Capítulo 18 La Verdad en la Sangre
El viaje continuó durante toda la noche.
Nadie hablaba.
Nadie dormía.
Las palabras del atacante seguían presentes en la mente de todos. "Ella es la clave."
No las pruebas.
No los documentos.
No el pasado.
Ella.
Sofía.
Y cuanto más pensaba en ello, menos sentido tenía.
El amanecer encontró al grupo en una pequeña propiedad oculta cerca de la frontera entre Sicilia y Calabria.
Era mucho más modesta que las otras casas de Matteo.
Sin lujos.
Sin grandes jardines.
Sin señales de riqueza.
Solo seguridad.
Y en aquel momento era exactamente lo que necesitaban. Cuando finalmente bajaron de los vehículos, Sofía encontró a Matteo esperándolos.
Vivo.
Ileso.
De pie frente a la entrada.
Durante un instante todo lo demás desapareció.
Las preguntas.
El miedo.
La persecución.
Todo.
Porque estaba allí.
Y antes de que pudiera detenerse, corrió hacia él.
No pensó.
No analizó.
Simplemente actuó.
Matteo apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando ella lo abrazó. Con fuerza.
Como si quisiera asegurarse de que realmente estaba allí. Como si quisiera convencerse de que seguía vivo.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
El mundo pareció desaparecer.
Solo existían ellos.
Finalmente Sofía se apartó ligeramente.
Y entonces comprendió lo que acababa de hacer.
El calor subió inmediatamente a sus mejillas.
—Yo...
comenzó.
Pero Matteo negó suavemente con la cabeza.
—No tienes que explicarlo.
Su voz sonaba extrañamente suave.
Más suave que nunca.
Por primera vez ninguno intentó ocultar lo evidente.
Porque ambos sabían la verdad.
Y ambos tenían miedo de ella.
Esa mañana nadie habló sobre los sentimientos.
Ni sobre el abrazo.
Ni sobre la forma en que se habían mirado.
Había asuntos más urgentes.
Mucho más urgentes.
Poco después del desayuno se reunieron en una pequeña sala privada. Matteo.
Carlo.
Gabriel.
Y Sofía.
La atmósfera era tensa.
Porque todos sabían que había llegado el momento de encontrar respuestas.
—Tenemos que entender qué significa.
dijo Matteo.
—Ya sabemos lo que significa.
respondió Gabriel.
Todos giraron hacia él.
—No.
dijo Carlo.
—No lo sabemos.
Gabriel permaneció en silencio unos segundos.
Como si estuviera reuniendo valor.
Como si hubiera esperado años para decir aquellas palabras. Finalmente levantó la vista.
Y miró directamente a Sofía.
—Porque nunca te contamos toda la verdad.
El corazón de Sofía comenzó a acelerarse.
Otra vez.
—¿Qué verdad?
preguntó.
Gabriel exhaló lentamente.
—Tu madre no ocultó las pruebas.
Porque ella nunca las tuvo.
El silencio llenó la habitación.
—¿Qué?
preguntó Matteo.
Claramente sorprendido.
—Las pruebas jamás estuvieron en documentos.
Jamás estuvieron en cajas.
Jamás estuvieron en archivos.
Nadie entendía.
—Entonces ¿dónde estaban?
preguntó Carlo.
Gabriel volvió a mirar a Sofía.
—En una persona.
Un escalofrío recorrió la habitación.
—¿Qué significa eso?
preguntó Sofía.
—Significa que la información fue escondida de una manera que nadie podía encontrar.
Una manera que parecía imposible.
Matteo comenzó a comprender antes que los demás.
Sofía lo vio en su rostro.
—No.
susurró él.
Gabriel asintió lentamente.
—Sí.
El corazón de Sofía parecía dispuesto a salir de su pecho.
—Alguien me explique qué está pasando.
Ahora.
Gabriel tragó saliva.
—Cuando tu madre descubrió la verdad, comprendió que los documentos no eran seguros.
Todo podía ser robado.
Todo podía ser destruido.
—¿Y entonces?
—Entonces creó un sistema diferente.
—¿Qué sistema?
Gabriel cerró los ojos.
—Un código.
El silencio cayó nuevamente.
—No entiendo.
—Porque todavía no he terminado.
Gabriel abrió los ojos.
—Ese código fue dividido en partes.
Y cada parte fue escondida dentro de algo que nadie sospecharía. La tensión se volvió insoportable.
—¿Dónde?
preguntó Sofía.
Y entonces llegó la respuesta.
La respuesta que cambió absolutamente todo.
—En ti.
Nadie respiró.
Nadie habló.
Sofía sintió que el mundo desaparecía.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—No tiene sentido.
—Lo tiene.
Más del que imaginas.
Matteo permanecía completamente inmóvil.
Como si estuviera intentando procesar la misma información. —¿Estás diciendo que Sofía lleva las pruebas?
preguntó Carlo.
—No exactamente.
—Entonces explícalo.
Gabriel asintió lentamente.
—Cuando nació, ciertas claves fueron escondidas dentro de objetos relacionados con ella.
Objetos que solo podrían reunirse cuando llegara el momento adecuado.
—¿Qué objetos?
preguntó Sofía.
Gabriel tardó varios segundos en responder.
—Tu collar.
Tu certificado de nacimiento.
Y una tercera pieza que nunca encontramos.
Sofía se quedó inmóvil.
Porque llevaba años usando el mismo collar.
Un collar que había pertenecido a su madre.
Un collar que jamás se quitaba.
Y que ahora parecía mucho más importante de lo que había imaginado. —¿Por qué nadie me dijo esto?
preguntó.
La tristeza apareció en el rostro de Gabriel.
—Porque queríamos darte una vida normal.
Aquellas palabras eran casi idénticas a las que Matteo había dicho días atrás.
Y de repente todo comenzó a encajar.
Las mentiras.
Los secretos.
La protección.
La vigilancia.
Las advertencias.
Nunca habían intentado controlarla.
Habían intentado salvarla.
Pero el descubrimiento trajo otro problema.
Uno mucho peor.
Porque si ellos finalmente conocían la verdad...
entonces los enemigos también podían descubrirla.
Y en ese instante alguien llamó violentamente a la puerta. Tres golpes rápidos.
Urgentes.
Todos reaccionaron inmediatamente.
Un guardia entró corriendo.
Pálido.
Agitado.
—Tenemos un problema.
Matteo se puso de pie.
—Habla.
El guardia tragó saliva.
—Acabamos de interceptar una transmisión.
La habitación quedó en silencio.
—¿Y?
preguntó Matteo.
El hombre dudó.
Solo un segundo.
—Ya saben lo del collar.
Por primera vez desde que comenzó toda aquella historia... el miedo apareció claramente en los ojos de Matteo De Luca. Y eso hizo que Sofía comprendiera una verdad aterradora. La guerra que había destruido la vida de su madre estaba a punto de comenzar de nuevo.
Y esta vez ella estaba en el centro de todo.