Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

No después de tantos años sintiendo que poner límites significaba convertirse en objeto de burla.

—Gracias.

Noah frunció el ceño.

—Ya hablamos de esto.

—Lo sé.

—No tienes que darme las gracias por no ser un imbécil.

—Quizá quiero hacerlo.

Noah lo observó durante unos segundos.

Después asintió.

—Vale.

Julian miró sus propias manos.

—Y lo de hoy tampoco formaba parte del contrato.

—¿El paintball?

—Quedarte conmigo.

Noah soltó una pequeña risa.

—Claro que sí. Soy tu novio trofeo.

—Noah.

—Jules.

—Había otras personas mirando en algunos momentos. En otros no.

Noah dejó de sonreír.

—¿Qué intentas preguntarme?

Julian no estaba seguro.

—¿Por qué lo hiciste?

—Porque lo estabas pasando mal.

Respuesta inmediata.

Sin adornos.

Julian sintió una presión incómoda en el pecho.

—Podías haberte ido con los demás.

—No quería.

—¿Por qué?

Noah inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Quieres que te diga algo bonito?

Julian se tensó.

—Quiero que me digas la verdad.

Noah lo miró fijamente.

—Porque quería estar contigo.

Silencio.

—No porque me pagues. No porque Richard estuviera mirando. No porque tengamos que convencer a nadie.

Noah se inclinó un poco hacia delante.

—Quería estar contigo.

Julian sintió que el aire de aquella caseta se volvía insuficiente.

—Eso complica las cosas.

—Sí.

—Mucho.

—También.

Julian soltó una risa.

Noah sonrió.

—Pero te gusta.

—¿Qué?

—Que las complique.

—Eres insoportable.

—No has dicho que no.

Julian levantó los ojos.

Noah ya lo estaba mirando de esa manera.

La misma de la habitación.

La misma del probador.

Solo que ahora no había champán.

Ni dinero sobre la mesa.

Ni una cama a medio metro.

Noah se movió.

Despacio.

No hacia Julian.

Solo cambió de posición hasta quedar sentado más cerca.

Dejó espacio entre ambos.

Esperó.

Julian comprendió lo que estaba haciendo.

Noah no iba a cruzar la distancia.

No esta vez.

Despacio.

Julian miró su boca.

Después sus ojos.

Noah permaneció inmóvil.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada.

—Eso es mentira.

Julian se acercó.

Fue él quien lo besó.

Noah tardó una fracción de segundo en reaccionar.

Después una mano subió hasta su mandíbula.

El beso siguió siendo lento.

Durante aproximadamente cinco segundos.

Julian debería haber sabido que aquello no iba a durar.

Noah inclinó la cabeza.

Julian abrió la boca contra la suya.

Y todo lo que habían contenido desde la noche anterior regresó.

Noah lo agarró de la cintura.

Julian se acercó más.

El beso se volvió más exigente.

Más hambriento.

Julian sintió la espalda contra la pared y las manos de Noah firmes en sus costados.

No lo estaba inmovilizando.

Podía apartarse.

No quería.

Le agarró la camiseta.

Noah soltó una respiración áspera contra su boca.

—Jules.

Julian sintió un escalofrío.

—No hables.

Noah sonrió contra sus labios.

—Te gusta cuando...

Julian volvió a besarlo para hacerlo callar.

Funcionó.

Momentáneamente.

Noah le pasó una mano por la espalda y lo atrajo más.

Julian sintió su cuerpo pegado al suyo.

Caliente.

Duro.

Real.

Demasiado real.

Y esta vez no apareció inmediatamente aquella alarma de la noche anterior.

No había una habitación pagada por él alrededor.

Noah no estaba interpretando para nadie.

No había champán.

No había ninguna razón contractual para que estuvieran besándose escondidos en una caseta, cubiertos de barro y pintura.

Noah estaba allí porque quería.

Julian también.

La constatación le hizo perder parte de la prudencia.

Hundió los dedos en el pelo de Noah.

Noah emitió un sonido bajo.

Julian lo sintió más que oírlo.

La mano de Noah bajó por su espalda.

Se detuvo en su cintura.

Esperó.

Incluso ahora.

Julian abrió los ojos.

Noah se había separado apenas unos centímetros.

Respiraba deprisa.

—¿Bien?

Una sola palabra.

Julian asintió.

—Sí.

Noah volvió a besarlo.

Esta vez Julian fue quien lo atrajo.

Noah soltó una risa breve contra su boca.

—Eso ha sido poco despacio.

—Cállate.

—Solo digo...

—Noah.

—Me encanta cuando dices mi nombre así.

Julian lo miró.

Tenía los labios enrojecidos.

El pelo revuelto.

Una mancha de pintura cerca de la mandíbula.

Julian pasó el pulgar por ella.

Noah se quedó quieto.

El gesto cambió algo.

La urgencia se redujo.

No desapareció.

Se volvió más íntima.

Noah giró ligeramente la cara y rozó con los labios el interior de la muñeca de Julian.

Aquello le afectó más de lo que debería.

—Anoche me dijiste que necesitabas tiempo —murmuró Noah.

—Lo sé.

