Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 7 #3
81%

Capítulo 7 #3

Tardó unos segundos en orientarse.

Después sintió el peso sobre la cintura.

Noah.

Seguía allí.

Dormía de lado, pegado a su espalda, con un brazo alrededor de él.

Julian miró la hora.

Habían dormido casi una hora.

Tenían que prepararse para la recepción.

Debería despertarlo.

No lo hizo.

Permaneció inmóvil.

El contrato seguía sobre la mesa, aunque nunca hubiese existido en papel.

Tres mil quinientos dólares.

Gastos.

Un billete a Las Vegas.

Domingo.

Fin.

Aquello había sido sencillo cuando Noah no era más que una solución improvisada a un problema.

Ahora Julian podía sentir su respiración contra la nuca.

Recordó:

Ahora me importas.

Cerró los ojos.

Noah se movió dormido y lo estrechó un poco más.

Julian apoyó la mano sobre el brazo que rodeaba su cintura.

El domingo seguía llegando.

Por primera vez desde que había hecho aquella absurda propuesta en la cafetería, deseó que tardara un poco más.

Capítulo 8

Noah despertó porque Julian estornudó.

Abrió un ojo.

Esperó.

Julian arrugó la nariz.

Segundo estornudo.

Noah sonrió.

—Salud.

Julian abrió los ojos.

Durante un instante pareció no saber dónde estaba. Después enfocó a Noah y algo cambió en su expresión.

—Hola.

La voz le salió ronca.

Noah sintió algo desagradablemente cálido en el pecho.

—Hola.

Julian estaba pegado a él.

No cerca.

Pegado.

Una pierna entre las suyas, la cabeza apoyada sobre su hombro y una mano descansando en su abdomen. Noah llevaba un brazo alrededor de su cintura.

Ninguno parecía recordar quién había empezado aquello.

Noah decidió que daba igual.

Julian volvió a cerrar los ojos.

—¿Qué hora es?

Noah buscó el reloj.

—Las ocho y veinte.

Julian abrió los ojos inmediatamente.

—Mierda.

Noah soltó una carcajada.

—Buenos días para ti también.

Julian intentó incorporarse.

Noah cerró el brazo alrededor de su cintura.

—No.

—Tengo una presentación.

—Problema del Julian del futuro.

—El Julian del futuro tiene que estar delante de trescientas personas dentro de menos de cuatro horas.

—Muchísimo tiempo.

—Tengo que revisar las diapositivas.

—Las revisaste anoche.

Julian se quedó quieto.

Noah sonrió.

—Antes.

—Ah.

—Antes de que te distrajeras.

El color empezó a subirle por el cuello.

Noah sintió una satisfacción ridícula.

—No estoy avergonzado.

—No he dicho nada.

—Tu cara sí.

Noah se inclinó y le besó la mandíbula.

Julian cerró los ojos.

—No hagas eso.

—¿Qué?

Otro beso.

—Eso.

—¿Por qué?

Noah bajó hacia su cuello.

Julian soltó aire.

—Porque tengo que levantarme.

—No parece.

—Noah.

—Jules.

Julian giró la cabeza y Noah lo besó.

Despacio.

Sin la urgencia de la noche anterior. Sin esa sensación de que tenían que recuperar algo, demostrar algo o llegar a alguna parte antes de que uno de los dos recuperara el sentido.

Aquello era diferente.

Y Noah todavía estaba intentando decidir si le gustaba más o si simplemente era mucho más peligroso.

Porque ya sabía cómo era Julian cuando perdía el control.

Ahora estaba descubriendo cómo era besarlo medio dormido.

Cómo se sentía tener una pierna suya enredada con la propia.

Cómo sonaba su voz antes del café.

Cómo fruncía el ceño cuando todavía no estaba completamente despierto.

Cosas pequeñas.

Estúpidas.

Precisamente las que podían meterte en problemas.

Julian separó sus labios.

—De verdad tengo que levantarme.

—Cinco minutos.

—Eso dijiste hace diez.

—Entonces cinco más no cambiarán nada.

