sus respuestas secas, tajantes y cortantes siempre les hacían sentir a sus trabajadores que lo querían y lo odiaban a partes iguales.
Para ella, la gala benéfica no tenía mayor importancia y, tras el subidón de adrenalina y el shock del reencuentro, decidió que lo mejor era retirarse.
Con pasos firmes y decididos, se colocó nuevamente la máscara carmesí y emprendió la búsqueda de María.
Al no dar con ella entre la multitud enmascarada del salón central, simplemente se retiró en silencio, sin sospechar que una amarga sorpresa más la estaba esperando en la salida.
Al abandonar por completo el edificio del Palacio de Cibeles y descender las escaleras, la voz gutural y nada amistosa de su padre biológico la hizo detener su andar.
__ Espero que al menos hayas podido engatusar al heredero del Grupo K.V.
Las palabras de ese hombre no le causaban más que repulsión.
__ Tu abuela, ha estado pensando en presentarles a los padres de Aleksei a otra chica. Una que se parece mucho a mí. Al final de cuentas, el rostro de la verdadera Diana Valleflor es un misterio para ellos.
Abril sintió que había escuchado demasiado, por lo que, con fuerzas renovadas por la indignación, se dirigió hacia el taxi al que minutos antes había llamado. No se molestó en mirar en dirección de aquel hombre; simplemente no hacía falta, no tenía ganas de darle ese poder sobre ella.
Mientras el taxi se alejaba del lugar, en su pecho, por alguna extraña razón, su corazón se apretó con dolor.
Técnicamente, ella se liberaría de toda esta interminable locura una vez que su adorada y clasista abuela presentara a otra joven como su nieta.
Debería estar saltando de alegría ahora mismo, pero el ya tan conocido y amargo sentimiento de pérdida absoluta fue quien la embargó en este instante...