Prohibido Fingir (PROHIBIDO #4) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Noah había conducido coches potentes antes. Había trabajado algunos meses en un taller y desde niño podía desmontar prácticamente cualquier motor que le pusieran delante.

Pero aquello era otra cosa.

No necesitó más de unos segundos para acostumbrarse al embrague. Sacó el coche de la plaza, recorrió apenas unos metros y lo dejó bajo la sombra del lateral.

Una parte infantil de él deseó que Julian hubiera aparcado a cinco kilómetros.

Al apagar el motor permaneció sentado un momento.

El olor del interior era limpio, caro y ligeramente familiar.

La colonia de Julian.

Noah apoyó las manos en el volante.

Lovelace.

Joder.

Había pensado en él alguna vez después del instituto.

No muchas.

O eso prefería creer.

Julian había sido el primer chico abiertamente gay que Noah había conocido.

También había sido el primero al que había mirado demasiado.

Noah no tenía ninguna excusa para lo que hizo entonces.

Durante años había intentado fabricarse algunas.

Que tenía miedo.

Que sus compañeros estaban delante.

Que a los dieciocho años habría preferido arrancarse un brazo antes que reconocer que deseaba a otro hombre.

Todo era cierto.

Nada hacía que lo ocurrido fuese menos miserable.

Lo de las duchas había sido lo peor.

A veces todavía recordaba la expresión de Julian.

Noah había entrado allí con una idea completamente distinta en la cabeza. Una fantasía idiota de adolescente: pillarlo solo, provocarlo, encontrar una excusa para acercarse demasiado y ver qué ocurría.

Después aparecieron dos compañeros.

Luego cuatro.

Y Noah hizo lo que mejor sabía hacer por entonces.

Convertir el miedo en crueldad antes de que alguien pudiera sospechar de él.

Salió del Porsche.

No había pensado en aquello durante mucho tiempo.

Julian acababa de asegurarse de que volviera a hacerlo.

Cuando regresó, Tobias seguía pegado a la televisión.

Julian estaba sentado en uno de los taburetes de la barra.

Noah dejó las llaves delante de él.

—Ni un arañazo.

Julian cogió las llaves.

—Nunca dudé de ti.

—Mentiroso.

—¿Siempre discutes con tus clientes?

—Solo con los que me dan órdenes.

Noah cogió una taza.

—¿Solo?

—Sí.

—¿Azúcar?

—No.

—¿Leche?

—No.

—Qué hombre tan emocionante.

Preparó el café.

Notaba los ojos de Julian sobre él.

Intentó ignorarlo.

No pudo.

—¿Qué?

—Nada.

—Llevas mirándome desde que he entrado.

—Tú me has mirado bastante desde que llegué.

Noah dejó la taza delante de él.

—Tu coche llama la atención.

Julian miró deliberadamente hacia el ventanal.

—Mi coche está fuera.

Noah se apoyó en la barra.

—Tú también llamas un poco la atención.

Ahí estaba.

Ya lo había dicho.

Julian levantó la taza, pero Noah alcanzó a ver la sombra de una sonrisa.

—Eso es nuevo.

—¿El qué?

—Que admitas que te gusta mirar a un hombre.

Noah perdió la sonrisa.

Julian bebió un sorbo.

—Aunque supongo que ahora puedes hacerlo.

Noah cruzó los brazos.

—¿Qué significa eso?

—Nada.

—No ha sonado a nada.

Julian dejó la taza.

—No he venido a discutir contigo.

—Pues se te da bastante bien.

—Tampoco he venido por casualidad.

Aquello hizo que Noah se enderezara.

—¿Cómo?

Julian no respondió inmediatamente.

Metió una mano en el bolsillo y sacó la cartera.

Dejó un billete sobre la barra.

Cien dólares.

Noah miró el dinero.

—El café cuesta dos.

—Quédate el cambio.

—¿Intentas impresionarme?

—¿Funciona?

Noah cogió el billete y lo sostuvo entre dos dedos.

—Necesitarás más ceros.

Julian soltó una risa.

La primera de verdad.

Fue breve, pero transformó completamente su cara.

Noah tuvo que apartar la mirada.

Joder.

—Sigues siendo igual de arrogante —dijo Julian.

—Y tú has aprendido a sonreír.

—Lo hacía antes.

—No cuando yo estaba cerca.

El silencio cayó entre ellos.

Esta vez Noah no intentó llenarlo.

Julian tampoco.

La televisión seguía sonando al fondo. Un camión pasó por la carretera haciendo vibrar ligeramente los cristales.

