Profesora Morley (Eleanor Morley 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

J ulia lleva tres días sintiéndose rara.

No de forma negativa, más bien como cuando llevas mucho tiempo con algo atravesado en la garganta y de repente ya no está, y el cuerpo tiene que acostumbrarse a respirar sin ese obstáculo.

Se siente más ligera, aunque eso no le gusta mucho porque significa que alguno de los muros que había levantado se ha caído y las barreras que le impedían interactuar con Eleanor están empezando a desaparecer.

Y ella quiere perdonarla, pero no tan pronto.

—¿Qué tal todo? —pregunta Nora, sentándose frente a ella en el bar de siempre, después de haber dejado en la mesa las dos cervezas que ha ido a pedir a la barra.

Esta es la segunda cerveza, la primera se la han bebido hablando de una investigación que Nora está haciendo y que va mejor de lo esperado.

—Bien —responde Julia.

Nora no dice nada, pero la mira de un modo que hace que Julia sonría y termine confesando.

—Lo estoy —insiste—, pero tuve una conversación complicada hace unos días y todavía la estoy digiriendo.

—¿Con quién? —pregunta Nora, aunque en el fondo ya lo sabe.

Julia la mira y coge la cerveza con las dos manos, haciéndola girar entre sus dedos.

—Con aquella mujer de la que te hablé, la que me dejó.

Nora asiente con lentitud.

—¿Y fue bien?

El suspiro de Julia es tan profundo que siente el aire de su propio aliento contra las manos.

—No sabría decir si fue bien, pero fue necesaria —responde, porque realmente, Eleanor no habló: fue ella la que soltó todo lo que llevaba dentro, y eso la ha ayudado más de lo que imaginaba.

Nora coge su cerveza y le da un trago bastante largo.

—¿Vais a volver a salir?

El corazón de Julia empieza a latir más rápido y nota ese fogonazo que le atraviesa el vientre y hormiguea entre sus piernas cuando piensa en la idea de volver a estar con Eleanor Morley.

—No lo sé. Creo que la estoy perdonando, pero no sé si me puedo fiar de ella —admite, sin dejar de dar vueltas a la botella.

—¿A qué te refieres?

—A que vuelva a desaparecer sin dar explicaciones como esta vez.

—El otro día, cuando hablé con ella —empieza Nora, ante la mirada perpleja de Julia—, no me dio la impresión de que fuera una mujer con intención de marcharse de nuevo. No te miró como si quisiera huir, te miró como si no supiera como demostrar que está aquí para quedarse.

Julia siente que la cabeza le da vueltas al mismo tiempo que una especie de vértigo se le instala en la boca del estómago. Ella nunca le ha dicho a Nora de quién se trata, aunque sí tuvo el desliz de decir que era alguien del trabajo, y Nora parece tener muy claro quién es.

—¿A quién te refieres? Creo que te confundes —dice, sintiendo que le arden las puntas de las orejas.

Nora sonríe con un deje de tristeza y baja un momento la mirada antes de volver a subirla y contestarle.

—No lo hubiera adivinado nunca si no te hubieras puesto tan tensa cuando me viste con ella. La cara te cambió, Julia, y apenas podías mirarla.

—No se lo digas a nadie, Nora, nadie sabe que Eleanor y yo…

—Tranquila, no es asunto mío airear con quien te acuestas —dice su amiga.

—Ya no estamos juntas, ya sabes que…

—No tienes que contarme nada si no quieres —la corta Nora con suavidad—.

No te estoy preguntando. Te estoy diciendo que lo sé y que no pasa nada —hace una pausa y de pronto suelta lo que Julia lleva tiempo sospechando—.

Me gustas, Julia, pero no voy a competir sabiendo que no tengo nada que hacer contra ella; no es algo que vaya conmigo.

Si lo vuestro no se resuelve y crees que puedo tener una oportunidad dentro de un tiempo, genial, y si no, seguiré siendo tu amiga, que para eso me has acostumbrado a los buenos ratos.

Lo dice sin dramatismo, sin que se note el esfuerzo que supone para ella estar ahí hablando con Julia de que le gusta otra mujer.

Julia la mira y piensa que Nora Walsh merece a alguien que la elija sin dudarlo, que llegue a un bar, la vea y no piense en nadie más.

Alguien que no esté mirando el nombre de otra persona en el teléfono y conteniéndose para no llamarla.

Nora se merece más de lo que ella puede darle, y las dos lo saben, aunque ninguna lo haya dicho hasta ahora. Julia se inclina hacia delante y le pone la mano encima de la suya sobre la mesa.

—Eres demasiado buena para mí —dice con una sonrisa triste.

Nora se ríe con esa risa corta y contagiosa que tiene.

—Eso lo dicen todas antes de elegir a la complicada —bromea, porque ya se lo han dicho todo y no quiere que esto se vuelva incómodo.

Julia también se ríe, y al hacerlo, siente que pierde otra capa de tensión de las que había estado acumulando, porque intuir esto sobre Nora la estaba poniendo cada vez más nerviosa, y ahora que lo sabe y lo han aclarado, se siente más tranquila.

—¿Estamos bien? —pregunta Julia.

—Estamos bien —confirma Nora—. En el fondo, siempre he sabido que no tenía ninguna oportunidad y eso me mantiene blindada. Tampoco estoy enamorada de ti, así que se me pasará pronto, no te preocupes.

Julia asiente, sin saber muy bien qué decir.

—Quiero seguir siendo tu amiga sin que esto cambie nada, Julia, que sepas que me tienes para lo que necesites, y si lo que necesitas es no hablar de Eleanor Morley, también estoy aquí para eso.

—Gracias, Nora.

—No me des las gracias, que luego me pones en un pedestal y eso es mucha presión para mí.

Julia se ríe, la primera sonrisa auténtica que Nora le ve en toda la tarde.

La conversación se mueve hacia otras cosas después de eso: hacia un caso que Nora está siguiendo en los tribunales federales y hacia una alumna de Julia que lleva tres semanas sin entregar nada y ella no sabe si preocuparse o darle más tiempo.

Es una conversación fácil, del tipo que Julia necesita ahora mismo.

Llega a su casa pasadas las diez, deja las llaves en el cuenco de la entrada y se sienta en el sofá con el abrigo todavía puesto y el teléfono en la mano.

Julia no ha mirado las fotos que tiene con Eleanor desde hace meses. No porque las haya borrado, que lo pensó durante las primeras semanas y no lo hizo, sino porque mirarlas era una forma de hacerse más daño que Julia decidió que no se podía permitir mientras trataba de recomponerse.

Hoy se siente lista para hacerlo y abre la galería.

En la primera foto que ve están en la cocina de la casa de Eleanor, Julia tiene una copa de vino en la mano y está riéndose de algo que Eleanor acaba de decir, y Eleanor está de espaldas a la cámara porque es Julia quien la ha sacado, pero se le ve el perfil y una ligera curva en los labios, y Julia tiene que respirar despacio antes de pasar a la siguiente.

La foto que abre es de una tarde en la playa.

Eleanor tiene los zapatos en la mano y el pelo suelto —de las pocas veces que se lo soltaba— y el viento moviéndoselo mientras mira el agua con esa expresión que Julia tardó semanas en identificar como Eleanor estando en algún sitio de forma relajada, sin pensar en nada.

Se detiene en esa foto durante un buen rato hasta que cierra el álbum y se levanta. Deja el abrigo en la silla y va a la cocina a beber agua mientras piensa en las fotos y en Eleanor.

—Joder —dice en voz baja.