—Eres una influencia terrible.

—Y todavía no has visto nada.

Julian le acarició la nuca.

Noah cerró los ojos un segundo.

Eso.

Aquello también.

La noche anterior había tenido sus manos por todas partes. Había aprendido cómo tocaba Julian cuando quería provocar una reacción, cuándo dejaba de contenerse, qué podía hacerle perder la respiración.

Pero aquello no se parecía en nada.

Una mano distraída en su nuca.

Sin buscar nada.

Simplemente porque Julian quería tocarlo.

—Noah.

—Mm.

—¿Estás bien?

Abrió los ojos.

—Sí.

—Te has quedado raro.

—Estaba pensando.

—Eso explica muchas cosas.

Noah le pellizcó el costado.

Julian rió y se apartó.

—¡Imbécil!

—Cien dólares.

Julian se quedó mirándolo.

Noah sonrió.

—¿Qué? Las reglas son las reglas.

—Creo que acabas de multarme con mi propio dinero.

—Estoy aprendiendo de los mejores.

Julian negó con la cabeza.

Noah volvió a atraerlo.

Pero esta vez, cuando Julian dijo:

—Tengo que irme.

Noah lo soltó.

—Vale.

Julian empezó a levantarse.

Noah observó cómo buscaba su ropa.

—Jules.

Julian se volvió.

—¿Qué?

Noah estuvo a punto de decir algo.

No sabía exactamente qué.

Quédate.

Ridículo.

Iban a pasar el resto del día juntos.

—Nada.

Julian lo miró un segundo más.

Después sonrió.

—Café.

—Mucho.

—Lo pediré.

Noah volvió a hundirse en la almohada.

Escuchó a Julian caminar hacia el baño.

La puerta se cerró.

Y solo entonces admitió que estaba jodido.

No enamorado.

Todavía no.

Pero jodido.

Muchísimo.

Ver trabajar a Julian resultó ser una experiencia.

Noah sabía que era inteligente.

Había visto el coche.

El reloj.

La suite.

Había escuchado hablar de patentes, prototipos e inversores.

Nada de eso lo había preparado para verlo sobre un escenario.

Julian no se parecía al hombre que aquella mañana había intentado negociar cinco minutos más en la cama.

Llevaba un traje azul oscuro y una corbata que Noah había aprendido a anudar correctamente bajo estricta supervisión.

Espalda recta.

Voz tranquila.

Sin prisas.

Sin titubear.

Una pantalla enorme mostraba imágenes del dispositivo mientras Julian explicaba las modificaciones del nuevo prototipo.

Noah entendió aproximadamente la mitad.

Quizá menos.

Pero entendió lo importante.

Julian sabía exactamente de qué estaba hablando.

Y todos los demás también lo sabían.

Nadie se reía.

Nadie interrumpía.

Nadie lo miraba como al chico extraño de Oakridge.

Lo escuchaban.

Tomaban notas.

Esperaban a que terminara.

Noah sintió una presión inesperada en el pecho.

Orgullo.

La palabra apareció sola.

Esta vez no intentó apartarla.

En un momento, mientras señalaba algo en la pantalla, Julian recorrió brevemente el auditorio con la mirada.

Encontró a Noah.

Solo durante un segundo.

Noah sonrió.

Julian continuó hablando, pero Noah vio el pequeño cambio en su boca.

Y pensó que quizá aquella era la primera vez que alguien lo buscaba entre trescientas personas y Noah podía estar allí.

Sin esconderse.

Sin apartar la mirada.

Sin preguntarse quién estaba observando.

Así que permaneció exactamente donde estaba.

El aplauso fue largo.

Noah se puso en pie.

Julian lo encontró otra vez entre la gente.

Esta vez Noah ni siquiera intentó disimular.

Aplaudió hasta que le dolieron las manos.

Cuando Julian bajó del escenario, tardó casi veinte minutos en llegar hasta él.

Todo el mundo quería hablar.

Preguntas.

Tarjetas.

Felicitaciones.

Una mujer le pidió una reunión.

