Capítulo 5 #6
—Diga lo que diga no me creerás. ¿Por qué?
Yo te lo diré: porque te has convencido de que, si crees que todo el mundo miente, te será más fácil estar solo.
No sé qué te debió ocurrir para que te convirtieses en lo que eres, pero te aseguro que no perderé más el tiempo con alguien que no lo merece.
Me casé contigo y cumpliré con mi parte del acuerdo.
Iré a donde decidas llevarme; ya te lo he dicho, te permitiré entrar en mi cama, pero es lo único que tendrás de mí.
—No deseo otra cosa de ti —le dijo él.
—Más te vale que así sea, porque podría llegar el día en el que te lamentases por descubrir lo equivocado que estabas. Te mandaré una nota cuando esté lista para partir. Ahora, suéltame —pidió mientras miraba el lugar por el que la mantenía sujeta.
—Nos iremos pronto.
—¿Es otra orden?
—Una observación. No querrás retrasar tus… obligaciones conyugales más de la cuenta. Sé cuánto te gusta que te dé placer.
—No olvides, que yo también he descubierto esta noche cuánto te gusta darme placer, Blackshow.
No soy estúpida, intuyo el motivo por el que no me has poseído, pues quieres asegurarte de que te dé un hijo de tu propia sangre, pero tanta hambre tenías, que has necesitado mendigar una migaja.
Una ofensa más que añadiré a las muchas que ya me has causado.
Puede que me hayas convertido en esclava de mis instintos, pero tú no estás mucho mejor que yo.
Crees que soy una mentirosa que ha tenido un amplio número de amantes, y eso no te ha impedido salir del agujero en el que estabas metido para venir a buscarme, porque te mueres por volver a tenerme en la cama.
Escuchaste los rumores y por fin tuviste una oportunidad para que tu orgullo no se rompiese ante mí.
Tú me deseas muchísimo más que yo a ti. Tanto como para escudarte en el deber de la procreación o en mi lujuria para acostarte conmigo cuantas veces desees.
—Eso no es verdad.
—¿El qué? ¿El asunto de mis amantes o el hecho de que me deseas? ¿O la imperiosa necesidad que tienes de mí cuando estoy cerca?
—Vete antes de que… —No siguió.
—¿Antes de qué, Blackshow? ¿Antes de que te bajes los pantalones y termines lo que has empezado?
—Tú obtuviste satisfacción, yo no, así que no te muestres tan ofendida por lo que he hecho y me has consentido. Te he dado mucho placer, no lo niegues.
—Es cierto. Sin embargo, pienso que sí que estás satisfecho con lo que me has hecho.
Te ha gustado… ¿Cómo lo llamaste? Sí, ya lo recuerdo.
Te ha encantado beber de mí. ¿Crees que mientras me lamías no escuchaba cómo gemías?
Sentiste una satisfacción extrema, tanta que te permitió guardar tu virilidad dentro de los pantalones.
—Sigue hablando de ese modo y estarás apretada contra la pared en un pestañeo, conmigo dentro de ti, Cecily.
—¿Sí?
—Una sola palabra más y…
—¿Y qué ocurrirá si me dejas embarazada? ¿Te preguntarás toda la vida si el niño es tuyo? Suerte que no lo lograste aquella primera vez, ¿verdad? —lo desafió.
—Cecily… no sabes lo cerca que estás de que…
—¿De qué? ¿Te molesta que hable con la misma crueldad que utilizas tú?
—Hay maneras de poseerte y no dejarte embarazada.
—¿Las hay? —preguntó incrédula—. ¿Cuáles?
—Puedo entrar en ti y dejar mi semilla sobre tu vientre antes de terminar, no dentro, por ejemplo, y también existen las fundas francesas para evitar un niño.
—Uhm… ¿Qué clase de mujer perdida seré yo, que hasta este momento, no he sabido que era posible acostarse con un hombre sin que se produjesen…
consecuencias? Bien. El aprendizaje termina ahora mismo.
—La duquesa volvió a mirar el lugar por el que él le sujetaba todavía la muñeca—.
A no ser que desees arrinconarme contra la pared, Blackshow, te recomendaría que me soltases.
¿Quién sabe? La lasciva esposa que tienes podría decidir tomar las riendas y someterte mientras pides compasión.
¿Qué te parecería si fuese yo quien te obligase a sentarte en un sillón mientras… ?
—¿Disfrutas atormentándome? —la cortó—. La imagen de ella gimiendo de nuevo mientras él la poseía de ese modo imperioso y salvaje contra la pared más próxima, lo había colocado al borde del precipicio. Sin embargo, imaginarse a su esposa cabalgándolo sin pudor… ¡Dios!
—¿Por qué? ¿Temes que te esté diciendo la verdad al afirmar que soy una mujer leal y te derrumbes porque te has comportado conmigo como el monstruo que eres?
¿O te refieres al hecho de que sufres porque no has logrado alcanzar el pico del placer y quieres que te someta a mi voluntad?
Una palabra tuya y seré la libidinosa esposa que me acusas de ser. Tal vez más, incluso.
Fue ahí cuando el duque la soltó como si quemase. No le dijo nada más. Se echó a un lado y ella se dispuso a salir de allí antes de que la lujuria volviese a hacer de las suyas.
Dominic se quedó solo en el gabinete, con la mejilla ardiendo por la bofetada y pensando en varias afirmaciones incendiarias que ella había pronunciado a viva voz.
Y no solo en las que implicaban actos impuros.
¿Podría ser que su duquesa le hubiese dicho la verdad sobre que no había conocido a otro hombre en la cama salvo a él?
No. Eso era imposible. Él sabía la verdad… ¿o no?