Profesora Morley (Eleanor Morley 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

J ulia entra en el restaurante donde ha quedado para cenar con Nora con los ojos en todas partes.

Ya ha estado aquí antes, es un sitio pequeño y algo ruidoso, con las mesas demasiado juntas para su gusto, pero a Nora le gusta y a ella le da lo mismo un sitio que otro porque solo quiere despejarse de la neblina que tiene en la cabeza desde que Eleanor volvió de su viaje.

Nora ha llegado antes que ella y ya la está esperando en una de las mesas, donde hay una botella de agua y dos copas.

—He pedido vino también —dice Nora cuando Julia se queda mirando la botella de agua tras sentarse.

—Gracias —sonríe, y Nora le devuelve la sonrisa con una amplitud que podría contagiar a cualquiera que la vea.

Julia se queda mirándola unos segundos mientras piensa —con cierta irritación— en lo fácil que es estar con esta mujer.

Piden la cena y empiezan hablando de cosas del departamento de Derecho, de un alumno de Nora que ha presentado un trabajo tan malo que la profesora está pensando en enmarcarlo y también hablan de la reunión del claustro de ayer.

—Defendiste bien lo del seminario —comenta Nora, sirviendo vino para las dos.

—Espero que sirva de algo —responde Julia.

—Seguro que sí, Hale no es estúpida, sabrá valorarlo y lo mantendrá.

—No sé yo —dice Julia—, creo que lo que le importa a ella es que los números le cuadren, y mis números no lo hacen como a ella le gustaría, así que todo dependerá de si tiene visión para apreciarlo.

—¿Y si no la tiene? —plantea Nora.

Julia deja la copa sobre la mesa.

—Entonces buscaré otra manera de defenderlo.

Nora se la queda mirando de un modo que Julia no sabe cómo interpretar.

—¿Sabes lo que más me gusta de ti? —pregunta de pronto, y Julia se tensa.

—¿Que soy puntual?

—Que crees en lo que defiendes, y eso te vuelve muy interesante.

Nora coge un trozo de pan y se lo lleva a la boca mientras Julia la mira sin saber cómo interpretar lo que acaba de decirle.

Cuando traen los platos, la conversación se ha desviado hacia Boston, hacia el departamento donde Nora estaba antes y los motivos por los que aceptó venir a San Diego.

—Necesitaba cambiar de ciudad —explica mientras come.

Julia la escucha con atención. Escuchar las historias de Nora siempre es interesante y también le sirve como distracción para todo el ruido de su cabeza. Es en el momento en que traen el postre cuando Nora aparta su copa de vino y apoya los brazos en la mesa.

—Voy a decir algo y puedes no contestarme si no quieres.

Julia se vuelve a tensar, con todos los sentidos en alerta.

—Sé que suspiras por alguien —a Julia se le escapa el aire de los pulmones de golpe—. No sé quién es y no sé lo que pasó, pero sé que hay una mujer que te tiene atrapada de algún modo. Lo he sabido desde que te conozco, y nunca he preguntado porque no quería incomodarte si tú decidías no hablar.

Julia se muerde los labios, sin saber si es mejor interrumpirla o dejarla seguir.

—Este último mes estás bastante rara, tensa, demasiado alerta y muy distraída, así que he decidido preguntar, pero como he dicho, no tienes que responder si no quieres.

Julia se queda mirando la mesa, debatiendo si contárselo o no, porque, aunque se puede desahogar con Grace, Grace no deja de ser la hija de Eleanor, y por muy imparcial que intente ser, su madre es su madre, y Julia lleva meses con esto atascado.

—Hubo alguien —dice al final, pero decide no nombrar a Eleanor—. Digamos que fue complicado desde el principio por motivos que no voy a explicar ahora.

Nora asiente sin decir nada, y Julia lo agradece porque todavía quiere a Eleanor y la sigue respetando a pesar de todo, y sabe que hablar de ella poniéndole nombre sería revelar la condición sexual de Eleanor antes de que ella misma se atreva a hacerlo en público.

