Profesora Morley (Eleanor Morley 2) Capítulo 11
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Capítulo 11

E leanor llega a la sala de juntas con cinco minutos de antelación.

Las sillas de la mesa principal ya están ocupadas —una de ellas por Julia, que ni siquiera se gira cuando Eleanor saluda, solo murmura algo que ella apenas escucha— así que se tiene que dirigir a las que hay puestas al fondo, dispuestas en filas de seis asientos donde elige una de las últimas y se sienta con la espalda recta mientras deja su cuaderno de notas y un bolígrafo sobre sus piernas.

Es la primera reunión a la que asiste desde que se incorporó, y la primera vez que verá a Patricia Hale en acción, la nueva rectora, y también en persona, porque Eleanor todavía no ha coincidido con ella a pesar de que sabe que debería haber ido a presentarse.

Se queda mirando la mesa y la única silla vacía que hay en la cabecera, la de la rectora, la que ella estuvo ocupando durante años y que ahora observa desde lejos mientras espera a que la ocupe otra persona.

A las nueve en punto, Patricia Hale entra por la puerta lateral con una carpeta bajo el brazo y el pelo castaño cortado a la altura de la barbilla.

Es menuda, lleva unas gafas de montura metálica que se ajusta con el dedo mientras camina hacia la mesa y tiene una forma de caminar que demuestra seguridad y autoridad, la misma que la definía a ella y que parece haber perdido.

La observa saludar a Vancy con un movimiento de cabeza y se detiene un momento para intercambiar un par de frases con la jefa del departamento de Humanidades, hasta que al fin se sienta en su silla.

—Buenos días a todos —dice Hale, y todos dejan de hablar para escucharla—. Voy a ser directa porque el orden del día de hoy es extenso.

Eleanor abre su cuaderno para tomar apuntes, pero un destello rojo llama su atención cuando Nora Walsh entra de puntillas y se cuela entre las hileras de sillas, sentándose justo delante de ella, que durante un momento solo ve esa melena cobriza mientras recuerda la risa que esta mujer provocó en Julia.

Aprieta el bolígrafo entre los dedos y decide centrarse en lo que dice la nueva rectora.

El plan estratégico del semestre tiene cuatro ejes que Hale presenta con la ayuda de una pantalla que baja desde el techo.

Optimización de recursos, alineación con métricas de impacto externo, revisión de programas de bajo rendimiento y la hoja de ruta para el siguiente ciclo de acreditación.

Cada eje viene acompañado de un gráfico y un conjunto de indicadores que Hale explica con una fluidez y determinación que sorprenden a Eleanor.

Ella escucha y toma notas porque apuntar cosas le da algo que hacer con las manos y eso la ayuda a no estar apretando la mandíbula constantemente.

Patricia Hale utiliza un lenguaje corporativo que a Eleanor le resulta irritante, pero sabe que solo es porque esta mujer se parece mucho a ella en su forma de expresarse, lo hace con tanta autoridad que resulta difícil que alguien se atreva a rebatirla.

Cuando habla de la eficiencia docente, de retorno formativo y de revisar los programas de bajo impacto, Eleanor sí que quiere rebatirla.

No es que Hale esté equivocada en todo lo que dice, pero Eleanor ha pasado suficientes años en la gestión académica como para darse cuenta de inmediato de que hay programas que no se sostienen y presupuestos que sangran sin justificación.

En el tercer eje, Hale llega a la lista de programas en revisión y menciona el seminario de pensamiento crítico legal que aparece en el cuarto punto, el seminario que dirige Julia.

—Es un programa de alto coste por alumno con un impacto externo no documentado —dice Hale.

Eleanor quiere hablar, interrumpirla y decirle lo que piensa.

Porque tiene la información suficiente sobre ese seminario como para explicar que el coste por alumno es superior a la media porque el formato es de grupo reducido, que eso es una característica del diseño y no un defecto, que los programas de pensamiento crítico no producen publicaciones indexadas, pero producen exactamente el tipo de egresado que hace que una facultad de derecho tenga reputación a largo plazo.

Lo sabe y podría decirlo en menos de un minuto con la claridad suficiente como para que Hale se viera obligada a tener en cuenta sus argumentos, pero Eleanor no dice nada.

No lo hace porque no le importe, sino porque confía en Julia y sabe que la profesora está perfectamente capacitada para defenderse, y si Eleanor interviene, podría interpretarlo como una demostración de que no confía en ella.

Además, ahora ha perdido su autoridad, y Hale podría pensar que su defensa del seminario es un ataque a sus capacidades para decidir, y eso no ayudaría a Julia.

—Si me permite —dice Julia, y Eleanor sonríe cuando Hale le cede la palabra con un gesto.

Julia no se levanta. Habla desde su silla con la seguridad de alguien que tiene muy claro lo que va a decir.

