Profesora Morley (Eleanor Morley 2) Capítulo 29
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Capítulo 29

—¿Se ha tragado las monedas? —pregunta Nora, apareciendo al lado de Eleanor cuando esta está parada frente a la máquina de café.

La exrectora mira un momento a la pelirroja y después a la máquina, para comprobar que su café ya ha salido y que esa ha sido la manera sutil de Nora para decirle que se ha distraído, que coja su café y se aparte del medio.

—Lo siento —dice Eleanor, cogiendo su vaso.

Nora sonríe y aprieta el botón, y Eleanor se fija en que no ha sacado lo que le gusta a Julia, pero la profesora todavía no ha llegado, así que probablemente le sacará un café después y ella no podrá evitar que la consuman los celos.

Hay poca gente en la sala de profesores a esta hora; es miércoles a las ocho y cuarto de la mañana y quedan veinte minutos para la reunión interdepartamental que las dos tienen en el mismo edificio y que Eleanor supone que es el motivo por el que Nora está aquí también.

—¿Cómo va el semestre? —pregunta Nora, con esa naturalidad suya que Eleanor ha aprendido a interpretar como sincera, aunque al principio le parecía excesiva.

—Bien —dice Eleanor—. Mejor de lo esperado.

—Algunos alumnos están eufóricos con tus clases —dice Nora.

Eleanor no sabe qué decir, pero se siente halagada y sabe que Nora no lo dice para caerle bien, lo dice porque es cierto. Eleanor ha empezado a disfrutar de sus clases y, con ello, deja salir todo su potencial, y algunos alumnos están alucinados.

—Supongo.

—Ya… oye —dice Nora, y Eleanor frunce el ceño, porque por su tono intuye que ahora no van a hablar de ningún alumno.

—Dime.

Nora coge su café, le da un sorbo y lo deja sobre la mesa, metiendo las manos bajo las axilas cuando se acerca un poco más a la exrectora.

—No sé los detalles —empieza a decir, mirando a Eleanor a los ojos—. Y no necesito saberlos, pero sé que entre tú y Julia hay algo que no ha terminado.

Eleanor no responde porque no está segura de qué hacer.

Por un momento, ha sentido pánico al ver expuesta su condición sexual, algo que la habría alterado mucho hace un año, pero que ahora se le pasa de inmediato cuando descubre que no le importa.

Le da igual quién se entere; como mucho, dará parte de su relación al consejo —en caso de haberla— y seguirá con su vida sin preocuparse de lo que piensen los demás.

Mira a Nora fijamente, porque una cosa es lo que ella pueda sentir y otra que esta mujer se meta en su vida.

Su instinto le dice que la mande a paseo y le diga que se ocupe de sus asuntos, pero, por otro lado, Nora es amiga de Julia, y si Julia ha confiado en ella y la pelirroja quiere protegerla, Eleanor escuchará lo que tenga que decir.

—Julia es mi amiga —sigue Nora, con un tono tranquilo, sin reclamar nada—.

Y quiero que sea feliz. Si eso es contigo, genial —hace una pausa, y Eleanor sopla su café mientras la escucha—, pero no la hagas esperar más de lo que ya la has hecho esperar, Eleanor.

Porque la próxima vez podría no estar ahí.

El café está demasiado caliente y Eleanor lo sujeta con las dos manos de todas formas, porque necesita hacer algo con ellas mientras procesa que Nora Walsh le está diciendo esto.

La reacción que habría tenido hace seis meses sería la sequedad absoluta.

Alguna respuesta que cerrara la conversación con suficiente cortesía —o ninguna— pero con frialdad para que no volviera a abrirla.

Tampoco es la reacción que tiene ahora.

—Tienes razón —dice Eleanor.

Nora la mira, sorprendida.

—Y te agradezco que la hayas cuidado cuando yo no supe hacerlo —sigue la exrectora—. No era tu responsabilidad y lo hiciste de todas formas.

Nora tarda un momento en responder, como si la respuesta de Eleanor fuera diferente a la que esperaba y necesitara un segundo para procesarla.

—Para eso estamos las amigas —dice al fin, con una pequeña sonrisa—. Las que somos solo amigas, digo.

El lado derecho de la boca de Eleanor se curva hacia arriba a pesar de que no quiere sonreír, pero, como le dijo a Julia anoche, Nora Walsh es irritantemente encantadora.

—Me alegro de que Julia te haya conocido —dice Eleanor.

Nora baja la mirada una fracción de segundo antes de volver a subirla, pero a Eleanor le basta con ese gesto de derrota para confirmar que a Nora le gustaría ser algo más que una amiga para Julia.

—Gracias —dice Nora.

—¿Me tengo que preocupar por ti? —pregunta Eleanor con calma.

