PRISIONERA DE SU DESTINO Capítulo 16 El Último Hombre Vivo
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Capítulo 16 El Último Hombre Vivo

La lluvia comenzó poco después de medianoche.

Golpeaba los ventanales de la villa con una fuerza constante. Como si el propio cielo intentara advertirles que algo estaba por venir. Dentro de la casa nadie dormía.

Ni Matteo.

Ni Carlo.

Ni Sofía.

Y definitivamente tampoco Gabriel Ferraro.

El anciano permanecía sentado frente a la chimenea.

Observando las llamas.

Perdido en recuerdos que parecían demasiado pesados para una sola persona.

Durante horas nadie habló.

Finalmente fue Sofía quien rompió el silencio.

—¿Por qué viniste ahora?

Gabriel levantó lentamente la vista.

—Porque ya no podía seguir escondiéndome.

—Eso no responde mi pregunta.

—Lo sé.

El hombre suspiró.

Profundamente.

Como alguien que llevaba años esperando aquel momento. —Vine porque eres la última pieza.

El corazón de Sofía dio un salto.

—¿La última pieza de qué?

Gabriel observó brevemente a Matteo antes de responder. —De una historia que comenzó mucho antes de que nacieras. Matteo permaneció inmóvil.

Pero Sofía notó algo.

Algo pequeño.

Cada vez que Gabriel hablaba, Matteo parecía más incómodo. Más tenso.

Como si supiera exactamente hacia dónde se dirigía aquella conversación.

Y no le gustara.

Ni un poco.

—Empieza desde el principio.

dijo Matteo finalmente.

Gabriel asintió.

Durante unos segundos permaneció observando el fuego. Después comenzó.

—Hace más de veinte años existía un grupo.

Un grupo extremadamente poderoso.

Empresarios.

Políticos.

Jueces.

Personas que controlaban cosas que nadie imaginaba.

Sofía escuchaba atentamente.

—¿Una organización?

—Algo parecido.

—¿Y mi madre estaba involucrada?

—No.

Tu madre intentó destruirlos.

Aquella respuesta cambió todo.

Gabriel continuó.

—Tu madre era periodista.

Una de las mejores.

Nunca aceptaba una respuesta fácil.

Nunca dejaba una historia sin terminar.

Y un día encontró algo.

Algo que jamás debió encontrar.

—¿Qué?

—Pruebas.

Documentos.

Nombres.

Dinero.

Todo.

El silencio cayó sobre la habitación.

—Cuando comprendimos lo que había descubierto ya era demasiado tarde.

Ellos también lo sabían.

—¿Quiénes?

—Los mismos hombres que ahora te buscan.

La sangre pareció congelarse en las venas de Sofía.

Porque aquella historia ya no parecía un recuerdo.

Parecía una amenaza presente.

Real.

Viva.

—¿Y Alessandro?

preguntó ella.

Gabriel bajó la mirada.

—Era mi mejor amigo.

Y también el hombre más valiente que conocí.

Matteo permanecía en silencio.

Demasiado silencio.

Sofía comenzaba a notar que cada vez que Alessandro era mencionado, algo cambiaba en él.

Algo profundo.

Algo doloroso.

—Alessandro decidió ayudar a tu madre.

continuó Gabriel.

—¿Por qué?

—Porque estaba enamorado de la verdad.

Y porque creía que algunas cosas debían ser expuestas sin importar el precio.

Aquellas palabras sonaban exactamente como algo que Alessandro habría escrito en aquella carta.

Y eso hizo que Sofía sintiera una extraña conexión con alguien que jamás conoció.

—¿Y Matteo?

La pregunta salió antes de que pudiera evitarla.

Gabriel sonrió ligeramente.

Por primera vez.

—Matteo fue quien intentó protegerlos.

La habitación quedó en silencio.

—¿Protegerlos?

repitió Sofía.

—Sí.

Porque incluso entonces ya sabía lo peligrosos que eran aquellos hombres.

Sofía giró lentamente la cabeza hacia Matteo.

Pero él seguía observando el fuego.

Sin decir una palabra.

