Prisionera del Duque Siniestro (Sombras y Luces 3) Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

—Nos explicó algo que tú y yo desconocíamos.

Una mujer puede no sangrar durante su primera relación, del mismo modo que puede sangrar en otro momento aunque ya haya conocido a un hombre.

Existe una protección, una membrana creo que lo llaman, a la que se le atribuye mucha importancia y que no es igual en todas las mujeres.

Puede ser más flexible en unas, diferente en otras o haber desaparecido por motivos que no guardan relación con el acto sexual.

Puedes preguntárselo a Rosehaven o consultar con cualquier médico si necesitas comprobarlo.

Yo no sangré, es cierto, pero tampoco había estado con un hombre antes de ti. Tienes que creerme.

Dominic negó despacio.

—No necesito preguntarle nada a nadie. Te has equivocado cuando has dicho que no te creía del todo.

Sí que lo hago. Lo que sucede es que me duele recordar lo que ocurrió entre nosotros y por ese motivo no quería hablar de ello.

No eres una mujer frívola y te conozco lo suficiente como para saber que detestas profundamente a tu padre, así que no jugarías con un caballero si no tuvieses intenciones serias con él…

Oh, Cecily, a veces parece que tú seas el hombre de esta relación y yo una damisela que siempre se equivoca. No está bien que me hagas esto.

—Vamos, Dominic… ¿tú, una damisela? No he conocido a ningún caballero que denote tanto poder con solo asomarse por una puerta.

Lo que necesito que comprendas es que yo era inocente cuando llegué a ti.

No había estado con ningún hombre y no he estado con otro desde entonces.

Te dije la verdad aquella noche porque la lealtad siempre ha sido lo más importante para mí y a ti no te importó.

Me condenaste sin darme una sola explicación.

Perdonar el dolor que me causaste no ha sido nada fácil.

Más, cuando yo sabía que no había hecho nada para causar tu ira y te presentaste ante mí en Londres como si fueses un ogro.

Sin embargo, veo cada día el esfuerzo que ambos hacemos para lograr sostenernos y decido seguir luchando.

La culpa que apareció en el rostro de Dominic fue tan evidente que Cecily se sintió mal por no haber suavizado sus palabras.

—Solo puedo pedirte mis más sinceras disculpas por lo que hice.

La carga de la virtud es un asunto que siempre le preocupará a un hombre, en especial a uno que tiene la obligación de mantener su línea de sangre intacta.

Lamento haber hecho suposiciones y haber puesto en tela de juicio tu honor —dijo él.

—Apenas nos conocíamos y por eso todo terminó convirtiéndose en un desastre. Era natural que desconfiases de mí, por eso necesitaba que nos conociésemos mejor ahora, antes de poner el pasado sobre la mesa.

—No intentes excusarme. Me equivoqué y tengo que asumir por completo la culpa.

—No seas tan duro contigo mismo. Éramos dos desconocidos.

—Dominic aceptó lo que ella decía y asintió.

Cecily se apoyó contra el escritorio antes de continuar—: Mi padre fue un esposo terrible.

Mi madre murió de tristeza por su culpa, eso ya lo sabes.

Bien, Aurelia y yo crecimos viendo lo fácil que era para una mujer quedarse atrapada en un matrimonio capaz de destruirla, así que ninguna confiaba demasiado en el género masculino y, cuando debutamos, intentamos llamar la menor atención posible.

Mi hermana disimulaba su hermosura siempre que podía, mientras que conmigo resultaba más complicado porque mi aspecto llamaba bastante más la atención de la que yo deseaba.

Dominic arqueó una ceja.

—La modestia continúa sin ser uno de tus grandes talentos.

—No es falta de modestia, es una descripción objetiva. Durante años consideré mi belleza más una amenaza que una ventaja porque sabía que mi padre podía utilizarla. Después de que se apostase a Aurelia en una mesa de juego…

La expresión de Dominic se endureció.

—Harrowmere intervino y la salvó. Recuerdo tus palabras.

—Sí. Damian la salvó y después mi hermana se enamoró de él.

Desde entonces mi padre no ha vuelto a molestarnos a Aurelia y a mí, seguramente porque Harrowmere le proporciona una asignación lo bastante generosa como para mantenerlo entretenido y porque supone que Damian no lo dejará acercarse a nosotras.

Jamás he alentado las atenciones de nadie hacia mí.

Rivington fue el único caballero al que dejé acercarse porque lo consideraba seguro.

Es honorable, amable y estaba convencida de que no corría peligro de que aquello se complicase.

Resultó que me equivoqué porque terminó sintiendo algo que yo no podía corresponder, y todavía lamento haberle hecho daño a un buen amigo.

—Hablé con él.

—Lo recuerdo. No me aclaraste los términos en los que os visteis.

—No le pegué, si eso es lo que estás pensando.

—Dominic, ¿qué sucedió con él?

—Un pequeño combate amistoso de esgrima.

