Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

—Se toma los secretos industriales muy en serio.

Julian miró a Noah.

El muy cabrón.

—Ya lo descubrirás mañana —dijo Thomas.

—Eso me ha dicho él.

Una de las personas de la mesa llamó a Thomas.

Él levantó una mano.

—Venid a sentaros. Tenemos sitio.

Noah miró a Julian.

No sonrió.

No hizo ningún gesto de victoria.

Simplemente esperó.

Julian sintió algo muy parecido al orgullo.

—Nos encantaría.

Veinte minutos después, Noah estaba hablando de motores con el director financiero de Asterion Pharmaceuticals.

Julian apenas participaba.

No lo necesitaba.

Observaba.

Eso era lo extraño.

Noah sabía cuándo hablar.

Cuándo callarse.

Cuándo hacer una pregunta.

No intentaba demostrar que sabía cosas que no sabía.

Cuando la conversación se volvía técnica, escuchaba.

Cuando encontraba algo que entendía, entraba.

Y cuando alguien dirigía una pregunta hacia Julian, Noah se retiraba de la conversación con una naturalidad perfecta.

No era refinamiento aprendido en una tarde.

Era inteligencia social.

Julian había confundido durante años la crueldad adolescente de Noah con estupidez.

No eran lo mismo.

Aquello resultaba incómodo de reconocer.

Thomas se volvió hacia Julian.

—¿Estarás en la recepción de esta noche?

—Sí.

—Busca a Foster. Está interesada en diagnóstico descentralizado.

Julian asintió.

—Pensaba hablar con ella.

—Hazlo antes de la cena.

Información útil.

Muy útil.

—Gracias.

Thomas miró a Noah.

—Y trae a tu pareja. Hace que seas bastante más sociable.

Noah soltó una carcajada.

—Es un trabajo a tiempo completo.

Julian lo miró.

Noah le guiñó un ojo.

Thomas volvió a su conversación.

Julian se inclinó ligeramente hacia Noah.

—¿Cómo has hecho eso?

—¿Qué?

—Esto.

Noah bebió café.

—He trabajado atendiendo gente durante años.

—No es lo mismo.

—También fui quarterback.

Julian guardó silencio.

Noah dejó la taza.

—Tenía que conseguir que veinte tíos con egos gigantes hicieran lo que necesitaba sin que pensaran que les estaba dando órdenes.

Julian lo observó.

Nunca lo había pensado así.

—Y se me da bien la gente —añadió Noah—. Siempre se me ha dado bien.

Eso sí lo sabía Julian.

Precisamente por eso había tenido tanto poder en el instituto.

Noah lo miró.

Debió entender qué estaba pensando.

—Sí —dijo en voz baja—. También lo utilizaba para cosas bastante peores.

Julian no respondió.

Noah tampoco intentó justificarse.

Unos segundos después, Julian apoyó una mano sobre su rodilla debajo de la mesa.

Lo hizo sin pensar.

Noah bajó la mirada.

Después lo miró.

Julian estuvo a punto de retirar la mano.

No lo hizo.

—Has estado increíble —murmuró.

Noah sonrió.

—¿Profesionalmente?

Julian sintió el calor subirle por el cuello.

—No lo estropees.

—Era una pregunta.

—Profesionalmente.

Noah se inclinó un poco más.

—Qué pena.

Julian apretó los dedos sobre su rodilla.

Noah dejó de sonreír.

Ahí estaba otra vez.

Esa corriente inmediata.

Julian retiró la mano.

Noah bajó la voz.

—Despacio.

Julian levantó los ojos.

No había sarcasmo.

Noah estaba recordándole sus propias palabras.

Y respetándolas.

—Sí —respondió Julian.

Noah se acomodó otra vez en la silla.

—Despacio.

Cuando finalmente abandonaron el restaurante, Richard estaba cerca de la entrada.

Los vio salir de la mesa de Thomas Grant.

Su expresión fue suficiente para mejorar considerablemente la mañana de Julian.

Noah también lo notó.

—No mires.

—No estoy mirando.

—Estás disfrutándolo.

—Muchísimo.

Noah soltó una risa.

Julian hizo lo mismo.

Entraron en el ascensor.

Esta vez solos.

Las puertas se cerraron.

Julian apoyó la espalda contra la pared.

—Gracias.

Noah se metió las manos en los bolsillos.

—Ya me has dado las gracias.

—Por lo de Grant.

—Estoy trabajando.

—No.

Noah frunció el ceño.

—¿No?

—Eso ha sido más de lo que te pedí.

Noah se encogió de hombros.

—Quiero que te vaya bien.

La respuesta fue tan sencilla que Julian no supo qué hacer con ella.

—¿Por qué?

Noah lo miró como si la pregunta fuera absurda.

—Porque sí.

—Esa no es una respuesta.

—Pues tendrás que conformarte.

Julian sonrió ligeramente.

Las puertas se abrieron.

Noah empezó a salir.

Julian habló antes de pensarlo.

—Jules.

Noah se volvió.

Julian sintió inmediatamente el ridículo de lo que acababa de hacer.

—¿Qué?

Noah lo miraba.

Esperando.

Julian tragó saliva.

—Puedes llamarme así.

Algo cambió en su cara.

No fue aquella sonrisa provocadora que utilizaba constantemente.

Fue más pequeña.

Casi privada.

—Vale, Jules.

Y siguió caminando.

Julian permaneció dentro del ascensor un segundo de más.

Las puertas empezaron a cerrarse.

Noah metió una mano entre ellas.

—¿Vienes?

Julian salió.

—Sí.

Caminaron juntos hacia el salón principal.

Sus hombros se rozaron una vez.

Ninguno se apartó.

Julian había contratado a Noah porque necesitaba una pareja convincente.

Un hombre atractivo.

Seguro.

Alguien capaz de entrar en una habitación y hacer que las personas miraran.

Eso era lo que había creído estar comprando.

Se había equivocado.

Lo peligroso de Noah no era que todos los demás lo miraran.

Era que Julian empezaba a hacerlo incluso cuando nadie más estaba presente.