PROMESAS DE CRISTAL Capítulo 2 El prometido.
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Capítulo 2 El prometido.

El prometido.

Melissa quien noto que el comportamiento de la sumisa Abril no estaba nada dentro de lo normal la tomo del brazo y de inmediato noto que tenía alta temperatura, pero ni siquiera hizo falta que dijera nada Abril se desmayó en plena reunión de líderes, todos corrieron ayudarla ya que es Abril quien siempre ayuda a otros con sus responsabilidades cuando su tirano jefe los sobrecarga de papeleos, claro que lo hace porque ve más satisfactorio enterrarse en una pila de papeles que volver a una habitación fría y sola…

El miércoles, a pesar de que el médico le ordenó reposo absoluto, ella ignoró las indicaciones y se presentó en la oficina. Caminaba tan de prisa por el pasillo que no vio el cartel de advertencia de piso mojado; resbaló estrepitosamente, provocando que toda la planta estallara en burlas y risas.

El jueves, exhausta y frustrada por la racha de humillaciones, se desahogó en voz alta, enumerando cada uno de los defectos de su jefe.

No se percató de que Melissa había perdido el color del rostro y Susan estaba a punto de desmayarse hasta que un severo «ujum» a sus espaldas la obligó a girarse para confrontar su peor pesadilla...

A pesar de todo, situaciones así no eran nuevas para ella.

A veces ni ella misma entendía cómo había logrado mantenerse tres años en la Corporación Kavinsky.

Solía convencerse de que el dueño de la empresa era generoso por retenerla a pesar de sus tropiezos, aunque era innegable que su desempeño laboral era impecable.

Abril poseía un historial de cero errores al cerrar contratos, firmar nuevos plazos y realizar investigaciones exhaustivas de rubros y recursos; era una planificadora de agendas perfecta y dueña de un encanto natural al que nadie se resistía.

Nadie, excepto Aleksei Kavinsky. Curiosamente, Abril jamás se detuvo a asociar el apellido de su jefe con el del imperio hotelero de su familia, asumiendo de forma ingenua que debía de ser un apellido muy común.

Abril se encuentra en un taxi mismo que la está llevando a la dirección que ella le proporciono, no para de ver el mensaje de su mamá con dicha dirección, se le hace conocida pero no logra entender el porqué.

Al detenerse frente al exclusivo complejo residencial de apartamentos, la mandíbula de Abril cayó por la sorpresa. Destellos de un amargo reconocimiento invadieron su mente y, en silencio, elevó una plegaria al cielo: «Dios, que no sea el departamento de Satanás».

Inició el trayecto hacia el piso indicado.

A medida que se aproximaba, sentía el cuerpo tan pesado que dar un paso se convertía en una tarea titánica.

Al quedar frente a la puerta, toda la valentía y la determinación con la que había salido de casa se esfumaron por completo.

Con los dedos temblorosos, presionó el timbre.

Pasaron apenas dos minutos antes de que la puerta se abriera, pero para Abril el tiempo pasó tan lento tanto que sintió que su corazón se detendría.

La puerta se abre. El silencio se hace y solo es roto cuando el vaso de whisky de Aleksei choca contra el suelo.

__ ¿Eres la hija de Constanza Valleflor? —pregunta él, en absoluto shock.

Abril, roja como un tomate y presa del pánico, solo logró balbucear antes de perder el equilibrio y aterrizar de nalgas contra el frío piso del pasillo. Su expresión lastimera solo sirvió para encender más la ira que ya bullía en el interior de Aleksei.

__ Entra —ordenó él con un tono tajante y autoritario.

Minutos después, se encontraban sentados frente a frente en la estancia, envueltos en un mutismo tenso.

Abril, convencida de que su prometido sería un hombre de la tercera edad, se había vestido con un atuendo sobrio y oscuro, digno de un funeral.

Aleksei, por su parte, bajo la promesa de su madre de que la hija de Constanza “tenía que ser” una belleza sin igual, se había esmerado en lucir lo más elegante y pulcro posible.

Después de todo hoy quería cerrar un contrato de forma exitosa.

__ Sin duda alguna, los genes de tu madre decidieron huir de ti —siseó él con evidente desdén.

Abril se mordió el labio inferior y desvió la mirada. Ser calmada y sumisa era una fachada que había perfeccionado en el entorno laboral, pero distaba mucho de su verdadera personalidad. Podía ser torpe y despistada, pero sabía defenderse con uñas y dientes cuando la situación lo requería.

Se puso en pie y se aproximó a un jarrón ornamental que parecía costar más que todo lo que ella llevaba puesto.

__ Lo siento —declaró, clavando sus ojos marrones directamente en las pupilas de él—. Pero, como puedes ver, me vestí precisamente para romper con esta estupidez.

El gesto tomó por sorpresa a Aleksei, acostumbrado a una secretaria que siempre acataba sus órdenes sin chistar. Al procesar las palabras de la joven, una carcajada seca y carente de gracia escapó de su garganta. Abril lo contempló con fastidio.

__ ¿Te crees que si yo, un Kavinsky, no pude hacer que nuestros padres rompieran esta absurda alianza, tú podrás? Ve a saber Dios de quién serás hija realmente...

Antes de que Aleksei pudiera concluir su frase, Abril se abalanzó sobre él con furia y descargó una bofetada que dejó la silueta de su mano marcada en la mejilla del hombre.