Dos hombres discutieron con él sobre licencias.

Noah permaneció cerca sin interferir.

Hasta que Julian finalmente consiguió escapar.

—Hola —dijo Noah.

Julian exhaló.

—Hola.

—Has estado increíble.

Julian bajó la mirada hacia su acreditación.

—Ha salido bien.

—No.

Julian levantó los ojos.

—Has estado increíble.

Algo se suavizó en su expresión.

—Gracias.

Noah tuvo ganas de besarlo.

Miró alrededor.

Después se preguntó por qué demonios estaba mirando alrededor.

Le agarró suavemente la nuca y le dio un beso.

No demasiado largo.

Pero tampoco fingido.

Cuando se separó, Julian lo observó.

—¿Eso era necesario?

—Muchísimo.

—Vamos a comer.

Richard apareció antes del postre.

Porque aparentemente el universo odiaba a Noah.

—Whitmore.

Julian ni siquiera levantó inmediatamente la mirada.

—Richard.

—Excelente presentación.

—Gracias.

—Aunque sigo creyendo que estás siendo optimista con los costes de implementación.

—Entonces puedes preguntarlo durante la mesa redonda.

Richard sonrió.

—No hace falta ponerse defensivo.

Noah siguió comiendo.

Había aprendido algo durante aquellas cuarenta y ocho horas.

Julian no necesitaba que lo rescatara cada vez que Richard abría la boca.

De hecho, Julian podía destriparlo perfectamente solo con palabras.

Era bastante entretenido verlo.

Richard miró a Noah.

—¿Te has recuperado de tu heroica muerte de ayer?

—Con rehabilitación intensiva.

Julian tosió.

Noah le dio una palmada en la espalda.

—¿Bien, cariño?

Julian lo fulminó con la mirada.

Richard miró de uno a otro.

—Por cierto, desaparecisteis bastante rápido después del juego.

Noah cogió su vaso.

—Necesitábamos ducharnos.

Julian se puso rojo.

Noah tuvo que mirar el plato para no reírse.

Richard lo vio.

Error.

—Ah.

Aquella única sílaba hizo que Julian levantara la mirada.

—Richard.

—No he dicho nada.

—Tu cara sí.

Noah soltó una carcajada.

Julian lo miró.

—¿Qué?

—Eso te lo dije yo esta mañana.

Richard observaba la conversación con expresión de no entender absolutamente nada.

Bien.

—En fin —dijo—. Solo venía a felicitarte.

—Gracias.

Richard se marchó.

Noah lo siguió con la mirada.

—Eso ha sido decepcionante.

—¿Qué esperabas?

—Más estupidez.

—Dale tiempo.

Noah sonrió.

Después miró a Julian.

—Por cierto.

—¿Qué?

—No necesitabas que dijera nada.

Julian arqueó una ceja.

—¿Sobre Richard?

—Sí.

—No.

Noah asintió.

—Lo sé.

Julian lo observó durante unos segundos.

—Gracias por saberlo.

Aquello significó más de lo que probablemente debería.

Volvieron a la suite poco después de las tres.

Y por primera vez Noah vio las maletas.

No las bolsas de las compras.

Las maletas.

La de Julian estaba abierta sobre un soporte junto al armario. Parte de su ropa ya estaba dentro.

Noah miró hacia su vieja bolsa de lona.

Seguía en el suelo.

La realidad regresó de golpe.

Domingo.

El fin de semana terminaba.

Noah había sabido que ocurriría.

No era una sorpresa.

Sin embargo, durante la mañana había conseguido olvidarlo.

Julian se quitó la americana.

—Tengo que bajar otra vez en media hora.

—Vale.

—Solo es la firma de unas actas y una reunión breve con la organización.

—Vale.

Julian dejó la americana.

Noah seguía mirando su bolsa.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Noah.

Se volvió.

Julian lo conocía demasiado deprisa.

Y eso era un problema.

—Se acaba.

Julian quedó inmóvil.

Noah señaló vagamente la habitación.

—Esto.

—Sí.

La respuesta fue demasiado rápida.