Cecily cerró los ojos un momento.

—Sabía que había una trampa.

—Fue civilizado.

—Estoy segura de que ambos intentasteis mataros con exquisita educación.

Él prefirió no alegar nada a ese respecto.

—Ya que estamos poniendo todos nuestros asuntos sobre la mesa, hablaremos claro.

Podría decirse que empecé a abrir los ojos cuando hablé con Rivington.

Ya lo hemos comentado alguna vez, pero necesito que entiendas lo que sucedió en aquel momento.

Me habló de ti en términos inequívocos y puso especial énfasis en tu lealtad.

Me dijo que no romperías unos votos después de haberlos pronunciado y me recordó que tu historia familiar te había enseñado a despreciar ese comportamiento.

Lo molesto fue descubrir que tenía razón.

Me hizo comprender que llevaba dos años juzgándote por unas pocas horas y que necesitaba conocerte antes de seguir decidiendo quién eras.

Después recibí aquella interminable lista sobre cómo debía cortejarte y me proporcionaste la excusa perfecta para empezar a hacer lo que ya estaba considerando sin tener que admitir que la idea había partido de mí.

Cecily levantó las cejas.

—¿Utilizaste mis condiciones para proteger tu orgullo?

—Soy un hombre orgulloso. Creía que ya lo habíamos discutido antes.

—Sigue hablando, Dominic —lo animó.

—Yo ya había pensado en intentar salvar nuestro matrimonio, es decir, antes de recibir tu lista.

—¿Y respecto a mi inocencia? ¿También habías decidido cómo actuar a ese respecto ya entonces? —se interesó la dama.

Dominic asintió un par de veces.

—Por utilizar una palabra que ahora sé que no corresponde, ya te había perdonado antes de presentarme en Londres y exigirte que me dieses un par de herederos.

Cuando nos reencontramos volví a utilizar aquella acusación porque estaba resentido, frustrado y tremendamente celoso, no porque siguiera importándome lo que hubieras podido hacer antes de conocerme.

Y cuando vi a Rivington… ¿qué mujer no caería rendida ante alguien como él?

—Eso no te deja en buen lugar.

—No intento quedar bien, solo quiero decirte la verdad.

Aunque realmente hubieses conocido a otro hombre antes de mí, hacía tiempo que había dejado de importarme.

Lo único que no podía soportar era pensar que otro pudiese tenerte después de haber pasado casi dos años convenciéndome de que no te necesitaba.

Cecily lo contempló durante unos segundos.

—Ya establecimos que fueron los rumores los que hicieron que salieses de Black Manor.

Dominic no respondió enseguida.

—Sí, pero no esperé tanto tiempo para ir a buscarte. Fui a por ti muchísimo antes de eso.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Fui a buscarte a la mañana siguiente de haberte echado de casa. Dios santo… lo que hice fue imperdonable… y suena todavía peor.

Cecily se quedó muy quieta.

—Olvídate de lo que sucedió aquella noche. ¿Viniste a por mí a la mañana siguiente?

—Sí. —La incredulidad de ella consiguió que Dominic continuase antes de que pudiera acusarlo de intentar mejorar el pasado—: Después de haberte reclamado como mi esposa…

El siguiente tramo de aquella infernal noche fue horrible.

Había conseguido convencerme de que me habías mentido y que había actuado bien al alejarte de mí, pero eso no cambiaba el hecho de que no soportaba la idea de perderte.

Me levanté temprano, me vestí y preparé un discurso que afortunadamente no recuerdo porque, conociéndome, habría conseguido enfurecerte antes de llegar a la segunda frase.

—¿Resswell te convenció para que hicieses lo correcto y vinieses en mi busca?

Dominic se irguió.

—No, y quiero que ese detalle quede bien claro. Resswell puede ser un secretario insufrible que disfruta obligándome a ver aquello que preferiría ignorar, pero la decisión de ir a buscarte fue solo mía.

La satisfacción con que defendió aquel punto estuvo a punto de arrancarle una sonrisa.

—Entonces ¿por qué nunca te vi?

—Ordené que me preparasen mi montura cuanto antes.

Había llovido durante la noche y algunas calles seguían húmedas; al llegar a una intersección apareció un carruaje demasiado deprisa desde una vía lateral, mi caballo se asustó y traté de desviarlo para evitar el choque.

Perdió el paso sobre los adoquines mojados y ambos caímos.

Cecily sintió que el cuerpo se le tensaba y se llevó una mano a la boca.

—Oh, Dios…

—Mi pierna se quedó atrapada bajo el caballo y parte del peso del animal me aplastó contra el suelo.

El fémur se rompió y, aunque por fortuna la fractura no atravesó la piel, durante las primeras horas la hinchazón fue tan grave que los médicos temieron que la circulación quedase comprometida.

Incluso se habló de amputar si la pierna empeoraba.

Cecily palideció.

—Dominic… —musitó.