—No quiero que mañana pienses que te he presionado.

Julian sintió una punzada extraña.

—No lo haré.

—¿Seguro?

—He empezado yo.

—Quería oírtelo decir.

Julian negó con la cabeza.

—Eres imposible.

—Y aun así sigues besándome.

—Ese parece ser mi principal error de juicio.

Noah se acercó otra vez.

—Podrías cometerlo de nuevo.

Julian lo hizo.

El siguiente beso no tuvo nada de prudente.

Noah lo recibió con una intensidad que le hizo olvidar durante unos segundos dónde estaban. Julian le agarró la nuca. Noah lo atrajo contra él y el calor entre ambos se volvió difícil de ignorar.

Muy difícil.

Julian se separó para respirar.

Noah apoyó la frente contra la suya.

—Esto de ir despacio es una mierda.

Julian soltó una risa sin aire.

—Fue idea mía.

—Lo sé. Por eso intento no insultarla.

—Lo estás haciendo fatal.

—Estoy haciendo un esfuerzo heroico.

Julian todavía tenía una mano en su nuca.

Noah bajó los ojos hacia su boca.

—Cuando volvamos al hotel...

Julian supo exactamente cómo terminaba esa frase.

El pulso le dio un salto.

—Noah.

—No te estoy pidiendo una respuesta ahora.

Eso lo sorprendió.

Noah acarició su costado con el pulgar.

—Solo quiero que sepas que sigo queriendo.

Julian sostuvo su mirada.

—Yo también.

Noah cerró los ojos un instante.

—Joder, Jules.

—¿Qué?

—No puedes decirme eso y esperar que me comporte.

—Pensaba que tenías un autocontrol extraordinario.

—¿Quién te ha contado semejante mentira?

Julian iba a responder cuando algo golpeó violentamente el marco de la ventana.

Los dos se sobresaltaron.

Una cápsula roja explotó contra la madera.

—¿Pero qué coño...?

Una carcajada llegó desde fuera.

Noah se levantó.

Julian miró por la abertura.

Richard.

Por supuesto.

Estaba a varios metros, con la marcadora levantada.

—¡Pensaba que estabais eliminados! —gritó.

Noah se acercó a la ventana.

—¡Lo estamos, imbécil!

Richard rió.

—¡Pues parecéis muy ocupados para estar muertos!

Noah dio un paso hacia la puerta.

Julian lo agarró del chaleco.

—No.

—Voy a dispararle.

—Estás eliminado.

—Me da igual.

—Noah.

—Una vez.

—No.

—En los dientes.

Julian tuvo que morderse el interior de la mejilla.

—No.

—Te estás riendo.

—No.

—Sí.

Richard volvió a disparar.

La cápsula golpeó la pared.

Noah levantó su marcadora.

—Ahora sí.

Julian se la quitó de las manos.

—¡Eh!

—No vas a iniciar una guerra diplomática en una conferencia médica.

—Él ha empezado.

—Tienes veintisiete años.

—Y una puntería excelente.

Richard se alejó entre los árboles todavía riéndose.

Noah lo siguió con la mirada.

—Lo odio.

—Apenas lo conoces.

—Me bastaron treinta segundos.

Julian dejó la marcadora fuera de su alcance.

Noah se volvió hacia él.

La irritación desapareció casi inmediatamente.

Sus ojos bajaron hacia la boca de Julian.

—¿Dónde estábamos?

Julian soltó una carcajada.

—No.

—¿No?

—Tenemos que volver.

—Al hotel.

—A la conferencia.

Noah hizo una mueca.

—Muchísimo menos interesante.

Julian recogió el casco.

Noah no se movió.

—Jules.

—¿Qué?

Noah se acercó.

Esta vez no lo tocó.

—Lo de antes.

—¿Qué parte?

—Cuando volvamos al hotel.

Julian sintió de nuevo aquel calor bajo la piel.

—Ya veremos.

Noah sonrió.

—Eso no ha sido un no.

—Tampoco ha sido un sí.

—Me sirve.

Julian negó con la cabeza y salió de la caseta.

Noah apareció detrás de él.

—Por cierto.

—¿Qué?

—Tienes pintura aquí.

Julian se volvió.

—¿Dónde?

Noah le pasó el pulgar por la mejilla.

El gesto fue suave.

Después se llevó el dedo manchado de rojo y se lo enseñó.

—Aquí.

Julian lo miró.

Noah sonrió.

Y continuó caminando como si nada.

Julian tardó un segundo en seguirlo.

Aquello era exactamente lo que había intentado evitar.

No el sexo.

Ni siquiera el deseo.

Podía manejar ambas cosas.

Lo que no sabía manejar era que Noah lo hubiera protegido cuando nadie estaba mirando.

Que hubiese esperado a que fuera Julian quien iniciara el beso.

Que comprobara si estaba bien antes de continuar.

Que pudiera pasar de querer dispararle a Richard a limpiarle pintura de la mejilla con una delicadeza absurda.

Julian había querido tiempo para descubrir quién era Noah ahora.

Empezaba a obtener la respuesta.

Y ese era el verdadero problema.

Cada vez le gustaba más.