Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 4 #3
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Capítulo 4 #3

Y quería saber qué más había debajo de aquel control.

Noah cerró los ojos otra vez.

Mala idea.

Cambió de pensamiento.

Las Vegas.

Tres mil quinientos dólares.

Un billete.

Una nueva vida.

Eso era real.

En unos días podía estar lejos de Oakridge.

Buscar trabajo.

Volver a ahorrar.

Quizá incluso recuperar el plan que había abandonado.

Aviación.

La palabra seguía provocándole algo.

Dolor, principalmente.

Pero no solo eso.

Durante años había pensado en aquel sueño como algo muerto.

Tal vez no lo estaba.

Noah se quedó mirando el agua.

Julian tenía razón en algo que Noah no quería admitir.

Había ocurrido demasiado en un solo día.

Por la mañana estaba sirviendo café.

Por la noche estaba desnudo en la bañera de una suite de lujo después de besar al chico al que había atormentado en el instituto.

Cualquiera necesitaría tiempo para procesarlo.

Y Julian tenía todavía más razones.

Noah apoyó la cabeza contra el borde.

Recordó lo que había dicho.

Tú has tenido nueve años para convertirte en otra persona. Yo he tenido unas horas para conocerla.

Cabronazo.

Era una frase demasiado buena.

Y demasiado cierta.

Noah permaneció en el baño hasta que el agua empezó a enfriarse.

Cuando salió, llevaba únicamente una toalla alrededor de la cintura.

Abrió la puerta.

La habitación estaba en penumbra.

Julian seguía despierto.

Estaba sentado contra el cabecero, mirando el teléfono.

Levantó los ojos.

Y dejó de mirar el teléfono.

Noah se detuvo.

La mirada de Julian bajó.

Pecho.

Abdomen.

Toalla.

Volvió arriba.

Noah sintió regresar inmediatamente todo lo que llevaba media hora intentando calmar.

—No digas nada —advirtió Julian.

—No he abierto la boca.

—Pero vas a hacerlo.

—Estabas mirando.

—Estabas bloqueando la puerta.

—Con los ojos, Julian.

Julian dejó el teléfono sobre la mesilla.

—Ponte algo.

—¿Por qué?

—Porque quiero dormir.

Noah apoyó un hombro contra el marco.

—No parece que tengas sueño.

Julian lo fulminó con la mirada.

Noah disfrutó demasiado.

—Voy a vestirme.

Cogió los pantalones de pijama de una bolsa.

Después miró a Julian.

—¿Te importa?

—¿Qué?

—Que me cambie.

Julian lo miró fijamente.

—Hay un baño justo detrás de ti.

—Lo sé.

—Úsalo.

Noah sonrió.

—Cobarde.

—Noah.

—Vale.

Volvió al baño riéndose.

Cuando salió vestido, Julian ya se había acostado.

Había dejado libre la otra mitad.

Noah miró el sofá del salón.

Después la cama.

—¿Seguro?

—Es una cama enorme.

—Podría dormir fuera.

Julian abrió los ojos.

—¿Quieres dormir fuera?

Noah pensó en ello.

—No.

—Entonces métete.

Noah obedeció.

Se acostó en el extremo opuesto.

El colchón se hundió ligeramente bajo su peso.

Apagaron la última luz.

Oscuridad.

Silencio.

Noah cerró los ojos.

Duró aproximadamente veinte segundos.

—Julian.

Un suspiro.

—¿Qué?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Depende.

—¿Cuántos novios has tenido?

Silencio.

—Dos.

Noah abrió los ojos.

—¿Serios?

—Sí.

—¿Y hombres que no fueran novios?

—Buenas noches, Noah.

—Era una pregunta perfectamente legítima.

—No.

—¿Muchos?

—Duerme.

Noah sonrió en la oscuridad.

—Eso significa muchos.

—Significa que no es asunto tuyo.

—Dentro de unas horas voy a fingir ser tu pareja. Necesito conocer tu historial.

—No necesitas absolutamente ningún dato de mi historial sexual.

—Entonces sí son muchos.

Julian se movió entre las sábanas.

Noah se rió.

—Buenas noches.

—Por fin.

Noah volvió a cerrar los ojos.

Esta vez llegó casi al minuto.

—Julian.

—Te juro que voy a cobrarte por cada pregunta.

—No era una pregunta.

—¿Qué quieres?

Noah dudó.

—Gracias.

Silencio.

—¿Por qué?

Noah miró hacia el techo que apenas distinguía.

—Por haber parado.

Julian no respondió inmediatamente.

—No tienes que agradecérmelo.

—Ya lo sé.

Noah tragó saliva.

—Pero creo que yo no habría parado.

Eso era lo que había comprendido en la bañera.

No porque quisiera ignorar a Julian.

Porque había estado demasiado metido en el momento para pensar en el día siguiente.

Julian sí había pensado por los dos.

—Tú habrías parado si te lo hubiese pedido —dijo.

Noah volvió la cabeza hacia su lado de la cama.

No podía verlo bien.

—Sí.

—Entonces basta.

Noah permaneció callado.

—Buenas noches —murmuró Julian.

—Buenas noches.

Pasaron unos segundos.

Noah sonrió.

—Aunque sigo pensando que podríamos haber usado la bañera juntos.

Julian le lanzó una almohada.

Noah la atrapó contra el pecho mientras se reía.

—¡Violencia doméstica! Y ni siquiera llevamos un año juntos.

—Cállate.

—Esto va a quedar fatal en la conferencia.

—Noah.

—Ya paro.

Dejó la almohada entre ambos.

Se acomodó.

Y esta vez sí cerró los ojos.

Por primera vez en tres años, no sabía dónde estaría la semana siguiente.

No tenía empleo.

No tenía casa.

Todo lo que realmente poseía cabía en una vieja bolsa de lona.

Y el hombre que dormía a menos de un metro de él tenía más motivos para odiarlo que para confiar en él.

Debería haber estado aterrorizado.

Quizá lo estaba un poco.

Pero debajo del miedo había otra cosa.

Movimiento.

Después de tres años viendo pasar su vida desde detrás del mostrador de Tobias, Noah por fin iba hacia alguna parte.

Y, al menos durante los próximos dos días, iba hacia allí con Julian.