—¿Funcionó?

preguntó finalmente.

Gabriel cerró los ojos.

Y aquella reacción fue suficiente para conocer la respuesta. —No.

La lluvia golpeaba con más fuerza ahora.

Como acompañando cada palabra.

Cada recuerdo.

Cada tragedia.

—Una noche todo salió mal.

dijo Gabriel.

—¿La noche en que murió Alessandro?

Gabriel asintió.

—Sí.

Aquella noche.

El mismo silencio pesado regresó a la habitación.

—Fue una emboscada.

continuó.

—No iban tras Alessandro.

Ni siquiera iban tras tu madre.

Iban tras algo que creían que ellos tenían.

—¿Las pruebas?

—Exactamente.

Sofía sintió que el rompecabezas comenzaba a encajar. Lentamente.

Pero aún faltaban piezas.

Muchas piezas.

—¿Y las encontraron?

preguntó.

Gabriel negó con la cabeza.

—No.

Jamás.

Aquella respuesta sorprendió incluso a Matteo.

—¿Qué?

Gabriel lo miró.

—Nunca encontraron las pruebas.

Por primera vez en toda la noche Matteo reaccionó visiblemente. —Eso es imposible.

—No lo es.

—Las buscamos durante años.

—Lo sé.

—Entonces ¿dónde están?

Gabriel guardó silencio.

Y aquello fue suficiente para que todos comprendieran algo. Él sabía la respuesta.

—Gabriel.

La voz de Matteo sonó más firme.

Más peligrosa.

—¿Dónde están?

El anciano levantó lentamente la vista.

Y miró directamente a Sofía.

No a Matteo.

A Sofía.

—Las pruebas jamás fueron escondidas por Alessandro. Ni por tu madre.

El corazón comenzó a acelerarse.

—Entonces...

Gabriel tragó saliva.

—Fueron escondidas para ti.

Nadie habló.

Nadie respiró.

El tiempo pareció detenerse.

—No entiendo.

susurró Sofía.

—Lo harás.

respondió Gabriel.

—Muy pronto.

Entonces ocurrió.

Un sonido seco resonó en el exterior.

Todos se pusieron de pie inmediatamente.

Los guardias reaccionaron al instante.

Matteo sacó un arma de debajo de la mesa.

Carlo corrió hacia una ventana.

La tensión explotó de golpe.

—¿Qué fue eso?

preguntó Sofía.

Nadie respondió.

Porque todos ya lo sabían.

Otro disparo.

Más cerca.

Mucho más cerca.

La alarma de la villa comenzó a sonar.

Luces rojas iluminaron los pasillos.

Guardias corriendo.

Gritos.

Órdenes.

Caos.

—Nos encontraron.

susurró Gabriel.

El miedo apareció por primera vez en su rostro.

Un miedo auténtico.

Real.

—Llévatela.

ordenó Matteo a Carlo.

—¿Y tú?

preguntó Sofía inmediatamente.

—Voy a detenerlos.

—No.

La respuesta salió sin pensar.

Demasiado rápido.

Demasiado emocional.

Y todos la notaron.

Especialmente Matteo.

Durante un instante sus ojos se encontraron.

Y algo cambió.

Algo que ambos llevaban semanas intentando ignorar.

Porque por primera vez Sofía comprendió que el miedo que sentía no era por la situación.

No era por los disparos.

No era por la persecución.

Era por él.

Por Matteo.

Y por primera vez Matteo pareció comprender exactamente lo mismo. Otro disparo sacudió la villa.

Más cerca.

Más fuerte.

—Ve con Carlo.

ordenó.

—Matteo...

—Ahora.

Aquella vez obedeció.

Porque no tenía alternativa.

Pero mientras corría por los pasillos oscuros de la villa, una sola idea ocupaba su mente.

Una idea imposible de ignorar.

Una idea mucho más peligrosa que cualquiera de los hombres que los perseguían.

Porque empezaba a enamorarse de Matteo De Luca.

Y en medio de una guerra que llevaba décadas destruyendo vidas... aquello podía ser el error más grande de todos.