Intenta no utilizar el tono amenazante ni la mirada intimidante que habría empleado hace unos meses, pero no lo consigue, porque ella es Eleanor Morley y hay cosas que no puede cambiar.

Nora la mira directamente a los ojos y esboza una ligera sonrisa, porque sabe quién es esta mujer y la reputación que tiene, pero a ella no le da miedo.

—No. Puedes estar tranquila. No me interesa perseguir a alguien que está enamorada de otra persona; creo que me merezco a alguien que me mire como Julia te mira a ti.

Eleanor no sabe qué decir; incluso siente lástima por ella, a pesar de que en algún momento ha llegado a odiarla.

—No dudo de que sea así —dice Eleanor—. Espero que encuentres a esa persona.

Nora se ríe y asiente, con esa risa fácil que Eleanor lleva semanas viendo desde lejos y que de cerca le parece cálida y no una amenaza.

—Hola —Julia entra en la sala y Eleanor se gira y le hace un gesto a modo de saludo.

Por un momento, llega a temer que la profesora haya cambiado de opinión respecto a ellas, pero cuando Nora la saluda, Julia se acerca a ambas y no hay ni rastro de la frialdad ni de la incomodidad que sentía en presencia de Eleanor.

—¿Café solo? —pregunta Nora por costumbre.

—Sí, por favor —dice Julia, y levanta una ceja cuando mira a Eleanor.

Ella da un sorbo a su café y la mira por encima del vaso con esos ojos verdes en los que Julia suele perderse.

—El de esta máquina no está tan caliente como te gusta —apunta Eleanor.

Julia se ríe. Le gusta que Eleanor esté celosa de Nora, aunque sepa que entre ellas no hay nada, porque eso es una prueba más de que la sigue queriendo.

—Puedo calentártelo en el microondas —dice Nora, más por provocar un poco a la exrectora que porque pretenda hacerlo.

—No es necesario, gracias —dice Julia, y ella y Nora se ríen con complicidad mientras Eleanor resopla.

La reunión empieza con cinco minutos de retraso porque Vancy no encuentra el orden del día. Julia y Nora se han sentado en la primera fila y Eleanor en la segunda, con el café ya tibio y la cabeza en otro sitio.

No está pensando en Nora, sino en lo que esa mujer pelirroja le ha dicho.

No la hagas esperar más de lo que ya la has hecho esperar.

Nora lo ha dicho sin resentimiento, y Eleanor piensa que Julia tiene razón en querer a esta mujer, aunque no sea de la manera que Nora habría querido. Vancy encuentra el orden del día y Eleanor mira la primera página sin leerla.

Lleva semanas viendo a Nora como un problema.

Una amenaza y la alternativa más cómoda, porque Eleanor nunca ha sido la opción fácil y probablemente no va a aprender a serlo a los cincuenta y un años.

La profesora pelirroja sabe cómo toma el café Julia, está disponible y no arrastra el historial que carga ella, pero Nora acaba de decirle que cuide a Julia, y no lo ha hecho porque le sobre la generosidad ni porque sea una mártir.

Lo ha hecho porque es el tipo de persona que es, alguien que quiere a sus amigas y actúa en consecuencia, aunque el resultado no le favorezca.

Incluso ahora, viéndola sentada al lado de la mujer a la que Eleanor quiere, entiende que Nora Walsh no es el problema y nunca lo ha sido.

El problema siempre ha estado en el mismo sitio, en el interior de Eleanor, en la voz que le dice que no es suficiente, que el amor hay que ganárselo, que desaparecer es más seguro que quedarse y descubrir que la quieren como es.

Vancy empieza a hablar del primer punto del orden del día, pero Eleanor lo escucha de fondo mientras piensa en Julia y en el giro que dio todo la noche anterior.

No tiene que competir con Nora. No tiene que ser mejor ni más sencilla ni llegar antes.

Solo tiene que ser la persona que está aprendiendo a ser, la que va a terapia los martes y deja artículos en casilleros sin pedir nada a cambio, y la que esperará lo que haga falta hasta que Julia esté segura de que no volverá a desaparecer.

La reunión termina cuarenta minutos después y la gente sale en grupos hacia el pasillo.

Nora pasa junto a Eleanor con el portátil bajo el brazo y le hace un gesto con la cabeza a modo de despedida.

Eleanor le devuelve el gesto y la pelirroja desaparece por el pasillo.

Ella se queda un momento en la sala mientras los últimos profesores salen, con el vaso de café vacío en la mano y la tentación de acercarse a Julia y preguntarle si le apetece comer con ella después, pero se recuerda que el ritmo debe ser el de Julia y no el suyo, aunque se muera de ganas de pasar tiempo con ella.