Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 7 #6
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Capítulo 7 #6

Noah caminó hacia el pequeño motel donde había reservado una habitación para aquella noche.

Nada parecido al hotel de Julian.

No le importaba.

Mañana tomaría un avión.

Pasado mañana buscaría trabajo.

Después averiguaría cuánto costaba realmente retomar la formación.

Paso a paso.

Sacó el móvil.

Julian había vuelto a escribir.

Julian: ¿Has terminado?

Noah llamó.

Respondió al primer tono.

—Hola.

—Hola.

—¿Cómo ha ido?

Noah miró hacia atrás.

La cafetería parecía todavía más pequeña desde allí.

—Bien.

—¿Tobias te ha dado problemas?

—Me ha ofrecido mi trabajo otra vez.

Silencio.

—¿Qué le has dicho?

—Que no.

Otro silencio.

—Bien.

—Eso ha sonado muy neutral.

—Estoy haciendo un esfuerzo enorme.

—Lo aprecio.

Siguió caminando.

—He abierto la libreta.

—¿Qué libreta?

—La de aviación.

Julian tardó un instante.

—¿La que llevabas en la bolsa?

—Sí.

—¿Y?

Noah miró el horizonte.

—Mañana voy a empezar a mirar escuelas.

—Bien.

—Yo.

—Lo sé.

—Sin que tú llames a ninguna.

—No pensaba hacerlo.

—Ni enviar correos.

—Noah.

—Ni comprar una.

Silencio.

Noah entrecerró los ojos.

—Jules.

—No iba a comprar una escuela de vuelo.

—Has tardado demasiado.

—Estaba ofendido.

Noah rió.

Entonces oyó algo.

Un ruido lejano.

Rítmico.

Cada vez más fuerte.

Se detuvo.

—¿Qué coño...?

—¿Qué pasa?

Noah levantó la cabeza.

El sonido creció.

—Hay un helicóptero.

Silencio.

Noah frunció el ceño.

—Jules.

La llamada se cortó.

Noah miró la pantalla.

—¿Julian?

El helicóptero apareció sobre la línea de árboles.

Negro.

Grande.

Descendía hacia el terreno abierto junto al motel.

Noah se quedó inmóvil.

No.

Imposible.

El rotor levantó una nube de polvo.

Noah se cubrió los ojos con una mano.

—No puede ser.

La aeronave descendió.

Los patines tocaron tierra.

La puerta se abrió.

Y Julian salió.

Noah simplemente lo miró.

Traje oscuro.

Sin corbata.

El pelo completamente destrozado por el viento.

Una mano sujetándose la chaqueta.

Parecía un anuncio publicitario diseñado específicamente para arruinarle la vida.

Noah empezó a reírse.

No podía evitarlo.

Julian avanzó hacia él.

Noah dejó caer la bolsa.

—¿Qué coño haces?

Julian llegó hasta él.

—Hola.

Noah abrió los brazos.

—¡Has venido en helicóptero!

—Sí.

—¡Estábamos hablando por teléfono!

—También.

—¡Podías haberme dicho que estabas ahí arriba!

—Habría estropeado la sorpresa.

Noah lo miró.

—Eres un puto lunático.

—Probablemente.

Noah volvió a mirar el helicóptero.

Después a él.

—¿Por qué?

La sonrisa de Julian disminuyó.

—Porque anoche me pediste que dijera lo que quería.

Noah dejó de reírse.

—Sí.

—Y no lo hice del todo.

Julian parecía nervioso.

Julian.

El hombre que podía hablar delante de trescientas personas sin que le temblara la voz.

—He pasado todo el viaje intentando pensar cómo decir esto sin que suene como una propuesta comercial.

Noah cruzó los brazos.

—Prometedor.

—Cállate.

—Continúa.

Julian respiró.

—No quiero que renuncies a Las Vegas.

Noah sostuvo su mirada.

—Bien.

—Quiero que vayas. Que busques trabajo. Que encuentres un sitio. Que averigües lo de la licencia. Quiero que hagas todo eso que llevas años queriendo hacer.

Se acercó.

—Pero también quiero dejar de fingir que me parece estupendo que mañana te vayas a cientos de kilómetros.

Noah sintió el pulso contra las costillas.

—Jules...

—No he terminado.

Noah cerró la boca.

—No quiero mantenerte.

—Bien.

—No quiero decidir por ti.

—Mejor.

—Y definitivamente no quiero inventarme otro contrato.

—Estamos progresando.

Julian lo fulminó con la mirada.

Noah sonrió.

—Perdón.

Julian exhaló.

—Quiero poder llamarte mañana.

La sonrisa de Noah desapareció.

—Y pasado mañana. Y dentro de una semana.

Otro paso.

—Quiero ir a verte.

Noah tragó saliva.

—Quiero que vengas a verme cuando puedas. Quiero saber si esto funciona cuando no hay una conferencia, ni Richard, ni una habitación de hotel, ni ninguna razón para fingir.

Julian se detuvo frente a él.

—Quiero formar parte de tu vida mientras haces la tuya.

Noah no dijo nada.

Por una vez no tenía ninguna broma preparada.

Julian respiró.

—Quiero ser tu novio.

Silencio.

Noah parpadeó.

—¿Qué?

Julian cerró los ojos un segundo.

—No me obligues a repetirlo.

Una sonrisa empezó a aparecer en la cara de Noah.

—No, no. Creo que no te he oído.

—Noah.

—Hay mucho ruido.

Julian miró hacia atrás.

—El helicóptero está apagado.

—Puede ser el viento.

—Eres insoportable.

Noah ya estaba riéndose.

—Dilo otra vez.

Julian dio el último paso.

—Quiero ser tu novio.

Noah sintió que algo dentro de él cedía.

No como cuando había aceptado cosas porque creía no tener alternativa.

Aquello era precisamente lo contrario.

Podía irse.

Tenía el dinero.

Tenía el billete.

Tenía Las Vegas esperándolo.

Y podía elegir aquello también.

—Vale.

Julian parpadeó.

—¿Vale?

—Sí.

—He alquilado un helicóptero.

—Eso ha sido decisión tuya.

—Noah.

Él rió y le agarró la chaqueta.

—Sí, Jules. Quiero que seas mi novio.

La expresión de Julian le borró la risa.

No porque fuera espectacular.

Porque no lo era.

Fue apenas una sonrisa que apareció demasiado deprisa, demasiado abierta para él.

Sin cálculo.

Noah lo besó.

No fue un beso para demostrar nada.

No había un padre mirando.

Ni Richard.

Ni asistentes a una conferencia.

Ni un contrato que interpretar.

Solo polvo, viento, una cafetería horrible a lo lejos y un helicóptero absurdamente caro a pocos metros.

Noah le rodeó la cintura.

Julian le pasó los brazos por el cuello.