Profesora Morley (Eleanor Morley 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

—Siento llegar tarde. ¿Habéis cenado ya? —pregunta Julia cuando Grace abre la puerta.

—No somos tan maleducadas, pasa —dice la abogada, haciéndose a un lado.

Julia entra y deja el bolso en el perchero, sintiendo que sus tripas se revuelven de hambre cuando le llega el olor desde la cocina, donde Natalie está al mando de los fogones.

—Hola —dice Julia, besando la mejilla de Natalie mientras esta sigue con lo suyo.

—Hola, esto ya está listo, ¿tienes hambre?

—Como si llevara días sin comer —afirma Julia con dramatismo.

Preparan la mesa y empiezan a comer en cuanto Natalie reparte la comida.

—¿Cómo estás? —pregunta Grace mirando a Julia.

Julia se pasa una mano por el pelo y se lo piensa antes de responder.

—Rara —admite—, pero no para mal.

Grace y Natalie se miran sin decir una palabra, esperando a que siga.

—He notado un cambio importante en tu madre que se mantiene en el tiempo, un cambio para bien —dice mirando a Grace—. Lleva semanas así y ya no sé qué hacer con eso.

—¿Qué tipo de cambios? —pregunta Natalie.

—Cosas pequeñas, detalles que otra persona a lo mejor no notaría, pero para mí es muy importante que me haya dejado mi espacio y que, al mismo tiempo, haya estado ahí.

El otro día, por ejemplo, tuve la reunión para defender mi seminario.

Eleanor podría haberse lucido cuando Hale le preguntó y podría haberla aplastado con esos argumentos suyos tan difíciles de desmontar, pero no lo hizo, se mantuvo al margen y dejó que me defendiera yo sola.

—¿Y era lo que querías? —pregunta Grace—. No sé, si su intervención podía salvar tu programa…

—Yo no quiero que me salve de nada, Grace, solo quiero que me apoye, saber que si la necesito está ahí, pero sin imponerse.

Grace asiente, comprendiendo.

—Se esfuerza —dice Natalie.

—Sí, lo hace. Son detalles minúsculos, pero son cosas que hace cada día sin pedirme nada a cambio y que sé que para ella son más difíciles que para cualquiera.

—¿Y eso te molesta? —Grace no termina de entender del todo, y Natalie le besa la cabeza con ternura, porque ella sí comprende a Julia.

—No me molesta, me descoloca —aclara Julia—.

Estaba preparada para que tu madre buscara alguna excusa para acercarse, o para que aprovechara cualquier oportunidad para hablar y convencerme de que debo perdonarla.

Eso es lo que hacía antes, elegía las palabras adecuadas, y a tu madre se le dan muy bien, y exponía sus razones de manera que era muy difícil rebatirlas.

A esa Eleanor la conocía y sabía cómo manejarla; esta nueva versión no la tengo catalogada.

—Es diferente —dice Grace, que sabe que su madre lo intenta.

—Es lo que siempre quise que fuera —corrige Julia—. Una mujer presente, que está ahí solo porque quiere estar, y no sé si fiarme de eso o esperar a que se le pase y vuelva a desaparecer.

—No creo que tengas que decidir nada ahora —dice Grace—. Solo tienes que preguntarte si estás dispuesta a perdonarla. El resto llegará después o no lo hará, pero eso es lo primero.

—Estoy de acuerdo —interviene Natalie—. Hasta que no sepas si estás dispuesta a perdonarla, no podréis tener una conversación donde la pongas a prueba y expongas todas tus dudas.

—¿Y si la perdono y vuelve a hacerlo?

—Yo he hablado mucho con ella últimamente —dice Grace—. Y no puedo prometerte que no lo haga, porque eso no lo sé, pero sí sé que te quiere y que es mucho más fuerte ahora que cuando llegó.

Natalie rellena las copas de vino mientras Julia tiene la mirada clavada en la mesa, pensando en lo que Grace ha dicho.

—Sigo enamorada de ella, supongo que eso no es ningún secreto.

Grace asiente.

—Nunca dejé de estarlo —aclara—, y eso me enfurece, porque estaba muy rabiosa y terriblemente enfadada. Tanto que me molestaba que Nora no me gustara. Querría que lo hubiera hecho, que esos dos meses de silencio de tu madre lo hubieran matado todo, pero no lo hicieron.

Grace y Natalie permanecen en silencio porque Julia sigue sin mirarlas, hablando como si también necesitara sacar esto de su interior antes de recomponerse del todo.

—La odio un poco por eso —dice con una sonrisa triste—. La odio porque me dejó a oscuras y ahora está ahí iluminándolo todo como siempre esperé que hiciera.

Natalie se sobresalta cuando nota la mano de Grace sobre su pierna, buscando unirla con la suya como si las palabras de Julia la estuvieran conmoviendo.

—Y lo peor —sigue Julia, que parece embalada—, es que no puedo ni enfadarme como debería, porque cada vez que intento mantener mi rabia encendida, ella hace algo que lo apaga —coge la copa de vino y da un sorbo, mirando el contenido antes de dejarla sobre la mesa—.

Es agotador querer estar enfadada con alguien que ha dejado de darte motivos.

—Eso —dice Grace señalándola—, es lo más Morley que te he escuchado decir nunca.

Julia la mira, confundida.

—¿Perdona?

—Que te enfadas porque no te da motivos para estarlo —Grace se encoge de hombros—. Mi madre sabría cómo rebatir ese razonamiento, eso seguro.

Julia pone los ojos en blanco, pero después se ríe.

—Bienvenida al club —dice Natalie, también divertida.

—¿Qué club?

—El de las mujeres enamoradas de una Morley —responde con tranquilidad—. Puede ser terrible, pero tiene sus buenos momentos.

Grace coge una servilleta y se la lanza.

Natalie la coge al vuelo mientras le sonríe y Julia las mira a las dos riéndose con fuerza.

Es una risa tranquila que le nace de dentro, de un sitio que antes estaba ocupado por demasiadas cosas que la consumían y que ahora se ha quedado vacío, dejando que se sienta ligera por primera vez en meses.

Se va pasadas las diez. Grace la abraza en la puerta con fuerza y Julia baja las escaleras con una sonrisa que no esperaba tener cuando ha salido de su casa esta tarde.

Cuando llega al coche, sus labios todavía permanecen estirados y su mirada brilla con intensidad cuando se mira en el espejo retrovisor.

No ha decidido nada todavía. No sabe qué va a hacer ni cuándo ni cómo, tampoco si el perdón que empieza a sentir que es posible va a traducirse en algo concreto o si la distancia que ha mantenido es la correcta y debe seguir manteniéndola.

No sabe ninguna de esas cosas, pero ha dicho en voz alta que sigue enamorada de Eleanor Morley y su mundo no se ha detenido.

Seguirá girando, aunque ella quiera a esa mujer, y por primera vez desde que Eleanor volvió, Julia tiene ganas de verla, y no precisamente para gritarle.