Prisionera del Duque Siniestro (Sombras y Luces 3) Capítulo 11
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Capítulo 11

Un asunto delicadísimo

La carta llegó una mañana en la que nada presagiaba que Black Manor estuviese a punto de quedarse atrás.

Cecily se encontraba en una de las salitas con Lavinia, revisando una lista de cosas que todavía querían llevar a la escuela antes de que comenzaran las obras, cuando un criado entró con la correspondencia.

Reconoció el sello de Harrowmere y rompió la cera sin pensar demasiado.

Damian no era un hombre dado a escribir cartas innecesarias.

De hecho, había sido Aurelia quien, durante las últimas semanas, había enviado alguna misiva para preguntar por la salud de Lavinia y por la de ella misma, y, de forma poco disimulada, asegurarse de que Blackshow seguía con vida y su esposa continuaba siendo feliz.

La expresión de Cecily cambió mientras avanzaba por las líneas. Dominic, que había entrado poco antes que el criado y permanecía cerca de la ventana, lo advirtió enseguida.

—¿Qué ocurre?

Ella levantó una mano para pedirle que esperase y terminó de leer.

Cecily:

No quiero alarmarte antes de tiempo. Aurelia está embarazada de nuevo y el médico asegura que, por el momento, no existe motivo para temer por ella ni por el niño.

Sufrió un desmayo hace poco que nos asustó y se le ha ordenado descansar.

Tu hermana insiste en que se encuentra bien.

Como conoces a Aurelia mejor que nadie, comprenderás que esa afirmación no significa absolutamente nada. Eres la única a la que le hace caso.

Te necesita, aunque es probable que prefiera morir antes que decírtelo de forma directa porque cree que estás resolviendo tus propios asuntos. Yo no comparto su opinión. Regresa hoy mismo. Te estaremos esperando.

La pequeña Clara está bien y pregunta por ti con mucha frecuencia. Le alegrará ver a su querida tía.

Ven a casa. Me importa un cuerno lo que opine de mi petición Blackshow.

Harrowmere.

—Aurelia está embarazada —anunció Cecily—.

Sufrió un desmayo. —Lavinia se incorporó de inmediato, aunque la duquesa continuó antes de que pudiera preocuparse—: El médico dice que no hay peligro.

Damian quiere que regrese porque mi hermana necesita descansar y, al parecer, él no tiene suficiente autoridad para imponerse.

La noticia debería haber provocado alegría y cierta inquietud razonable.

Dominic sabía cuánto amaba Cecily a su hermana y habría esperado que ella comenzara a organizar el regreso antes incluso de terminar la carta.

Lo que no había previsto era el miedo que él sentiría.

Apareció con tanta rapidez que se avergonzó.

Black Manor había dejado de ser la casa silenciosa a la que estaba acostumbrado.

Cecily había alterado sus costumbres. También había conseguido que incluso el sonido de sus pasos en un corredor resultase familiar.

Imaginarla marchándose, aunque solo fuese durante un tiempo, estaba abriendo dentro de él un vacío tan grande y aterrador que amenazaba con romperle el corazón.

—Debes ir —dijo.

Cecily levantó la vista hacia su marido.

—Desde luego.

—Hoy, si quieres. Haré que preparen el carruaje.

La rigidez de su voz hizo que ella frunciese un poco el ceño.

—No es necesario salir corriendo. Damian habría venido personalmente a buscarme si hubiese sucedido algo grave.

—Aun así, debes estar con ella.

Lavinia miró primero al duque y luego a su amiga. Poseía suficiente sensibilidad para comprender que algo estaba ocurriendo entre ambos.

—Yo también debería preparar mis cosas —comentó—. Si me disculpáis, lo haré de inmediato.

Cecily la miró.

—Gracias, Lavinia, por encontrar una excusa para dejarnos a solas. Sospecho que mi esposo trata de esconderme algo.

—No seas tan dura con él. No te mandó de regreso con Aurelia el primer día. Eso denota que es un hombre paciente. Yo sé que puedes irritar al mismo Creador.

—¿No te ibas, amiga mía? —preguntó con retintín.

—Ya me voy, ya me voy…

La dama recogió el bordado que apenas había tocado durante toda la mañana y salió de la estancia sin hacer ningún comentario más.

Cecily esperó hasta que la puerta se cerró.

—Ahora explícame qué sucede.

