Capítulo 3 Cenizas del pasado. #2
El tenso silencio que se reinstaló entre ambos fue quebrado por un golpe seco y sordo proveniente de la entrada de la terraza.
Viktor se aproximó de inmediato al acceso y, al descubrir a una joven cuyos ojos reflejaban un pánico absoluto, se giró hacia su hijo y le ordenó en ruso con voz gélida: «Si escuchó de más, silénciala».
Sin mirar atrás, Viktor abandonó el lugar, dejando a la muchacha a su suerte.
Para sorpresa de Aleksei, al encontrarse con la mirada de la joven, se quedó completamente paralizado en su sitio.
Llevaba un vestido largo de seda roja, elegante y de corte moderno, que se ceñía a su esbelta silueta como una segunda piel, dejando sus hombros al descubierto.
Finas joyas adornaban su delicado cuello y su peinado reflejaba que no se había escatimado en gastos para hacerla brillar.
Sus ojos cristalizados por las lágrimas contenidas eran la prueba irrefutable de que había escuchado la confrontación.
Para su mala fortuna, solo la última y más peligrosa parte de la conversación había sido en su idioma natal.
__ Abril... yo... —alcanzó a pronunciar Aleksei, pero ella lo tomó del brazo con firmeza y lo arrastró hacia un rincón aún más apartado y oscuro de la terraza.
Yo a este punto me pregunto ¿Qué está pasando aquí?
Unas horas antes...
María había entrado como un torbellino en el nuevo domicilio que ahora ambas chicas compartían, parloteando sin parar acerca de una gala benéfica y una serie de detalles que aturdieron a Abril de inmediato.
Con evidente fastidio, esta última le dejó claro que no asistiría a ningún evento social que amenazara su paz mental, pero María se mostró inflexible: «Di mi palabra de que ambas iríamos».
Ante ese argumento, no hubo marcha atrás.
El vestido de seda roja se ajustaba a las curvas de Abril como un guante perfecto, elegante y sofisticado.
Lo complementó con un maquillaje sutil, joyas finas, un peinado digno de la realeza, guantes de blonda negros y una refinada máscara carmesí.
Al mirarse en el espejo, le costaba reconocerse en esa imagen tan imponente.
Cuando María apareció en la estancia, Abril no pudo dar crédito a lo que veía: la abundante y rebelde melena de la morena lucía suelta y sedosa, combinada con un vestido azul oscuro de lentejuelas con un escote pronunciado que resaltaba su exótica belleza natural.
Había completado el atuendo con guantes largos hasta los codos.
Al llegar al evento, Abril había estado deambulando por el Palacio de Cibeles hasta que sintió la necesidad de salir a las terrazas para respirar aire fresco, despojándose de la máscara en el camino.
Fue entonces cuando una voz sumamente familiar la hizo quedar estática en su posición, obligándola a escuchar oculta tras las sombras de la estructura.
__ ¡Ya te lo he dicho, padre! No voy a firmar ese contrato a ciegas. No me importa la cadena de hoteles ni el maldito patrimonio.
__ La voz de Aleksei sonaba contenida, pero impregnada de una furia que ella jamás le había escuchado en el entorno de la oficina.
No seas insensato, Aleksei. Esa alianza con los Valleflor se firmó antes de que tú nacieras.
Si la hija de Constanza no aparece en diez días, perderás el control de la corporación.
Tus primos están esperando que caigas. ¿Vas a tirar a la basura todo el trabajo de tu vida por el orgullo de no querer casarte?
__ No es orgullo —escuchó Abril que siseaba el ruso—.
Fui un animal con ella. La humillé sin saber quién era, solo porque estaba descargando en ella la frustración de este matrimonio arreglado.
Ella... ella se rompió frente a mí, padre.
Vi sus ojos. Prefiero perder el imperio antes que volver a pisotear la dignidad de una mujer de esa manera.
No soy como tú. Prefiero perder el imperio antes que volver a pisotear la dignidad de una mujer de esa manera. No soy como tú.
A Abril se le cortó la respiración en ese mismo instante.
Sus manos comenzaron a temblar. El "monstruo" de la oficina, el hombre implacable que la había humillado despiadadamente, la estaba defendiendo frente al mismísimo patriarca de su familia.
Estaba dispuesto a sacrificar su legado con tal de no volver a lastimarla debido a la culpa que lo carcomía.
Abochornada y asustada por estar presenciando una conversación tan íntima y peligrosa, Abril intentó retroceder con sumo cuidado para escapar sin ser vista.
Sin embargo, fiel a su inconfundible torpeza natural, tropezó de espaldas con una gran maceta de cerámica del balcón, provocando un ruido sordo que delató su posición de inmediato.
Y en pocos minutos, una figura alta se paró frente a ella.
No había duda de que ese hombre era el padre de Aleksei; su brutal parecido con su hijo era agobiante.
Para colmo de males, escuchó cómo le pedía a Aleksei que se encargara de ella en un gélido idioma extranjero.
Viktor no lo sabía, y Aleksei tampoco...
pero era una suerte que Abril Tadeo entendiera el ruso a la perfección…