Capítulo 15 La Cacería Comienza
La habitación oculta quedó sumida en un silencio aterrador. Nadie habló.
Nadie se movió.
Las palabras escritas en aquel documento parecían haber congelado el tiempo.
Objetivo localizado: Sofía Romano.
Sofía volvió a leer la línea.
Después una segunda vez.
Y una tercera.
Como si su mente se negara a aceptar lo que significaba.
Porque aquello ya no era una sospecha.
Ya no era una teoría.
Ya no era un miedo irracional.
Era una realidad.
Alguien la estaba buscando.
Alguien que había estado buscándola durante años.
Y ahora finalmente la había encontrado.
—Tenemos que irnos.
La voz de Matteo rompió el silencio.
Fría.
Directa.
Decidida.
Sofía levantó la vista.
—¿Irnos?
—Ahora.
—¿Por qué?
Matteo la observó como si la respuesta fuera obvia.
—Porque si ellos encontraron este lugar, significa que estamos quedándonos sin tiempo.
Carlo asintió inmediatamente.
—Tiene razón.
Aquello fue suficiente para que Sofía comprendiera la gravedad de la situación.
Porque Carlo rara vez estaba de acuerdo con alguien tan rápido. Y cuando lo hacía, generalmente significaba problemas.
Problemas serios.
Los siguientes treinta minutos fueron caóticos.
Llamadas.
Órdenes.
Vehículos.
Guardias entrando y saliendo.
Todo el mundo parecía moverse a una velocidad imposible. Como si una tormenta invisible estuviera acercándose.
Y quizá así era.
Sofía observó todo desde la distancia.
Intentando procesar lo que acababa de descubrir.
Intentando comprender cómo había llegado hasta allí.
Meses atrás su mayor preocupación era salvar el restaurante de su padre.
Ahora estaba huyendo de personas que habían asesinado a gente décadas atrás.
La situación parecía absurda.
Irreal.
Y sin embargo estaba ocurriendo.
Cuando finalmente subió al vehículo junto a Matteo, el sol comenzaba a ocultarse.
El cielo se teñía de naranja y rojo sobre las colinas sicilianas. Normalmente habría sido un paisaje hermoso.
Aquella noche parecía una advertencia.
—¿Adónde vamos?
preguntó.
—A un lugar seguro.
—Empiezo a odiar esa expresión.
—Yo también.
Aquella respuesta la sorprendió.
Porque Matteo rara vez admitía cosas así.
Pero últimamente algo estaba cambiando.
Las barreras parecían debilitarse.
Poco a poco.
Durante el viaje ninguno habló demasiado.
Carlo viajaba en otro vehículo.
Los guardias permanecían atentos.
Y Matteo observaba constantemente el camino.
Como si esperara algo.
Como si supiera que el peligro estaba cerca.
Muy cerca.
—¿Tienes miedo?
La pregunta escapó de los labios de Sofía antes de pensarla. Matteo tardó varios segundos en responder.
—Sí.
Aquella respuesta la dejó inmóvil.
Porque jamás habría esperado escucharla.
—Pensé que nunca tenías miedo.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Matteo.
Triste.
Cansada.
Humana.
—Las personas inteligentes siempre tienen miedo de algo. —¿Y tú?
El silencio regresó.
Después Matteo la miró directamente.
—Tengo miedo de llegar demasiado tarde otra vez.
Las palabras golpearon a Sofía con fuerza.
Porque comprendió inmediatamente lo que significaban. No estaba hablando de él.
Estaba hablando de Alessandro.
De su hermana.
De todas las personas que había perdido.
Y ahora...
de ella.
Por primera vez desde que lo conocía, sintió algo diferente. Algo que iba más allá de la curiosidad.
Más allá de la confianza.
Más allá incluso de la amistad.
Y aquello la asustó.
Porque sabía perfectamente lo peligroso que podía ser.
Llegaron poco después de medianoche.
La nueva ubicación era una antigua villa escondida entre montañas. Lejos de las carreteras principales.
Lejos de las ciudades.
Lejos de todo.
Parecía el tipo de lugar donde alguien desaparecería voluntariamente. O donde alguien sería escondido.
—¿Cuántas propiedades tienes?
preguntó Sofía mientras observaba la enorme construcción. —Demasiadas.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que recibirás.
Aquello provocó una pequeña sonrisa involuntaria.
Y Matteo la notó.
La sonrisa desapareció rápidamente.
Porque al entrar encontraron algo inesperado.
Uno de los guardias los esperaba en la puerta principal. Su expresión era grave.
Muy grave.
—Tenemos un problema.
Matteo se tensó inmediatamente.
—Habla.
—Encontramos a alguien dentro.
El silencio cayó sobre todos.
Instantáneamente.
—¿Quién?
—No lo sabemos.
Dice que vino a ver a Sofía.
El corazón de ella comenzó a latir violentamente.
—¿A mí?
—Sí.
Matteo intercambió una mirada con Carlo.
Y aquella mirada fue suficiente para que Sofía comprendiera que la situación acababa de empeorar.
Mucho.
El desconocido estaba sentado en una pequeña sala vigilada. Era un hombre mayor.
Quizá sesenta años.
Cabello completamente gris.
Rostro cansado.
Y ojos que parecían haber visto demasiadas cosas.
Cuando Sofía entró, el hombre se puso de pie inmediatamente. Y entonces ocurrió algo extraño.
Muy extraño.
La observó durante varios segundos.
Sin hablar.
Como si estuviera viendo un fantasma.
Como si estuviera viendo a alguien que creía perdido. Finalmente habló.
—Te pareces exactamente a ella.
Sofía sintió un escalofrío.
—¿A quién?
El hombre tragó saliva.
Y respondió.
—A tu madre.
La habitación quedó completamente en silencio.
Matteo observaba cada movimiento.
Carlo parecía preparado para intervenir en cualquier momento. Pero el hombre no parecía peligroso.
Solo parecía triste.
Profundamente triste.
—¿Quién es usted?
preguntó Sofía.
El desconocido bajó lentamente la mirada.
Como si aquella pregunta pesara más de lo normal. —Mi nombre es Gabriel Ferraro.
La reacción fue inmediata.
Matteo se puso rígido.
Completamente rígido.
Y aquello llamó la atención de Sofía.
—¿Lo conoces?
Matteo no respondió.
Pero Carlo sí.
—Pensábamos que habías muerto.
Gabriel soltó una pequeña risa amarga.
—Mucha gente lo pensaba.
Durante la siguiente hora, las piezas comenzaron a moverse. Lentamente.
Como un rompecabezas gigantesco.
Gabriel conocía a Alessandro.
Conocía a la madre de Sofía.
Y también conocía a Matteo.
Había formado parte del mismo círculo.
Del mismo secreto.
De la misma historia.
Una historia que ahora comenzaba a salir a la luz. —No tenemos mucho tiempo.
dijo Gabriel finalmente.
—Entonces habla.
respondió Matteo.
Gabriel observó directamente a Sofía.
Y por primera vez el miedo apareció claramente en sus ojos. —Las personas que buscan a Sofía ya no están investigando. Ya no están observando.
Ya no están esperando.
El corazón de Sofía se aceleró.
—¿Qué significa eso?
Gabriel tardó apenas un segundo en responder.
Pero ese segundo pareció eterno.
—Significa que han comenzado la cacería.
Y por primera vez desde que toda aquella historia comenzó... nadie en la habitación tuvo una respuesta.