—Parecía que funcionaba, pero de repente, ella decidió que había dejado de hacerlo y simplemente desapareció por completo durante un par de meses.

—¿Cómo desapareció? —pregunta Nora, entre intrigada y angustiada por algo a lo que sabe que no puede aspirar.

—Estaba fuera, de viaje. Hablábamos prácticamente a diario, pero de pronto empezó a espaciar esas llamadas hasta que cortó toda comunicación.

—¿Sin darte una explicación? —Nora frunce el ceño, sorprendida.

—Sí.

—¿Y ahora? Has dicho que desapareció durante un par de meses.

—Ahora ha vuelto de donde estaba y coincido con ella en el trabajo —Julia se detiene de golpe, consciente de que acaba de revelar que esa persona trabaja con ellas.

—No voy a preguntarte quién es, tranquila —dice Nora ante la palidez de su amiga.

—Gracias —dice aliviada—. Pues eso, a veces coincido con ella, y tengo tanta rabia acumulada por dentro que no sé cómo comportarme.

—¿La sigues queriendo? —pregunta Nora.

—No he dicho eso —responde Julia.

—Pero tampoco estás diciendo que no.

Julia la mira y Nora le devuelve una mirada tranquila, sin presionarla, simplemente estando ahí.

—No quiero hablar más de esto —dice finalmente.

—De acuerdo —concede Nora, y cambia de tema.

Cuando terminan de cenar, salen a la calle y Julia se cierra el abrigo porque el aire de febrero a estas horas le parece demasiado frío como para soportarlo. Caminan juntas hacia el aparcamiento y Nora se detiene junto al coche de Julia antes de ir hacia el suyo.

—Me lo he pasado bien —dice Nora mientras Julia busca las llaves en el bolso.

—Yo también.

—Julia…

Julia levanta la vista y descubre que Nora la mira de un modo que ya ha visto en ella alguna vez. Es un segundo nada más, quizá menos antes de que cambie la expresión, pero es suficiente para que Julia comprenda de una vez por todas que Nora la desea, aunque no se lo diga.

—Conduce con cuidado —termina Nora, y se despiden con un abrazo.

Julia conduce sin poner música, pensando una vez más en que Nora sería una elección sencilla.

Con ella no tendría que reconstruir lo que está roto, no habría rabia ni frustración, porque todo empezaría desde cero, con ambas al mismo nivel, pero ella solo puede pensar en Eleanor.

Vuelve atrás recordando la reunión y la ve sentada en la sala de juntas con la libreta sobre las rodillas y el bolígrafo en la mano.

Julia hizo ver que no la había visto porque estaba muy enfadada en ese momento después de que Eleanor se hubiera presentado en su despacho y no hubiera tenido el valor de decirle lo que había ido a decir.

Sin embargo, sí que la vio. La vio en cuanto cruzó la puerta porque algo la hizo girarse ante esa energía que ella percibe siempre desde lejos.

Se puso rígida y el corazón se le aceleró de sopetón, y más tarde, cuando Eleanor estaba concentrada en la reunión, se fijó de nuevo en esos ojos verdes que la tienen atrapada.

—Mierda, Eleanor —maldice frustrada, golpeando el volante con la mano.

Llega a su casa, se quita los zapatos y deja el bolso para ir directamente a darse una ducha que con suerte la despeje.

Se desnuda y abre el grifo, y se mete debajo intentando no pensar en nada, pero cuando cierra los ojos, su mente se traslada a la primera vez que se ducharon juntas.

Siente las manos de Eleanor en su espalda, lentas y seguras al mismo tiempo, y recuerda cómo Eleanor jadeaba cuando la pegó a las baldosas y movía los dedos dentro de ella a un ritmo implacable.

Nunca olvidará esos suspiros temblorosos, ni el brillo de los ojos de Eleanor cuando se corría y la miraba al mismo tiempo.

Julia abre los ojos con rapidez, asustada por el temblor entre sus piernas, y cierra el grifo de inmediato porque se niega a hacer esto sin Eleanor.