Capítulo 32 #2
—No, eso lo empeoraría. Seguro que ya te ha visto, y querrá saber dónde he estado toda la noche. Se me da fatal mentir y nunca he podido engañar a mi padre.
—No te preocupes. Es como arrancarse una tirita —Colton sonríe y apaga el motor—. Sabe lo de John, ¿verdad?
Asiento.
—Entonces no hay problema. Seremos sinceros con él, menos con lo... eh... lo otro, y todo irá bien —me mira y me guiña un ojo con gesto tranquilizador.
Se me derrite el corazón.
—Vale.
Me toma de la mano en cuanto salimos del coche y me la acaricia con el pulgar.
Lleva unos vaqueros y una camisa de cuadros azul que resalta sus ojos.
Su forma de caminar es tan sexy que siento como si mis entrañas se hubieran convertido en cera caliente.
Cuando entramos en la casa, saludo a mi papá y presento a Colton.
—Papá, este es Colton. Trabaja con Liz en Mingles.
Colton le da a papá un apretón de manos firme.
—Un placer, Sr. Abbott.
—Gregory —dice papá con una cálida sonrisa—. He oído que tienes un rancho de caballos. Liz me lo estaba comentando.
Vale, bien, estamos pasando por alto dónde estuve anoche.
—Así es —dice Colton, siguiendo a papá hasta la mesa de la cocina.
Liz me mira abriendo mucho los ojos y me hace un gesto con la cabeza para que vaya a sentarme.
—Gracias —le articulo con los labios, por lo que sea que le haya dicho a papá para que no haga preguntas incómodas.
—Y también serviste en el ejército, ¿verdad? —continúa papá.
—Sí, señor —asiente Colton.
—Bueno, te agradezco que hayas ayudado a mis hijas.
—¿Hijas, señor? —Colton está confundido.
—Eres portero del bar, ¿no?
—Sí, señor.
—Entonces estoy seguro de que has protegido a mis dos chicas en algún momento —dice papá con rotundidad—. He oído que John fue a por ti, ¿verdad?
—Más o menos, señor.
Papá niega con la cabeza.
—Llamarme «señor» es rizar el rizo. Por favor, llámame Gregory.
—Por supuesto —dice Colton con rigidez.
—Entonces, John... ¿qué tipo de problemas intentó causarte?
Colton lo explica de forma sucinta.
—Por eso Julia se quedó conmigo anoche. Mis caballos me avisan si hay problemas, y tengo un vecino que es mejor que un perro guardián.
—Se ve que sabes cuidarte solo, Colton. Dime, ¿qué haces para divertirte?
—Colton va a organizar una recaudación de fondos este fin de semana, papá —interviene Liz.
—¿Una recaudación de fondos? —pregunta papá.
Colton explica los eventos del próximo fin de semana.
A papá se le ilumina la cara.
—No sé por qué nunca se me ha ocurrido hacer algo así en uno de mis campos de golf. ¡Es una idea maravillosa, muchacho! —le da una palmadita a Colton en la mano—. Me encantaría ayudar. Duplicaré tu contribución.
—Es muy generoso, Gregory. Gracias —sonríe Colton—. Me aseguraré de que pongan tu logo en los materiales.
—Haré que mi asistente te lo envíe.
Nos interrumpe un golpe que viene del fondo de la casa.
—¿Qué demonios es eso? —pregunta papá.
A Liz se le descompone la cara.
—Nate —dice, y echa a correr hacia su dormitorio.
Colton y yo salimos corriendo tras ella.
—¿Nate? ¿Nate? —grita Liz, llamando a la puerta de su dormitorio antes de entrar.
La habitación está limpia, más de lo que uno esperaría del cuarto de un chico de trece años.
Tiene un pequeño escritorio en una esquina, una pila de libros de texto en el suelo junto a él, una cama individual en el centro contra la pared, una cómoda alta en la pared contigua, y unos cien pósteres de figuras del deporte: jugadores de hockey, béisbol, tenis, baloncesto, y un par de pósteres de Star Wars.
Hay una abolladura visible en la pared junto a la cómoda, y el teléfono está tirado en el suelo de laminado, hecho pedazos. Nate está sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, llorando como si su mejor amigo acabara de morir.
—¿Nate? ¿Qué pasa? —Tiene el pelo despeinado como siempre, y los pantalones de dormir arrugados, igual que la camiseta blanca.
—¡Nada! ¡Déjame en paz! —chilla, con la voz quebrándosele por la pubertad.
Colton ve el teléfono en el suelo y se acerca a él.
Me arrodillo junto a Nate, en la misma posición que Liz al otro lado de su hijo.
Veo a Colton recoger el teléfono, dejando en el suelo las piezas de plástico de la carcasa.
Lee la pantalla y mira a Nate. No sé qué tan bien se conocen Colton y Nate, pero sé que ambos se han mencionado mutuamente.
—Chicas, ¿os importa dejarnos un momento? —dice Colton, con una sonrisa tensa.
Liz no lo duda. Se levanta y yo la imito. Salimos de la habitación, pero dejamos la puerta abierta para poder cotillear.
Colton se acerca a Nate y se sienta a su lado.
—Oye, colega. No sé qué es lo que te pasa, pero voy a intentar adivinarlo.
Nate sigue con la cabeza entre las manos, como si Colton ni siquiera estuviera allí.
—Tu padre te abandonó, y estabas furioso con él por eso, pero ahora quiere verte y tienes miedo de que tu madre se moleste. ¿Me acerco?
—No —dice Nate con indignación—. Jodió a mi madre y ahora quiere que me vaya a vivir con él. Que le den.
—Entonces, si ya has tomado una decisión, ¿por qué estás tan alterado? Tu madre aceptará lo que decidas.
—No se trata de mi madre. Es mi padre. Estoy cabreado con él.
—Y deberías estarlo —dice Colton sin rodeos—. Pero al menos él quiere tener una relación contigo. Eso es más de lo que yo nunca tuve.
Nate levanta la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
—Mi padre se cansó de mí cuando era adolescente y me mandó al ejército.
—¿En serio?
—Sí.
Hay una pausa.
—Me dispararon y todo.
Nate jadea.
—¿Y tu padre te envió? ¿Y te dispararon? Eso es... muy duro. ¿Y tu madre? ¿Cómo es que no te impidió ir? Mi madre me habría matado antes de dejarme ir.
—Mi madre se largó cuando yo era pequeño.
Otra pausa.
—Sí.
Colton es tan bueno con los niños. No puedo creer que esté compartiendo tanto con él.
—Así que no le guardes rencor a tu padre. Deberías sentirte afortunado de tener una madre que te quiere tanto, y un padre que también.
Se aclara la garganta.
—Lo que pasó entre ellos no tiene nada que ver contigo. A veces los padres funcionan mejor por separado que juntos.
—Entonces, ¿qué hago?
—Bueno, campeón, no puedo decidir eso por ti. Ahora eres el hombre de la casa. Es hora de tomar tus propias decisiones. Piénsalas bien y mantente firme en ellas. Así no te equivocarás. La gente te respetará por eso.
Y ese fue el momento en el que me enamoré de Colton Ford.