Capítulo 12 #3
—El matrimonio no es válido —le explicó con cuidado—. Me temo que no estamos casados.
Cuando por fin se dio cuenta de lo que en verdad ocurría, Cecily comenzó a sentir pánico.
Dominic la rodeó con los brazos antes de que pudiera reaccionar de un modo inquietante.
A él le gustaba romper cosas cuando algo no le salían bien.
Ella se dejó atraer contra su pecho y permaneció allí, sujetando la tela de su chaqueta como si alguien fuese a separarlos por la fuerza en cualquier momento.
—No estamos casados —musitó, en esos momentos acurrucada contra él.
—No legalmente.
—Pero yo soy tu esposa.
Dominic cerró los ojos.
—Para mí siempre lo has sido. Nunca habrá ninguna como tú, te lo juro.
Aurelia los contemplaba con una fascinación que terminó venciendo cualquier reticencia.
—Yo tampoco sabía que la licencia especial no bastaba si aún no habías cumplido los veintiuno.
Cuando nos contaste lo ocurrido a Beatrice, a Lavinia y a mí, di por hecho que vuestro matrimonio era válido.
Lo siento mucho. —Su expresión cambió poco a poco—.
¡Es verdad que lo amas, hermana! Me cuesta mucho creerlo.
Había perdido toda esperanza. ¡Pero fíjate! Ahí estás, rendida al Duque Siniestro.
Cecily se separó apenas lo suficiente para mirar a Aurelia.
—Claro que es verdad. Puse en práctica todas vuestras sugerencias para comprobar si él era capaz de comportarse como un buen esposo y las superó con creces.
Nuestro plan funcionó muy bien, Aurelia.
Debo decírselo también a Beatrice en cuanto pueda.
Tendrías que haberlo visto recitando a Byron.
Y yo ni tan siquiera le sugerí que me leyese poemas.
Lo hizo por su cuenta. Eso fue bastante sorprendente.
—Sospeché que él había aceptado portarse bien cuando lo vi llegar con aquel ramo de rosas rojas. ¿Te lo dije o no, Damian?
—Lo hiciste, amor mío —corroboró su marido.
—Y tú dijiste que mi hermana lo volvería tan loco que la devolvería en menos de tres días.
—¡Damian! —lo regañó Cecily.
—También dije que mataría a Blackshow si te veía derramar una sola lágrima por él —se apresuró a señalar el conde.
—Oh, lloré un par de veces, pero fue de pura dicha. Cuando él comenzó a leerme aquellos poemas… —suspiró embelesada.
Dominic volvió la cabeza hacia su esposa y le dijo:
—No creo que este sea el momento de hablar de poesía, Cecily.
—Lo es. Yo ni siquiera disfrutaba especialmente de esa lectura y ahora no consigo imaginar mi vida sin que me recites poemas. ¿Puedes creértelo, Aurelia?
La interpelada asintió con una solemnidad exagerada.
—Eso parece grave.
—Lo es. ¡Byron, Aurelia! Ese hombre, que era un canalla, logra emocionarme cuando mi esposo me lee sus textos. ¿Cuándo hemos admirado tú o yo a un pícaro de ese modo?
La condesa miró a su hermana con ternura.
—Entonces, si Blackshow te pidiese matrimonio, ¿te casarías con él?
Cecily abrió mucho los ojos.
—¡Pero si hasta hace cinco minutos creía que ya estaba casada con él!
Damian, que estaba observando la escena con atención, decidió tantear a la hermana de su esposa por última vez y le preguntó:
—Cecily, si deseas escapar de Blackshow, este es el momento.
Dominic se puso en pie al punto.
—Harrowmere…
La intención con la que pronunció el título consiguió que Damian se preparase para la pelea.
—¡Dominic! —Cecily tiró de su mano.
—¡Damian! —Aurelia hizo exactamente lo mismo con su esposo.
Los dos hombres terminaron enfrentados a poca distancia mientras sus respectivas mujeres se interponían entre ellos. Ambos gruñeron.
—Cecily lo ama —le recordó Aurelia a su marido—. Vas a tener que aprender a llevarte bien con él.
—Y yo adoro a Damian —le dijo Cecily a Dominic—. Así que tendrás que hacer un esfuerzo por mantener una relación cordial. No puedes pegarle.
Los dos volvieron a gruñir.
—Damian, por favor… —Ante las palabras de Aurelia, el conde se separó del duque.
—¡Dominic! —lo llamó al orden Cecily, dado que él no bajaba la guardia.
—Acaba de decir que puedes librarte de mí. Es obvio que no me quiere cerca de ti, Cecily.
—Oh, no, no. Eso lo has deducido porque todavía no conoces a Damian. Él se estaba asegurando de que yo me había dado cuenta de que podía echarte a un lado si ese fuera mi deseo. Es muy protector, así que has de comprenderlo. Solo se preocupa por mi felicidad.
—¡Soy yo quien debe protegerte! ¿Quieres echarme a un lado, mujer? —preguntó lleno de ansiedad.
—Desde luego que no. Ya no. ¿Cuando te presentaste en Londres? Ahí sí que te hubiese retado yo misma a duelo.
Cecily regresó al sofá y se llevó a su esposo consigo. Todos se sentaron de nuevo.
—¿Qué vamos a hacer, Aurelia? Lo amo y no quiero separarme de él.
Su hermana sonrió como si la solución fuese la cosa más sencilla del mundo.
—Vas a casarte con él y esta vez tendremos una boda preciosa.