Dominic se volvió hacia la ventana. Desde que había visto la nota, sospechó que algo podría torcerse.

—No ocurre nada.

—No intentes eso conmigo.

—Tu hermana te necesita. Debes regresar.

—Ya he dicho que regresaré. Lo que no entiendo es tu actitud. Aurelia es muy importante para mí.

Dominic mantuvo la mirada sobre los jardines.

—Lo sé. Significa tanto para ti que no tuviste el menor reparo en presentarte ante mí para proponer que nos casásemos. No hace falta que me recuerdes quién es tu hermana para ti.

Cecily dejó la carta sobre la mesa y se acercó a él.

—¿Estás celoso de mi hermana?

—No.

—¿Qué te preocupa, entonces?

—Nada que pueda cambiar lo que debes hacer.

—Dominic, no puedes aislarte en ti mismo. No te lo permitiré y lo sabes.

Él cerró los ojos durante un instante.

—Lo que más temo en esta vida no es morir.

—¿Qué es lo que más te asusta? —indagó.

Su marido se volvió hacia ella.

—Durante años creí que no tenía miedo de perder a nadie porque a nadie tenía.

Resultaba sencillo vivir así. Una casa silenciosa, unas tierras que administrar y ninguna persona cuya ausencia pudiera destruirme.

Después llegaste tú y tuve que descubrir que la soledad no era paz, solo una habitación a oscuras en la que llevaba demasiado tiempo sin recordar que existía la luz.

—Sigo sin entender el problema —le dijo con suavidad.

—No me asusta morir, Cecily. Lo que no podría soportar es perderte. Me aterra despertarme un día y descubrir que no estás a mi lado.

Ella se acercó y lo abrazó sin pensárselo dos veces. Él la envolvió en sus brazos.

—No vas a perderme.

—Cuando dos personas se separan, nunca saben qué puede ocurrir.

Cecily levantó la vista y parpadeó un par de veces muy seguidas. Un gesto de incertidumbre.

—¿Separarnos? ¿Por qué vamos a separarnos? —Dominic no respondió enseguida y ella comenzó a inquietarse—. ¿Planeas volver a echarme de tu lado?

La ofensa que apareció en su rostro fue casi cómica.

—Antes me arrancaría los dos brazos. —Cecily lo observó durante un momento.

Le había dicho a su esposo que Damian se arrancaría un brazo antes que hacerle daño a Aurelia, y ella comprendía perfectamente que Dominic acababa de ofrecer ambos brazos sin pensarlo siquiera.

Una sonrisa empezó a formarse en sus labios—.

No sé qué encuentras divertido —la regañó él, pues no le gustaba verla sonreír mientras él lidiaba con un ataque de pánico.

—Nada. Continúa.

—Estás sonriendo.

—Porque todavía no entiendo cuál es el problema. Así que explícamelo antes de que empiece a pensar que esta conversación ha terminado por trastornarte.

Dominic soltó el aire por la nariz con brusquedad.

—Me romperá el corazón quedarme en Black Manor mientras tú estás con tu hermana. ¿Satisfecha? No es agradable que siempre trates de desnudar mis sentimientos.

Cecily dejó de sonreír.

—Oh, Dominic, no…

—¡Mira lo que has conseguido! —la interrumpió—. Has pasado semanas arrancándome cada defensa, obligándome a hablar, a disculparme, a admitir lo que siento, y ahora ni siquiera me queda suficiente orgullo para fingir que puedo soportar tu ausencia con dignidad.

Él se pasó una mano por el cabello, irritado consigo mismo.

—Dominic… —trató ella de hablar.

—Ya no me importa suplicarte nada. —Él no quería escucharla. Le cogió una mano y le dijo—: Regresa a mí, Cecily. Eso es lo único que te pido. Vete con tu hermana, cuídala todo el tiempo que te necesite, pero cuando termines, regresa a mí. Siempre. No puedo perderte —insistió.

Ella contempló sus manos unidas.

—¿Regresar a ti?

—Sí. Eso he dicho.

Cecily levantó la cabeza.

—No, no.

Él se quedó inmóvil.

—¿No?

—No pienso regresar a ti porque, allá donde yo vaya, tú vendrás conmigo siempre.

—¿Tú… quieres que vaya contigo?

—Es lo que trataba de explicarte. Soy yo la que no se arriesgará a perderte. He luchado mucho para que dejases atrás tu orgullo; mi ausencia podría hacerte recaer —bromeó con él.