Julian hizo girar la taza entre las manos.

—¿Por qué?

Noah supo inmediatamente de qué hablaba.

—Julian...

—No necesito una disculpa.

—Pues deberías tenerla.

Julian levantó los ojos.

Noah tragó saliva.

—Fui un gilipollas.

—Eso ya lo sabía.

—Y un cobarde.

Aquello sí pareció sorprenderlo.

Noah se pasó una mano por el pelo.

Había cosas que no había dicho en voz alta ni siquiera después de salir del armario.

Pero quizá Julian tenía derecho a una de ellas.

—Me gustabas.

Julian no se movió.

—¿Perdona?

Noah soltó aire.

Ya estaba.

—Me gustabas en el instituto.

—Me tiraste vestido bajo una ducha helada delante de seis personas.

—Sí.

—Una forma peculiar de ligar.

Noah bajó la vista.

—No estaba intentando ligar contigo cuando ocurrió eso.

Julian guardó silencio.

—Al principio sí —admitió Noah—. Había ido a buscarte porque sabía que solías cambiarte más tarde que los demás. Pensaba...

Se detuvo.

Qué patético sonaba ahora.

—¿Qué pensabas?

Noah soltó una risa seca.

—Que conseguiría estar a solas contigo. Que podría provocar algo. No lo sé. Tenía dieciocho años y era imbécil.

—Y aparecieron tus amigos.

Noah asintió.

—Y me entró miedo.

—Así que decidiste humillarme.

Noah levantó la mirada.

—Sí.

No había una versión bonita.

Ni pensaba inventarla.

—Lo siento.

Julian lo sostuvo con la mirada durante tanto tiempo que Noah empezó a desear que dijera cualquier cosa.

Finalmente, preguntó:

—¿Eres gay?

Noah casi se rió.

—Muchísimo.

Por primera vez, Julian pareció descolocado.

Noah sonrió ligeramente.

—¿Qué? ¿Esperabas una confesión más dramática?

—No esperaba ninguna confesión.

—Pues ahí la tienes.

—En Oakridge salías con Rachel Moore.

—También salí con Jessica, Ashley y una chica llamada Brooke cuyo apellido no recuerdo.

—Convincente.

—Me esforzaba.

Julian volvió a estudiar su cara.

—¿Cuándo saliste del armario?

—Hace tres años.

La expresión de Noah cambió antes de que pudiera impedirlo.

Julian lo percibió.

—¿Qué pasó?

—Lo habitual.

—No sé qué es lo habitual para ti.

Noah miró hacia Tobias.

Seguía viendo la televisión.

—Mi padre me dijo que no quería un hijo maricón. Mi madre lloró. Kevin me dijo que me largara antes de que papá me sacara él mismo.

Julian no dijo nada.

—Así que me largué.

—¿Y acabaste aquí?

—No directamente.

Noah se encogió de hombros.

—Hubo varios trabajos de mierda antes de alcanzar este prestigioso puesto.

Julian miró alrededor de la cafetería.

—Ya veo.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—La de sentir pena por mí.

—No siento pena por ti.

—Bien.

—Estoy intentando entenderlo.

Aquello lo hizo callar.

Noah jugueteó con el borde del trapo.

—Tenía dinero ahorrado. Bastante, en realidad. Quería entrar en una escuela de aviación.

—¿Querías ser piloto?

—Quiero ser piloto.

La corrección salió de forma automática.

Julian se fijó en ella.

—¿Y qué pasó con el dinero?

Noah rió sin humor.

—Kevin.

—¿El mismo hermano?

—El mismo hijo de puta.

No explicó más.

No quería.

Julian pareció entenderlo.

Bebió el último sorbo de café y dejó la taza.

—Tengo que ir a una conferencia este fin de semana.

Noah parpadeó.

El cambio de tema era tan brusco que tardó un momento en seguirlo.

—Enhorabuena.

—Necesito acompañante.

—Contrata una escort.

—Necesito un hombre.

Noah arqueó las cejas.

—También existen.

—Necesito que parezca mi pareja.

Noah lo observó.

—Eso ya es más específico.

—Lo es.

—¿Y por qué me lo cuentas?

Julian apoyó los antebrazos sobre la barra.

—Porque estoy ofreciéndote el trabajo.

Noah se quedó mirándolo.

Luego soltó una carcajada.

Julian no se rió.

Noah dejó de hacerlo.

—Hablas en serio.

—Completamente.

—Quieres que finja ser tu novio.

—Pareja.

—¿Hay alguna diferencia?

—La palabra novio podría darte ideas.