Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Richard continuó:

—Aunque empiezo a pensar que este año has venido dispuesto a impresionar. El reloj. La suite. El novio nuevo...

Noah habló por primera vez.

—¿Yo también formo parte del inventario?

Richard sonrió.

—No pretendía...

—Menos mal. Estaba empezando a preocuparme.

Daniel disimuló una sonrisa.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Julian empezó a salir.

Richard le pasó un brazo por los hombros.

—No te pongas susceptible. Estamos entre amigos.

Julian se tensó.

—Richard.

—Vamos. Un café. Me cuentas por qué necesitas otra versión del dispositivo cuando la anterior sigue vendiendo perfectamente y yo prometo no robarte ninguna idea.

—Oferta tentadora.

—Además, quiero saber si este año vas a dignarte a participar de verdad en el paintball.

—No sabía que mi actuación deportiva te quitara el sueño.

—Fue memorable.

Alistair rió.

—Creo que recibió un disparo antes de salir de la base.

—Dos —corrigió Richard.

Julian apretó la mandíbula.

No era importante.

Lo sabía.

Aquellos hombres no eran adolescentes.

Él tampoco.

Pero había algo en el tono.

En la risa.

En tener un brazo no deseado alrededor de los hombros mientras otros hombres se divertían a su costa.

Algo demasiado familiar.

—Cariño.

La voz de Noah llegó a su lado.

Un brazo rodeó su cintura.

Firme.

Julian se encontró separado de Richard con tanta naturalidad que probablemente nadie salvo él comprendió que Noah lo había hecho a propósito.

—Necesito café antes de que empieces a hablar de trabajo —continuó Noah.

Después se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

Su boca permaneció allí apenas un instante.

Suficiente.

Julian sintió que algo dentro de su pecho se aflojaba.

Noah lo miró.

No había burla.

Ni provocación.

Solo una pregunta silenciosa.

¿Bien?

Julian apoyó una mano sobre su pecho.

—Yo también.

Richard los observaba.

—Vaya. Qué domesticado te tienen.

—No lo suficiente.

Julian casi se atragantó.

Noah continuó antes de que pudiera intervenir.

—Pero estoy trabajando en ello.

Alistair rió.

Richard no.

—¿Cuánto lleváis juntos?

—Casi un año —respondió Julian.

Noah lo miró con una expresión que cualquier otra persona habría interpretado como afecto.

Julian reconoció la advertencia.

Recuérdame nuestra propia historia.

Tendrían que repasarla después.

—Los mejores once meses de su vida —añadió Noah.

—Diez —corrigió Julian.

—¿Ves? Lleva la cuenta.

Aquello sí hizo reír a Daniel.

Richard perdió interés.

Por fin.

El restaurante del hotel estaba lleno de asistentes.

Acreditaciones.

Trajes.

Conversaciones demasiado serias para aquella hora de la mañana.

Julian buscó una mesa apartada.

Noah se inclinó hacia él.

—¿Quién importa?

—¿Qué?

—De toda esta gente. ¿Con quién necesitas hablar?

La pregunta lo sorprendió.

—No tienes que hacer nada.

—No he preguntado eso.

Noah miró discretamente alrededor.

—Me estás pagando para ayudarte durante esta conferencia. Así que dime quién importa.

Julian señaló con la mirada hacia varias mesas.

—La mujer de rojo, doctora Elaine Foster. Dirige una red de laboratorios privados. El hombre que está con ella es su director financiero.

Noah asintió.

—¿Más?

—Los dos junto a la ventana trabajan para Orbis Medical.

—¿Te interesan?

—Sí.

—¿Y aquel?

Noah señaló discretamente a un hombre de unos sesenta años que desayunaba acompañado por otras tres personas.

Julian bajó la voz.

—Thomas Grant.

—Por cómo has dicho el nombre, supongo que es importante.

—Presidente de Asterion Pharmaceuticals.

—¿Quieres hablar con él?

Julian miró hacia la mesa.

—Más adelante.

—Eso no ha sido un sí.

—Noah.

—¿Quieres hablar con él?

Julian suspiró.

—Sí.

—Pues vamos.

Julian lo agarró del brazo.

—No.

Noah miró su mano.

—¿Por qué?

—Porque no puedes simplemente acercarte a Thomas Grant mientras desayuna.

—¿Por qué?

—Porque no.

—Argumento sólido.

—Está con su junta.

—Mejor.

—Noah.

Él sonrió.

—Confía en mí.

La frase tuvo un efecto que ninguno de los dos esperaba.

La sonrisa de Noah disminuyó.

Julian lo miró.

Confía en mí.

Después de la noche anterior.

Después de todo.

Noah bajó la voz.

—Solo un poco.

Julian soltó su brazo.

—Como me hagas quedar como un idiota...

—Trescientos dólares.

Julian lo miró.

Noah sonrió.

—¿Ves? Aprendo rápido.

Y empezó a caminar.

Julian no tuvo más remedio que seguirlo.

Noah no abordó a Thomas Grant.

Eso fue lo primero que sorprendió a Julian.

Se detuvo cerca de la mesa del bufé.

Cogió una taza.

Esperó.

Observó.

Julian se colocó a su lado.

—¿Qué haces?

—Esperando.

—¿A qué?

—A que deje de hablar.

Julian lo miró.

Noah ni siquiera volvió la cabeza.

—Si entro mientras está contando algo, soy el pesado que interrumpe. Si espero a que termine y se levante a buscar café, soy el tipo simpático que casualmente estaba aquí.

Julian parpadeó.

—Eso es...

—¿Inteligente?

—Manipulador.

—También.

Thomas Grant se levantó.

Noah sonrió.

—Ahí vamos.

—Noah...

Demasiado tarde.

—Señor Grant.

El hombre se volvió.

Noah no intentó estrecharle la mano inmediatamente.

Otro detalle que Julian notó.

—Perdone —continuó—. No quería interrumpirle mientras desayunaba. Soy Noah Beck.

Thomas lo miró con curiosidad.

—Encantado.

Noah señaló hacia Julian.

—Estoy acompañando a Julian Whitmore este fin de semana.

El reconocimiento fue inmediato.

—Whitmore.

Julian se acercó.

—Thomas.

Se estrecharon la mano.

—No sabía que venías este año —dijo Thomas.

—No me perdería la conferencia.

—He oído que presentas mañana.

—Una actualización del sistema.

Noah cogió tranquilamente su café.

—Lleva dos días negándose a contarme qué tiene de especial, así que supongo que debe de ser bueno.

Thomas rió.

—¿Ni siquiera a ti?