Los ojos azules de Aleksei perdieron gradualmente toda luz.

Con movimientos rápidos, precisos y certeros, sometió a la muchacha contra el sofá, aprisionándola debajo de su cuerpo.

__ ¿Crees que esto es un juego? —gruñó él.

__ ¿Acaso me ves con ganas de jugar? —replicó ella, sosteniéndole la mirada.

Aleksei la observó con confusión; físicamente era idéntica a su secretaria, pero su comportamiento era el de una desconocida —.

Tú y todos los niños consentidos de papi y mami se creen superiores al resto cuando jamás han tenido que trabajar por nada en sus vidas.

Todo lo que poseen es heredado. ¿Acaso no merezco el mismo respeto solo por no haber seguido los pasos de mis padres?

Las palabras de Abril sonaron fuertes, claras y cargadas de un resentimiento antiguo.

Aleksei, desconcertado por la acusación, se apartó de ella. Caminó hacia la barra, sirvió otro vaso de whisky y se lo bebió de un solo trago.

__ Tu historia familiar no me interesa; ni siquiera me tomé el tiempo de investigarte. Conozco a tu hermano y asumí que serías igual a él o a tu madre, no que serías...

__ ¡Cállate! —le interrumpió Abril con un grito.

__ No olvides que...

__ ¿Qué eres mi jefe? ¡Una mierda para ti y para tu empresa! Renuncio, niño rico. Búscate a otra que te cierre los contratos — sentenció antes de encaminarse hacia la salida como una fiera herida.

Aleksei comenzó a llamarla, siguiéndole los pasos, pero ella no le prestó la menor atención. Solo deseaba llegar a la seguridad de su hogar para encerrarse en el baño a llorar, como ya era costumbre cada vez que alguien le recordaba su condición de "hija bastarda".

Al llegar al vestíbulo, vio que el ascensor se encontraba en la planta baja y tardaría demasiado en subir.

Sin pensarlo, se arrojó hacia las escaleras de emergencia.

Corría tan de prisa que tropezó con sus propios pies y comenzó a perder el equilibrio en el aire.

«Qué patético», alcanzó a pensar mientras caía.

«Siempre patética», se repitió, esperando un impacto contra los escalones que nunca llegó.

Los brazos de Aleksei se cerraron firmemente alrededor de su cintura, frenando la caída. Tan pronto como Abril fue consciente del contacto, comenzó a golpear los antebrazos del ruso para que la liberara.

__ Cálmate, salvaje. Solo quiero que lleguemos a un trato que sea de beneficio mutuo —la voz de su ahora exjefe inundó sus oídos, poniendo todos sus sentidos en alerta. Era un tono profundo, firme y magnético; el tipo de voz que poseían los hombres peligrosos.

Abril se sacudió con más fuerza hasta que él la soltó, no sin antes asegurarse de que ella tuviera los pies bien firmes sobre el descanso de la escalera.

__ Lo que me tengas que decir ya no me interesa en lo absoluto.

__ No seas necia, Abril —elevó él la voz.

__ ¡Grita todo lo que quieras! No estamos en la oficina. Aquí nadie va a agachar la cabeza ni a obedecerte como si fuera un perro.

__ Eres exasperante.

__ Y tú un idiota.

Aleksei soltó un suspiro de frustración antes de revelar sus cartas.

__ Si no me caso contigo, mis abuelos se quedarán con la cadena hotelera, mis padres con los restaurantes y el resto de los bienes se repartirá entre mis hermanos. Todo por una promesa absurda que hicieron nuestras familias.

__ Eso a mí no me incumbe. No tengo nada que ver en sus acuerdos.

__ Solo un año, Abril. Estaremos casados solo por un año.

Una risa fría y seca escapó de los labios de la joven, resonando en el cubo de la escalera.

__ ¿Eres tan tonto como pareces? Existe una cláusula en ese contrato matrimonial que exige que la unión sea genuina. Lo que significa que no habrá divorcio posterior.

El rostro de Aleksei se desfiguró en una mueca de absoluto disgusto. Jamás se había tomado la molestia de leer la sarta de condiciones jurídicas que habían ideado sus padres y los viejos amigos de la familia. Frustrado, soltó una pregunta hiriente sin medir las consecuencias:

__ ¿Por qué tuviste que nacer?

Aunque Aleksei no pronunció aquellas palabras con la intención de destrozarla, la mente de Abril la transportó de inmediato a un recuerdo de su infancia: la imagen de sus primos tirándole del cabello mientras le repetían que nadie la quería porque ella jamás debió haber nacido.

Las piernas de Abril perdieron toda su fuerza. Se desplomó de rodillas sobre el concreto con la mirada completamente vacía. Fue en ese preciso instante cuando Kavinsky comprendió la gravedad de su error.

__ No tengo nada que pensar —rompió ella el silencio tras varios minutos de quietud. Con evidente dificultad, se enderezó y se sacudió la falda—. No me casaría contigo aunque mi vida dependiera de ello.

Sin añadir más, comenzó a descender las escaleras hasta desaparecer de su vista.

Aleksei se quedó estático en los escalones, incapaz de olvidar aquella mirada desasociada.

Era la misma expresión vacía que solían tener las mujeres del refugio que administraban sus padres; mujeres que habían sufrido abusos extremos y que se desconectaban de la realidad como único mecanismo para no seguir sufriendo…