Los síntomas
Se ha largado hecha una furia, y juraría que antes de irse ha estado a punto de darme un puñetazo, y no me extraña porque lo de los hongos vaginales ha sido demasiado, incluso para mí.
En mi defensa diré que es lo primero que se me ha venido a la cabeza, imagino que habrá sido por deformación profesional.
Debo reconocer que ha sido verlos juntos y algo se me ha removido por dentro, era como una sensación desagradable, irritante, que me ha hecho comportarme como un verdadero capullo.
Alzo la vista intentando localizarla de nuevo, pero hay demasiada gente.
Comienzo a andar entre la multitud buscándola.
Y nada. No la encuentro. Entonces caigo en la cuenta de que tampoco veo a Charles desde hace más de una hora, lo cual me sorprende bastante porque no es propio de él.
De mí sí, yo sí suelo escaquearme, sobre todo si aparece alguna chica exuberante con la intención de que pasemos un buen rato juntos.
Pero Charles es mucho más retraído a la hora de ligar y no porque le falte físico, sino porque siempre dice que busca algo más que diversión.
Mi amigo es de esos seres que aún creen en el amor verdadero.
Vaya majadero.
Al final siempre acabamos discutiendo porque yo le digo que lo que busca solo le dará problemas, que lo que necesita es divertirse más y dejarse de tanta tontería, pero no hay manera de que entre en razón.
Y él siempre acaba sermoneándome con lo contrario, diciéndome con ese tonito sabelotodo que saca a veces: «Te estás dejando arrastrar por lo que te pasó.
Pero no te preocupes, amigo, ya te llegará la que te haga cambiar de opinión».
Como si eso fuera a pasar.
Sería como dejar que me lobotomizaran sin anestesia.
En la vida. En la puta vida.
Continúo andando entre la gente buscándola, hasta que de repente noto que alguien me agarra del brazo.
Me giro pensando que será ella, pero a quien encuentro es a una chica despampanante que me sonríe con descaro, presentándose.
Me siento tentado a decirle mi nombre por pura cortesía y señalarle que tengo que marcharme porque me están esperando, pero la chica no me da tregua y sigue hablándome sin parar mientras yo hago un ejercicio de contención por parecer que la escucho.