Empieza por los datos: coste real por alumno corregido por el formato, ratio de continuidad en posgrado de los alumnos que han cursado el seminario frente a los que no y número de resoluciones judiciales de los últimos cinco años que citan argumentación de pensamiento crítico legal en sus fundamentos.

Los números son sólidos y están citados, Eleanor lo sabe porque algunos los conoce, y los que no conoce tienen la estructura de quien ha hecho el trabajo de buscarlos, así que está segura de que son datos fiables.

Después Julia pasa a los argumentos cualitativos, y aquí es donde Eleanor deja de tomar notas porque no puede hacer dos cosas a la vez.

Julia habla de lo que no aparece en los indicadores de impacto externo con la seguridad de quien sabe que está pisando un terreno que la mayoría de la sala preferiría evitar, porque es más fácil defender lo que tiene números favorables que defender lo que no los tiene, y Julia está defendiendo lo segundo con argumentos sólidos.

La diferencia entre una facultad de derecho que forma técnicos y una que forma juristas.

El tipo de preguntas que el seminario enseña a hacer y que no aparecen en ninguna métrica de rendimiento porque sus consecuencias tardan diez años en manifestarse.

Hale la escucha con cara de no estar muy convencida todavía y hace dos preguntas, ambas sobre los datos, que Julia responde sin dudar.

Eleanor mira su libreta. Ha subrayado alto coste por alumno dos veces y debajo ha escrito, sin pensarlo, el número exacto de alumnos que pasaron por ese seminario el semestre anterior, que conoce porque ha leído el programa completo desde que se incorporó.

La reunión continúa. Hale pasa al cuarto eje y el seminario queda en suspenso, sin resolución, que es lo mejor que Julia ha podido conseguir en este contexto y probablemente lo sabía antes de empezar.

La reunión termina por fin y la sala comienza a vaciarse. Nora Walsh desaparece por un lateral y Eleanor le pierde la pista porque tiene la mirada fija en Julia, que se ha levantado y se dirige hacia la puerta.

—Perdón —dice Eleanor, esquivando a un profesor cuando trata de alcanzar a Julia.

No pretende abordarla ni hacer un intento de empezar una conversación con ella, pero sí que quiere saludarla, mirarla a los ojos y recordarle que todavía sigue aquí, porque se ha dado cuenta de que necesita hacerlo así, estar presente para que a Julia le quede claro que no tiene ninguna intención de huir de nuevo.

Quizá sea la mejor manera de empezar a intentar recuperar su confianza.

Cuando llega al pasillo, Julia está de espaldas a ella hablando con un profesor.

Eleanor duda entre esperarla o continuar su camino y esperar una oportunidad mejor, pero entonces ese profesor se despide y Julia se da la vuelta.

El corazón le da un vuelco cuando ve los ojos verdes de Eleanor clavados en ella, pero cuando Eleanor abre la boca para hablar, una melena cobriza le pasa por delante y capta la atención de Julia.

—¿Vamos? —pregunta Nora.

Julia asiente, aunque su mirada se mantiene sobre Eleanor durante una fracción de segundo antes de empezar a caminar. Eleanor está a punto de detenerla en medio de un arrebato de algo muy parecido a los celos, de decirle que espere un segundo, pero otra voz la interrumpe a ella.

—Señora Morley…

Eleanor se gira y se encuentra a Patricia Hale a su lado. De cerca, no es tan bajita como le había parecido, es casi de su altura y sus ojos son tan verdes como los de Eleanor.

—No hemos tenido oportunidad de conocernos todavía —dice Patricia.

Eleanor sabe que está siendo amable al definirlo así, porque es consciente de que si no se han conocido hasta ahora, ha sido por ella, porque se ha negado a ir a presentarse en el que antes era su despacho.

—Lo siento, he estado ocupada, debería haber ido antes —dice Eleanor, tendiéndole la mano.

Hale se la estrecha con fuerza y le sonríe antes de soltarla.

—No se preocupe, entiendo que adaptarse a su nuevo puesto debe ser complicado.

Eleanor la mira, sin ver ningún rastro de mofa en su expresión. Hale parece sincera al decirlo, como si de verdad entendiera lo que supone esto para ella.

—Soy consciente de lo que pasó —sigue Hale—, y quiero que sepa que admiro su valentía.

—Gracias —dice Eleanor, sorprendida.

—Si necesita cualquier cosa, no dude en venir a verme —Hale le tiende la mano de nuevo y se despiden con otro apretón firme.

La nueva rectora se va en una dirección y Eleanor hacia la otra, la misma por la que se ha marchado Julia con la pelirroja, y ahora Eleanor sí que sabe lo que le habría dicho de haber tenido la oportunidad de saludarla.

Le habría dicho que ha estado brillante defendiendo su programa y que está orgullosa de ella, pero se lo tiene que guardar todo porque Julia ya se ha ido, y probablemente no le importe lo que ella tiene que decir.