Profesora Morley (Eleanor Morley 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

E leanor se ha pasado todo el fin de semana dándole vueltas a la conversación que tuvo con Grace cuando la invitaron a cenar el viernes, y ha llegado a la conclusión de que un mensaje o una llamada a Julia no bastaría; si quiere hablar con ella y tratar de arreglar esto que ha roto, debe hacerlo en persona.

Por eso, este lunes está de pie frente a la puerta del despacho de la profesora.

Cuando volvía de una clase, Eleanor la ha visto entrar y ha tomado la decisión de intentarlo ahora que sabe que está sola y, a pesar de que le ha dado muchas vueltas a lo que iba a decirle, ahora tiene la mente en blanco.

Suspira y por fin se decide a levantar la mano y llamar a la puerta, golpeándola un par de veces con los nudillos.

—Adelante.

La voz de Julia suena amortiguada desde el otro lado de la puerta, y Eleanor se da cuenta de que los dedos han comenzado a temblarle cuando los coloca sobre el pomo y la abre.

Julia está sentada detrás de su mesa, dando vueltas a un bolígrafo que tiene entre los dedos mientras mira fijamente la pantalla de su ordenador y termina de leer un párrafo.

Es entonces cuando levanta la vista y se queda mirando fijamente a Eleanor, esforzándose por mantener controlado su cuerpo y no mostrar ningún tipo de emoción.

Eleanor duda sobre lo que debe hacer ahora, y eso la perturba porque ella siempre ha sido una mujer que, lo hiciera bien o lo hiciera mal, sabía lo que tenía que hacer en todo momento.

Ahora se siente desorientada, porque esperaba que Julia la echara de su despacho en cuanto la viera aparecer, que torciera el gesto o que resoplara con desagrado, pero Julia solo la mira, y Eleanor está muy nerviosa.

—¿Vas a entrar o te vas a quedar ahí? —suelta Julia, sin cambiar esa expresión neutra que Eleanor no sabe cómo clasificar.

—Sí, voy a entrar —murmura, sintiéndose estúpida mientras cierra la puerta tras ella.

Da un par de pasos y se detiene en medio del despacho, sin saber si debería sentarse o si eso sería abusar demasiado de una confianza que sin duda ha perdido.

—Eleanor, estoy ocupada —espeta Julia ante su falta de movimiento, levantando una ceja.

Eleanor aprieta la mandíbula, irritada. Hace un año, nadie se habría atrevido a hacerle un comentario como ese, uno que desafiara su autoridad, porque si Eleanor entraba en una sala y decidía no hablar, todos esperaban con paciencia hasta que lo hacía.

—He repasado tu seminario —empieza a decir, soltando lo primero que se le pasa por la cabeza porque necesita entrar por algún terreno neutro, algo que no haga saltar chispas de inmediato y que no acabe con Julia gritándole que se largue.

—¿Y?

—Tengo un par de artículos que quizá te podrían interesar.

Julia traga saliva y frunce el ceño, porque conoce a Eleanor lo suficiente como para saber que esto solo es una excusa tonta para acercarse a ella.

—Di lo que tengas que decir y déjate de artículos, Eleanor, no creo que a estas alturas necesites recurrir a eso para hablar conmigo, o a lo mejor sí —suelta con toda la rabia que ha ido acumulando estos meses—, a lo mejor sí que necesitas inventarte excusas porque probablemente es mejor escuchar eso que lo que sea que vas a decirme.

Eleanor recibe el golpe con dignidad, sin alterar el gesto y sin marcharse, pero tampoco habla dado que no puede defenderse, no hay nada que pueda decir que justifique el trato que le dio a Julia los últimos meses, porque, aunque para ella los motivos eran correctos, sabe que las formas fueron un desastre.

Julia la mira durante unos segundos, desesperada porque Eleanor reaccione y le dé una explicación, o al menos, que tenga la dignidad de decirle a la cara que ya no está interesada en ella, pero Eleanor está de pie frente a su mesa como un bloque de hormigón, sin saber cómo explicar lo que sintió, sin saber cómo decirle que no quería hacerle daño, que no pretendió en ningún momento actuar como lo hizo, pero fue algo que la superó, la paralizó y la hizo actuar como una cobarde: escondiéndose en ese viaje donde se dio cuenta de que no se reconocía en esta nueva mujer en la que se ha convertido.

Una mujer que no era la misma de la que Julia se enamoró.

