PRISIONERA DE SU DESTINO Capítulo 11 Sombras del Pasado
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Capítulo 11 Sombras del Pasado

Sofía no durmió aquella noche.

Las palabras de Matteo seguían resonando en su mente.

"Mucho más de lo que imaginas."

Era una respuesta.

Y al mismo tiempo no lo era.

Porque seguía sin explicar nada.

Pero había algo que resultaba imposible ignorar.

Matteo no había intentado negar la conexión.

No había cambiado de tema.

No había mentido.

Simplemente había admitido que ella formaba parte de una historia que desconocía.

Y aquello era suficiente para mantenerla despierta hasta el amanecer. A la mañana siguiente la casa parecía extrañamente silenciosa. Más silenciosa de lo habitual.

Los empleados hablaban en voz baja.

Los guardias parecían tensos.

Incluso Elena parecía preocupada.

Algo estaba ocurriendo.

Y Sofía podía sentirlo.

Cuando llegó al comedor encontró a Carlo sentado solo.

Revisando varios documentos.

Aquello era raro.

Normalmente Carlo siempre estaba moviéndose de un lugar a otro. —Buenos días.

Carlo levantó la vista.

—Buenos días.

—Pareces preocupado.

—Lo estoy.

—¿Por qué?

Carlo dudó.

—Porque algunas personas no saben cuándo dejar el pasado enterrado. Aquella respuesta llamó inmediatamente su atención.

—¿Hablas de mí?

—No.

Hablo de personas mucho más peligrosas.

Aquellas palabras permanecieron en su mente durante toda la mañana. Porque confirmaban algo.

El pasado no estaba muerto.

Seguía allí.

Moviéndose en las sombras.

Esperando.

Y aparentemente alguien estaba interesado en desenterrarlo. Poco después del almuerzo encontró a Matteo en uno de los balcones. Observando el mar.

Últimamente parecía pasar mucho tiempo allí.

Como si las olas le ofrecieran respuestas que nadie más podía darle. —Tengo otra pregunta.

Matteo soltó una pequeña risa.

—Estoy empezando a arrepentirme de haberte conocido. —Mentiroso.

—Quizá.

Sofía se apoyó contra la barandilla.

—¿Por qué mi madre nunca volvió a verte?

La pregunta provocó un silencio inmediato.

Uno de esos silencios que significaban algo.

—Porque decidió alejarse.

—¿De ti?

—De todo.

—¿Por qué?

Matteo observó el horizonte durante varios segundos.

—Porque era lo más seguro.

Aquella respuesta hizo que Sofía frunciera el ceño.

—¿Seguro para quién?

—Para ella.

—Eso no responde nada.

—Lo sé.

—Entonces responde mejor.

Por primera vez Matteo sonrió ligeramente.

—Nunca te rindes.

—No cuando todos intentan ocultarme la verdad.

La sonrisa desapareció.

Y el silencio regresó.

—Tu madre era una persona extraordinaria.

La frase llegó de manera inesperada.

Tan inesperada que Sofía permaneció inmóvil.

Porque era la primera vez que Matteo hablaba de ella sin evasivas. —Cuéntame algo.

—¿Algo?

—Sí.

Algo real.

No secretos.

No advertencias.

Solo algo sobre ella.

Matteo bajó la mirada.

Como si estuviera revisando recuerdos olvidados.

Después habló.

—Le encantaban los libros.

Sofía sonrió.

—Eso ya lo sabía.

—Leía incluso cuando no tenía tiempo.

—Eso también.

—Y odiaba que la gente decidiera por ella.

Aquello hizo que Sofía soltara una pequeña risa.

—Definitivamente era mi madre.

—Sí.

Lo era.

Por primera vez la conversación parecía normal.

Humana.

Libre de misterios.

Y precisamente por eso resultaba especial.

—¿La amabas?

La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla.

El silencio fue instantáneo.

Pesado.

Peligroso.

Sofía quiso retirar las palabras.

Demasiado tarde.

Matteo permaneció inmóvil.

Sin mirarla.

Sin responder.

Durante tanto tiempo que ella creyó que nunca lo haría. Finalmente habló.

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

Demasiado perfecta.

Y Sofía supo inmediatamente que era mentira.

Porque los ojos de Matteo contaban una historia diferente. Una historia mucho más complicada.

Pero decidió no insistir.

No aquella vez.

Esa misma noche ocurrió algo inesperado.

Un automóvil apareció frente a la casa.

No era raro.

Lo extraño era el visitante.

Un hombre mayor.

Cabello gris.

Traje impecable.

Y una expresión seria.

Muy seria.

Sofía observó desde una ventana mientras Matteo lo recibía personalmente.

Aquello llamó su atención.

Porque Matteo rara vez recibía a alguien de esa manera. Los dos hombres desaparecieron en el despacho principal. Y la reunión duró casi tres horas.

Tres largas horas.

Cuando terminó, el visitante se marchó.

Pero Matteo no salió.

La curiosidad terminó venciendo.

Otra vez.

Y poco después de medianoche Sofía caminó hasta el despacho. La puerta estaba entreabierta.

La luz seguía encendida.

Y Matteo permanecía allí.

Solo.

Sentado frente a una mesa llena de documentos.

Parecía agotado.

Más agotado de lo que ella lo había visto nunca.

—Deberías dormir.

Matteo levantó la vista.

Sorprendido.

—Tú también.

—Yo pregunté primero.

—Y yo respondí primero.

Aquello provocó una pequeña sonrisa en ambos. Una sonrisa breve.

Pero real.

—¿Malas noticias?

preguntó Sofía.

Matteo permaneció en silencio unos segundos. Después asintió.

—Quizá.

—Eso tampoco suena tranquilizador.

—No lo es.

Ella entró lentamente en la habitación.

—¿Tiene que ver conmigo?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Y la respuesta llegó casi de inmediato.

—Sí.

El corazón de Sofía se aceleró.

—¿Qué ocurre?

Matteo observó los documentos.

Después la miró.

Y por primera vez pareció realmente preocupado. No por negocios.

No por dinero.

No por poder.

Por ella.

—Alguien ha empezado a hacer preguntas sobre tu madre. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

—¿Quién?

—Todavía no lo sabemos.

—¿Y eso es malo?

—Mucho.

La respuesta fue inmediata.

Demasiado inmediata.

Y aquello solo aumentó su miedo.

—¿Por qué?

Matteo se puso de pie lentamente.

Caminó hacia la ventana.

Y permaneció allí varios segundos.

Como si estuviera decidiendo cuánto debía contar.

Finalmente habló.

—Porque las personas que buscan respuestas sobre tu madre son las mismas personas que destruyeron mi vida hace nueve años. El mundo pareció detenerse.

Por completo.

—¿Qué?

—Y si han vuelto a buscarla...

Matteo hizo una pausa.

Una pausa que resultó peor que cualquier palabra.

—Significa que también podrían estar buscándote a ti.

El silencio cayó sobre la habitación.

Un silencio absoluto.

Pesado.

Inmóvil.

Y mientras observaba el rostro de Matteo, Sofía comprendió algo que nunca había considerado.

Tal vez ella no había llegado accidentalmente a la vida de Matteo De Luca.

Tal vez llevaba conectada a aquella historia desde mucho antes de nacer.

Y si eso era cierto...

entonces el mayor secreto aún no había sido revelado.