PRISIONERA DE SU DESTINO Capítulo 17 Entre el Amor y la Guerra
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Capítulo 17 Entre el Amor y la Guerra

La villa temblaba bajo el sonido de los disparos.

Los pasillos, que apenas unas horas antes habían estado en silencio, ahora eran un caos de gritos, órdenes y pasos apresurados. Sofía corría junto a Carlo.

Su respiración era agitada.

Su corazón golpeaba con fuerza.

Pero no por las balas.

No por los hombres que habían encontrado su escondite.

Sino por Matteo.

Porque la última mirada que habían compartido seguía grabada en su mente.

Y por primera vez ya no podía seguir negándolo.

Algo había cambiado.

Algo profundo.

Algo irreversible.

—¡Más rápido!

gritó Carlo.

Sofía aceleró el paso.

Los guardias los rodeaban mientras avanzaban por un corredor oculto detrás de la biblioteca principal.

La villa había sido construida décadas atrás.

Y como muchas propiedades antiguas de Sicilia, estaba llena de pasajes secretos.

Rutas de escape.

Túneles.

Habitaciones ocultas.

Matteo siempre estaba preparado.

Siempre.

Y aquella noche esa previsión podía salvarles la vida.

Un nuevo disparo resonó detrás de ellos.

Más cerca.

Demasiado cerca.

Uno de los guardias cayó al suelo.

Herido.

Los demás respondieron inmediatamente.

El eco de los disparos llenó el corredor.

—¡Sigue avanzando!

ordenó Carlo.

Sofía obedeció.

Pero cada paso que daba la alejaba más de Matteo. Y aquello comenzaba a resultar insoportable.

Finalmente llegaron a una puerta metálica.

Pesada.

Oculta tras una pared falsa.

Carlo introdujo un código.

La puerta se abrió lentamente.

Detrás aparecía un túnel estrecho.

Oscuro.

Y aparentemente interminable.

—Entren.

ordenó uno de los guardias.

Sofía permaneció inmóvil.

—¿Dónde está Matteo?

Carlo cerró los ojos durante un segundo.

Como si ya supiera que aquella pregunta llegaría. —Vendrá.

—No lo sabes.

—Lo conozco.

—Eso no responde nada.

Carlo la observó directamente.

—Matteo nunca pierde una batalla.

Aquellas palabras debían tranquilizarla.

Pero no lo hicieron.

Porque incluso los hombres más fuertes podían caer. Y ella comenzaba a comprender cuánto significaría perderlo. Finalmente entraron en el túnel.

La puerta se cerró detrás de ellos.

Y el sonido de la batalla desapareció lentamente.

Sustituido por un silencio inquietante.

Caminaron durante casi veinte minutos.

Nadie hablaba.

Nadie tenía energía para hacerlo.

El miedo ocupaba demasiado espacio.

Gabriel avanzaba lentamente delante de ellos.

Más cansado con cada paso.

Más preocupado.

Y Sofía no dejó de notarlo.

Finalmente decidió acercarse.

—¿Estás bien?

El anciano sonrió débilmente.

—He estado mejor.

—¿Por qué viniste realmente?

La pregunta lo sorprendió.

—¿Qué quieres decir?

—Sabías que era peligroso.

Sabías que te estaban buscando.

Y aun así apareciste.

¿Por qué?

Gabriel guardó silencio.

Durante varios segundos.

Después respondió.

—Porque me quedaba una deuda pendiente.

Aquellas palabras despertaron inmediatamente su curiosidad. —¿Con quién?

—Con tu madre.

El corazón de Sofía se aceleró.

—La quería mucho.

continuó Gabriel.

—Todos parecen haber querido mucho a mi madre.

El anciano sonrió.

—Era imposible no hacerlo.

Por primera vez desde que aquella historia había comenzado, Sofía sintió una pequeña tristeza.

Porque estaba descubriendo quién había sido realmente su madre. Pero demasiado tarde.

A través de recuerdos.

Cartas.

Historias.

Personas que la habían conocido.

Y nunca directamente de ella.

—Ella confiaba en Matteo más que en nadie.

dijo Gabriel.

Aquello llamó inmediatamente su atención.

—¿Más que en Alessandro?

—Sí.

Mucho más.

Sofía frunció el ceño.

Aquello no tenía sentido.

—¿Por qué?

Gabriel tardó unos segundos en responder.

—Porque Matteo siempre la protegió.

Incluso cuando ella no quería ser protegida.

Aquellas palabras hicieron que Sofía recordara algo.

Algo que había ocurrido decenas de veces durante los últimos meses. Las discusiones.

Las advertencias.

La sobreprotección.

Las órdenes.

Todo.

Y de repente comprendió algo.

Matteo trataba de protegerla exactamente igual que había intentado proteger a su madre.

Aquella revelación provocó una sensación extraña.

Cálida.

Dolorosa.

Y peligrosamente hermosa.

Después de casi una hora de caminata llegaron finalmente al final del túnel.

Una salida oculta entre las montañas.

Varias camionetas los esperaban allí.

Guardias.

Conductores.

Armas.

Todo preparado.

—¿Dónde iremos ahora?

preguntó Sofía.

Carlo estaba a punto de responder cuando su teléfono sonó. Todos quedaron inmóviles.

Carlo observó la pantalla.

Y su expresión cambió inmediatamente.

—Es Matteo.

El alivio golpeó a Sofía con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio. Carlo respondió.

Escuchó durante unos segundos.

Después sonrió por primera vez en toda la noche. —Entendido.

La llamada terminó.

—¿Está bien?

preguntó Sofía.

Demasiado rápido.

Demasiado nerviosa.

Y todos lo notaron.

Carlo sonrió ligeramente.

—Sí.

Está vivo.

Aquellas dos palabras fueron suficientes.

Solo dos.

Pero bastaron para que todo el aire regresara a sus pulmones. Sin embargo, la tranquilidad duró poco.

Porque la expresión de Carlo volvió a oscurecerse. —¿Qué ocurre?

preguntó Gabriel.

—Matteo encontró algo.

El silencio regresó.

—¿Qué encontró?

preguntó Sofía.

Carlo tardó unos segundos en responder.

Como si no estuviera seguro de querer hacerlo.

—Uno de los atacantes sobrevivió.

El corazón comenzó a acelerarse nuevamente.

—¿Y?

—Y dijo algo antes de morir.

Ahora todos estaban escuchando.

Incluso los guardias.

—¿Qué dijo?

preguntó Sofía.

Carlo levantó lentamente la vista.

Y las palabras que siguieron cambiaron todo.

—Dijo que no estaban buscando a Sofía por las pruebas. El mundo pareció detenerse.

—Entonces...

susurró ella.

Carlo tragó saliva.

Por primera vez parecía tan confundido como todos los demás. —Dijo que la están buscando porque ella es la clave.

El silencio explotó dentro de la montaña.

Pesado.

Inmóvil.

Imposible.

—¿La clave de qué?

preguntó Gabriel.

Carlo negó lentamente con la cabeza.

—Eso fue todo lo que alcanzó a decir antes de morir.

Nadie habló.

Nadie sabía qué pensar.

Porque aquella respuesta generaba más preguntas de las que resolvía. Y mientras observaba el cielo oscuro sobre las montañas de Sicilia, Sofía comprendió algo aterrador.

Durante meses había creído que estaba persiguiendo un secreto. Pero quizá la verdad era exactamente la contraria.

Quizá el secreto la había estado persiguiendo a ella toda su vida. Y ahora estaba cada vez más cerca de alcanzarla.