—Pero he vivido con él en Black Manor. Todo el pueblo cree que soy su esposa.
—Y lo serás para cuando alguien tenga tiempo de formular la pregunta.
Además, vas a convertirte legalmente en la duquesa de Blackshow y pocas personas estarán dispuestas a poner en entredicho tu reputación después de la boda.
Si eso no basta, contamos con la reputación de tu futuro esposo como…
—se calló, dado que no sabía si debía terminar la observación.
Cecily asintió.
—Duque Siniestro.
—Eso es. Tenemos que encontrar una solución pública para no causar un escándalo. Hay que pensarlo bien —afirmó lady Harrowmere.
—Pero ¿quién me llama Duque Siniestro además de Cecily? —preguntó Dominic.
Nadie le atendió.
La idea era tan sencilla que ambas hermanas se dieron cuenta de lo que debían hacer.
—¡La nota! —dijeron al unísono.
—La que escribí y no publicamos —comentó Cecily como si eso fuese la gran solución.
—La Pluma Indiscreta puede hacerlo ahora —consideró Aurelia—.
Si publicamos la información adecuada antes de anunciar nada, podemos dar a entender que existía un compromiso secreto desde hace dos temporadas, que Blackshow regresó a Londres para reclamarlo y que todo este tiempo habéis estado resolviendo el asunto en privado.
Después organizaremos una boda algo más rápida de lo habitual.
Nadie tendrá motivo para investigar demasiado y, si alguien lo hace…
—No querrán irritar al Duque Siniestro —terminó Cecily—. Todavía la tengo guardada; la publicaremos tal y como la escribí.
—Eso es.
Dominic las miró alternativamente.
—Yo no soy ningún Duque Siniestro. Al menos no desde que tú volviste a entrar en mi vida. Y quiero saber qué condenada nota es esa y qué demonios significa eso de la Pluma Indiscreta .
Las dos hermanas guardaron silencio.
Damian cerró los ojos.
—Oh, Dios mío. Por separado son temibles. ¿Juntas? Imparables. Ármate de paciencia, Blackshow, y recuerda que has dicho que ella te pertenece. No la admitiré de regreso ya.
—Eres terrible, Damian, pero te perdonaré porque estoy contenta. Hay una solución factible a mi gran problema. —Cecily observó a su esposo y una sonrisa lenta apareció en sus labios—. Tuve un cortejo precioso, maravilloso y creo que merezco una petición de matrimonio igual de formidable.
—¿Es que piensas enviarle a Resswell varias páginas con tus indicaciones?
—No. Espero que seas capaz de pedirme matrimonio de un modo que me deje deslumbrada y no pueda negarme, y todo ello sin que te diga cómo debes hacerlo.
Dominic la miró con fijación.
—¿Ahora?
—Por supuesto que ahora.
—Cecily, has dicho que me amas y yo he dejado claro que por ti me arrancaría dos brazos… Estaba dispuesto a matar a tu padre si me lo hubieses pedido… ¿Qué más necesitas, mi pequeña bruja?
—Quiero una proposición preciosa.
Dominic miró a Aurelia y luego a Damian.
—¿Delante de tu hermana y de Harrowmere?
—Especialmente delante de Damian. Tiene que convencerse de que me mereces o jamás terminará de aceptarte —improvisó.
—¡Ha dicho que puedo quedarme contigo porque él no te aceptará de regreso! —se quejó el duque.
Damian sonrió por primera vez desde que habían llegado.
—Yo no he dicho eso —mintió sin titubear—.
Además, reconozco que tengo bastantes ganas de ver a un duque arrastrándose.
—Damian miró a la hermana de su esposa y le dijo—: No creas, Cecily, que Aurelia no me explicó lo que ocurrió durante vuestra primera noche en la cama.
Blackshow tiene suerte de seguir respirando.
Cecily giró la cabeza hacia Aurelia.
—¿Se lo contaste?
—Naturalmente.
—¡Aurelia! —La futura duquesa de Blackshow estaba mortificada.
—Desde que te marchaste, él amenazaba cada día con ir a buscarte.
Tuve que explicarle la historia completa para que comprendiese que tú querías darle una oportunidad a Blackshow y que eras tú quien debía decidir qué hacer con tu matrimonio.
Bueno, en aquel momento, pensé que eras su esposa de verdad.
En fin, fue entonces cuando empezó a investigar las circunstancias de la boda y surgió la posibilidad de que Westcott hubiese intervenido de alguna forma, porque era necesario que nuestro padre hubiera dado su consentimiento para que se celebrase la boda, dado que no tenías la edad legal para formalizar el matrimonio.
Como no recordaba nada con claridad, Westcott digo, Damian creyó que quizá existiese una forma legal de liberarte si descubríamos algo irregular.
Cecily miró al Conde Oscuro.
—Pero yo lo amo.
—Eso ya ha quedado bastante claro. Veamos cómo se declara y después decidiré si tiene mi consentimiento.
Cecily lo contempló con indignación.
—Damian, ya tengo veintiún años. Ahora puedo casarme sin el permiso de nadie.
—¿Te casarías con él, aunque yo no lo aprobase?
La pregunta consiguió que ella sonriese complacida. Era evidente que Damian la amaba como si fuese su propia hermana.
—Es injusto que me pongas en esa posición. Sabes cuánto te quiero y has comprobado que amo a Dominic. No me hagas escoger entre vosotros, pues yo no haría que Aurelia tuviese que elegir entre tú y yo.