—Lo siento, creo que no es un buen momento, no he debido venir.

No es lo que quiere decir, pero está bloqueada mirando esos ojos color miel que la tienen atrapada.

—Como quieras, en ese caso, te agradecería que me dejes seguir trabajando —dice Julia con una frialdad que utiliza para ocultar su decepción.

Devuelve la vista al documento que estaba leyendo y Eleanor tarda unos segundos en darse la vuelta y caminar hasta la puerta.

Cuando la abre, se gira y mira a Julia buscando algún tipo de señal en la profesora que le indique que Julia es consciente de cuánto le ha costado este movimiento, del esfuerzo que ha supuesto para ella dar este paso y llamar a su puerta, aunque no haya sido capaz de vocalizar nada de lo que necesita explicar.

Sin embargo, no encuentra nada; Julia está concentrada en lo que hace como si ella ya no estuviera en el despacho, y eso hace que a Eleanor le cueste un poco más respirar.

—¿Algo más? —pregunta Julia sin levantar la vista.

Eleanor niega con la cabeza sin responder, sin embargo, todavía tarda unos segundos en marcharse, porque se queda mirando las manos de Julia sosteniendo el documento y el bolígrafo.

Son las mismas manos que ella recuerda con una exactitud que le resulta incómoda, la misma línea en los nudillos y el mismo anillo que Julia lleva en el dedo índice de la mano derecha y que se quita por las noches porque le molesta para dormir.

Eleanor sale y cierra la puerta con delicadeza, como si quisiera borrar su paso por el despacho de Julia.

Camina por el pasillo hacia su el suyo mirándose los pies mientras su cerebro arde con todas esas frases con las que podría haber empezado la conversación que ahora le llueven de golpe, pero que han desaparecido cuando se ha encontrado con la mirada de Julia.

Tiene ganas de gritar de pura frustración porque se mueve por un terreno por el que no sabe cómo caminar.

Quiere a Julia y la ha cagado, y ahora acaba de confirmar lo que Grace le dijo en su casa, que Julia ha seguido adelante sin ella, que no la necesita y probablemente no la echa de menos, porque la profesora ha actuado con total indiferencia, como si la presencia de Eleanor fuera más una molestia que algo que necesite.

No puede culparla, pero sí que se dice que debe volver a intentarlo, sin presionar, pero al menos darle una explicación, decirle lo que sintió y que Julia decida lo que quiere hacer con eso.

Cuando entra en su despacho, agradece encontrarlo vacío.

Se sienta en su silla y abre un documento en blanco donde decide que, ya que le cuesta tanto comunicarse y que su mente se paraliza ante la mirada de esos ojos color miel que antes brillaban como si fueran oro líquido y que ahora solo la atraviesan, quizá podría escribirlo, no para enviárselo a Julia, porque eso sería frío y solo mostraría un desinterés que Eleanor no siente, pero sí algo que le sirva a ella para plasmar cada pensamiento y sentimiento que tiene y no quedarse en blanco la próxima vez.

Eleanor teclea y se queda mirando lo que ha escrito.

Querida Julia .

Traga saliva y los ojos le pican de desesperación, porque cuando piensa en todo lo que quiere decirle, la lista es interminable, y todo habría sido más fácil si Julia hubiera dicho algo, si le hubiera preguntado o reprochado su actitud, cualquier señal de que quiso a Eleanor lo suficiente como para que todo eso le siga importando, pero no ha dicho nada.

De nuevo, piensa en Grace diciéndole Julia no te está esperando y en Lamond diciéndole ¿cree que Julia se merece una explicación, o cree que usted se merece la oportunidad de dársela?

, y se pregunta si hay una tercera opción que ninguna de las dos ha mencionado: que no se merezca ninguna de las dos cosas, ni darla ni recibirla, y que el muro que Julia ha levantado entre ellas es simplemente la respuesta correcta; ha pasado página y ha comenzado una vida donde Eleanor ya no tiene cabida.

Con un nudo en la garganta y la visión borrosa, cierra el documento y abre el correo, cargando dos archivos con los artículos que le ha mencionado antes.

Porque sí, utilizarlos ha sido un intento de empezar la conversación poco logrado, pero no ha mentido.

Repasó la temática de su seminario y pensó que esos artículos podrían ayudarla, así que, aunque sabe que Julia no la necesita, Eleanor los envía de todos modos.