Capítulo 4 #3
—Me gusta esto —le confesó.
—¿Mi pecho?
—Que no parezcas un duque. Eres solo un hombre.
—Lamento tener que recordarte que, si no fuese un duque, no habrías venido aquí esta noche.
—Y yo lamento tener que recordarte —usó la misma fórmula de él— que si Helena no hubiese huido, tú tampoco estarías aquí conmigo. No creas que no me di cuenta de tu expresión cuando te dije mi apellido y quién era mi padre. Tú no te habrías fijado en mí en otras circunstancias.
Dominic la rodeó por la cintura.
—Supongo que nunca lo sabremos.
Entonces el duque la alzó en sus brazos y provocó que ella soltase un pequeño grito y tuviese que sujetarse de sus hombros.
—¿Qué haces?
—Me has inspeccionado como si estuvieras comprando un caballo y ahora voy a llevar a mi esposa a la cama.
La depositó sobre el colchón y Cecily descubrió que su corazón volvía a desbocarse cuando Dominic se inclinó sobre ella. Y eso que su marido no la besaba, sino que solo la estaba contemplando.
—Última oportunidad.
—¿Para qué?
—Para decirme que quieres esperar.
—Entendí que la consumación del matrimonio era un asunto indiscutible.
—Y lo era.
—Y si te pido tiempo, ¿esperarías?
—¿Quieres tiempo?
—No.
Dominic apoyó la frente contra la suya.
—Gracias a Dios, porque no creo que hubiese podido salir de esta habitación sin hundirme en tu calor.
La besó mientras terminaba de eliminar las últimas barreras entre ellos.
Ambos estaban completamente desnudos y no tardó en poner en práctica todas y cada una de las amenazas que le había hecho.
Comenzó besando cada uno de sus pechos. Mientras acariciaba con las manos uno, el otro era adorado con su boca.
Ella se arqueaba y pedía más. Él la complacía volviéndola loca.
Solo con la atención que le dedicó a cada uno de sus senos, Cecily creyó que estallaría en mil pedazos.
Lo que ocurrió luego fue mucho peor. Su boca se colocó en el lugar donde ella más lo deseaba.
Su lengua, caliente y húmeda encontró un lugar igual de ardiente y resbaladizo.
Lamió, sorbió y jugó todo cuanto se le antojó.
Incluso sus dedos se hundieron en su vaina para darle todavía mayor placer.
La agonía de su deseo solo rivalizaba con la suya propia.
Cecily estaba al borde del precipicio cuando él se detuvo y le impidió alcanzar lo que tanto anhelaba su cuerpo.
—¡Noooooo! —lloró cuando la boca de su esposo se separó de su feminidad.
—No temas, Cecily. Te he prometido que siempre culminarás y así será, pero la primera vez lo harás conmigo —dijo como si fuese una ley esculpida en piedra.
La duquesa descubrió que resultaba mucho más sencillo lidiar con la injusticia de aquella negación de su placer cuando él mantenía la boca sobre la suya y sus manos recorrían su cuerpo con verdadero deleite.
Dominic siguió besándola y acariciándola hasta que Cecily dejó de comprender cómo podía haber estado nerviosa por un acto que le resultaba tan natural como respirar. Cuando sintió que él se colocaba entre sus piernas, ella las abrió más por puro instinto.
—Hazme tuya, no lo soporto más. Te necesito dentro de mí. —Su cuerpo le gritaba cosas que ella no había comprendido hasta ese momento. Nunca la habían besado de ese modo tan decadente y, de pronto, se sentía como si hubiese nacido para disfrutar del placer.
Él se detuvo.
—Cecily…
Ella respiró hondo y apoyó una mano sobre su nuca.
—Bésame.
Él obedeció, se agarró la virilidad y comenzó a introducirse en su interior con cuidado. No obstante, su esposa era tan codiciosa que alzó las caderas y lo obligó a hundirse hasta el final de una sola embestida. La escuchó gemir de puro deleite.
—Por amor de Dios… ¿Estás loca?
—Ibas demasiado despacio y te necesitaba de un modo que jamás había previsto. Me siento… Yo…
—¿Te duele?
—No. Es extraño y la presión…
—¿Quieres que pare?
—No.
—No tenemos que continuar si…
Cecily se apretó contra él y movió las caderas sin pudor. Aprovechó el momento para besarle la herida. ¿No le había prometido que sería honesta siempre y que no sentiría vergüenza?
—He dicho que no pares. Dame placer y, por Dios, no me arranques de las garras de la lujuria hasta que me des paz.
Dominic la observó con atención antes de besarla otra vez.
—Mi bruja tirana… No siempre te saldrás con la tuya.
Cecily le dio un pequeño golpe en el hombro y Dominic atrapó su mano, entrelazó los dedos con los suyos y volvió a besarla.
La habitación era un cúmulo de gemidos, palabras de aliento y promesas de que pronto llegaría un placer increíble.
El duque, sabiendo que no soportaría más la dulce agonía que le causaba su mujer, trató de llevar los dedos hasta el nudo de nervios que haría posible que ella rozase el cielo.
Tenía entendido que ese punto concreto era clave para las mujeres.
—Oh, Dios, oh, Dios… No puedooooo, Dominic… No pares, no pares… Algo llega, no puedo perderlo ahoraaaaaa —le exigía ella, justo antes de que él pudiese acariciar de nuevo su feminidad.
Y al ver que su esposa estaba llevándole la delantera en eso de surcar la ola del placer, Dominic apresuró todavía más el ritmo para tratar de alcanzarla. Deseaba que los dos desfallecieran justo al mismo tiempo.
No le costó demasiado dejar escapar su semilla, y lo hizo justo cuando Cecily le clavó las uñas y le arañó la espalda de arriba abajo.
—¡Oh, Diosssss! —gruñó él, mientras sentía una deliciosa mezcla de placer con un pequeño punto de dolor.
Cuando finalmente pudieron relajarse después de disfrutar de sus cuerpos, ambos sonreían. Cecily tenía la mejilla apoyada sobre el torso masculino y uno de los brazos de Dominic rodeaba su cintura.
Durante unos minutos ninguno habló. Ella escuchaba los latidos de su corazón.
La duquesa levantó la cabeza hacía él.
—No ha sido tan terrible como me imaginé.
—Me halaga tu entusiasmo.
—Quizá esto funcione.
La mano de Dominic se detuvo sobre su espalda.
—¿Nuestro matrimonio?
—Sí.
—Puede que tengas razón.
Cecily sonrió, se movió para darle un beso en la mejilla que tenía lacerada y cerró los ojos.
Todavía seguía protegida por el calor de su cuerpo y estaba convencida de que la mayor locura de su vida se había convertido en algo increíblemente glorioso.
No solo había conseguido salvar a Aurelia, por fin vislumbraba un poco de luz en su oscuro futuro.