Dominic la miró mientras sonreía.

—Entonces por el bien de mi tratamiento supongo que deberé seguir tus recomendaciones y no dejarte nunca.

—Sabias palabras, mi duque.

—Una cosa más… ¿Entiendes que Harrowmere y yo no somos precisamente amigos, y podría haber tensión entre nosotros?

—Eso no supone ningún problema.

—No quiero alterar a lady Harrowmere mientras está embarazada ni entrar en su casa para empezar una guerra con su esposo.

—Damian no te hará nada mientras vea que soy feliz contigo.

Soy su segunda persona favorita. —Cecily se quedó un momento pensativa y luego apuntó—: Bueno, quizá ahora sea la tercera.

Clara debe de ocupar una posición bastante elevada.

Aunque Damian es tan ridículamente devoto de Aurelia que es posible que ella y Clara compartan el primer lugar y yo continúe siendo segunda.

Dominic alzó una ceja.

—¿Te parece importante debatir la prioridad que tienes para Harrowmere?

—Lo importante es que no tienes nada que temer mientras me vea contenta. Ahora bien, si nota que me pongo un poco triste y te atribuye a ti la culpa, quizá te convenga empezar a correr. Sé que crees que puedes con el Conde Oscuro, pero no te aconsejo ponerlo a prueba.

—¿Así que él es el Conde Oscuro y yo el Duque Siniestro?

Cecily lo miró.

—Los periódicos os apodaron así.

—No. A mí no, Cecily. Nadie, salvo tú, me llama Duque Siniestro.

Ella frunció el ceño.

—Claro que sí. Yo recuerdo muy bien que…

—Se quedó callada y Dominic esperó a que continuase.

Cuando se acordó de lo que trataba de buscar en su mente continuó—: Es cierto, aquella nota no llegué a publicarla —observó, en referencia a lo que escribió para introducir a sus amigas en los problemas de su matrimonio secreto.

—¿Qué has dicho sobre una nota?

—Nada relevante. Debemos prepararnos para partir. Lavinia ya lo tendrá casi todo listo en estos momentos y nos conviene hacer lo mismo.

Dominic la observó con suspicacia, pero decidió que tendría tiempo de averiguar qué demonios era eso de una nota que no llegó a publicar.

—¿Estás segura de que debo acompañarte?

Ella pareció sorprendida de que todavía necesitara preguntarlo.

—Por supuesto que sí. Eres mi esposo y no pienso separarme de ti. Creo que lo he dejado bastante claro.

Algo se relajó por completo dentro de él.

—Entonces iré contigo. Sin embargo, quiero que quede constancia de que Harrowmere no sería rival para mí, igual que tampoco lo fue Rivington.

Cecily soltó una carcajada y se puso de puntillas para besarlo, cosa que hizo con ligereza.

—No subestimes el poder de un hombre cuando está en juego la familia que ama. Westcott es un miserable, y mi hermana y yo aprendimos muy pronto lo que ocurre cuando un desalmado solo piensa en sí mismo. Damian es todo lo contrario.

—No lo subestimo. —Dominic la rodeó por la cintura y la mantuvo cerca—.

Lo comprendo, que es diferente. Porque tú eres lo más importante para mí y haría cualquier cosa por ti.

Si para protegerte tuviera que declararle la guerra al mundo entero, lo haría.

Y si al terminar todos me llamasen monstruo, me aseguraría de haberme ganado el nombre a conciencia. No dudes de mí jamás.

Cecily lo contempló con una expresión llena de satisfacción.

—Ah. Eso ha sonado mucho a lo que Damian haría por Aurelia. Mi duque Siniestro va progresando. ¡Qué gran alegría!

Dominic frunció el ceño.

—¿Vas a compararme con Harrowmere constantemente?

—No creo que tengas que soportar la comparación demasiado tiempo. Siempre he pensado que Damian era el mejor de los hombres, pero tú, mi querido esposo, estás muy cerca de superarlo.

Dominic se olvidó de inmediato de cualquier ofensa.

—¿Cuánto de cerca?

Cecily sonrió.

—No pienso decírtelo. Corro el riesgo de que dejes de esforzarte.

Él la acercó un poco más.

—Pequeña bruja…

Cecily volvió a besarlo, mientras todavía sonreía como una tonta.