PRISIONERA DE SU DESTINO Capítulo 9 Una Verdad a Medias
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Capítulo 9 Una Verdad a Medias

La mañana llegó acompañada por una lluvia suave.

Las gotas golpeaban lentamente los grandes ventanales de la casa mientras Sofía permanecía sentada junto a la ventana de su habitación. No estaba leyendo.

No estaba pensando en el ataque.

Ni siquiera estaba pensando en la deuda.

Estaba pensando en Matteo.

Y eso comenzaba a convertirse en un problema.

Cada vez que intentaba recordarse a sí misma quién era él, aparecía una imagen diferente.

La imagen de un hombre protegiéndola de los disparos.

La imagen de un hombre incapaz de olvidar a su hermana. La imagen de alguien que parecía cargar un peso demasiado grande para una sola persona.

Nada de eso encajaba con el monstruo que había imaginado. Y cuanto menos encajaba, más difícil se volvía ignorarlo.

Durante el desayuno apenas probó la comida.

Su mente seguía ocupada.

—Estás pensando demasiado.

La voz de Elena la hizo levantar la vista.

—¿Tan evidente es?

—Mucho.

Sofía soltó una pequeña sonrisa.

—No es nada.

—Cuando alguien dice eso normalmente significa exactamente lo contrario.

Aquella respuesta la hizo reír.

Porque era verdad.

—Quizá tengas razón.

Elena tomó asiento frente a ella.

—¿Puedo darte un consejo?

—Depende.

—No juzgues a Matteo por lo que dicen los demás.

Sofía arqueó una ceja.

—¿Y por qué no?

—Porque la mayoría de las personas solo conoce una parte de la historia.

Aquellas palabras captaron inmediatamente su atención. —¿Qué parte?

Pero Elena ya estaba levantándose.

—La parte que él les permite ver.

Y antes de que Sofía pudiera hacer otra pregunta, la mujer abandonó la habitación.

Aquello la dejó pensando durante horas.

Porque no era la primera vez que escuchaba algo parecido. Todos parecían insinuar que existía una verdad oculta.

Una pieza faltante.

Algo que explicaba por qué Matteo era como era.

Pero nadie parecía dispuesto a hablar.

Aquella tarde decidió caminar por los jardines.

Necesitaba despejar la mente.

El cielo seguía cubierto de nubes.

El viento arrastraba el aroma del mar.

Todo parecía tranquilo.

Hasta que escuchó voces.

Dos hombres discutían cerca de uno de los edificios auxiliares. Instintivamente se detuvo.

—No puedes seguir ocultándolo.

—No es asunto tuyo.

—Claro que lo es.

Ella reconoció inmediatamente una de las voces.

Carlo.

Se acercó un poco más.

Lo suficiente para escuchar.

—Ella tiene derecho a saberlo.

—Todavía no.

Era Matteo.

Su tono era firme.

Más firme de lo habitual.

—¿Y cuándo?

—Cuando yo lo decida.

Silencio.

—Estás cometiendo el mismo error otra vez.

Aquella frase provocó algo extraño.

Por primera vez Matteo pareció perder la calma.

—Basta.

La palabra sonó como una orden.

Fría.

Peligrosa.

Y Carlo guardó silencio inmediatamente.

Sofía sintió un escalofrío.

Porque comprendió algo.

Aquello no era una discusión normal.

Estaban hablando de algo importante.

Algo relacionado con ella.

Esa noche no pudo contenerse más.

Necesitaba respuestas.

Y estaba cansada de esperar.

Encontró a Matteo en la biblioteca.

Solo.

Como casi siempre.

Leyendo.

—Necesitamos hablar.

Matteo levantó la vista.

—Eso nunca termina bien.

—Esta vez tampoco terminará bien.

Aquello pareció divertirlo.

—Te escucho.

Sofía cruzó los brazos.

—¿Qué me estás ocultando?

La sonrisa desapareció inmediatamente.

—Nada.

—Mentira.

—Sofía.

—No.

Estoy cansada de medias verdades.

Estoy cansada de secretos.

Estoy cansada de escuchar conversaciones donde todos parecen saber algo excepto yo.

El silencio cayó sobre la biblioteca.

Pesado.

Inmóvil.

Matteo cerró lentamente el libro.

—Hay cosas que no puedo explicar todavía. —¿Por qué?

—Porque no es tan simple.

—Entonces hazlo simple.

—No puedo.

—No quiero escuchar esa respuesta otra vez. Por primera vez Matteo pareció cansado. Realmente cansado.

—Y yo no quiero seguir mintiéndote.

Aquellas palabras la dejaron inmóvil.

Porque acababa de admitirlo.

Acababa de admitir que existían mentiras. Que existían secretos.

Que ella tenía razón.

—Entonces dime la verdad.

Matteo bajó la mirada durante unos segundos. Como si estuviera librando una batalla interna. Finalmente habló.

—Tu madre me conocía.

Sofía sintió que el corazón se detenía. —¿Qué?

—Antes de que nacieras.

El mundo pareció detenerse.

—¿Cómo?

—Éramos amigos.

Aquello era imposible.

Su madre jamás había mencionado a Matteo. Nunca.

Ni una sola vez.

—Estás mintiendo.

—No.

—Mi madre nunca habló de ti.

—Lo sé.

—Entonces ¿cómo esperas que te crea? Matteo permaneció en silencio.

Después abrió un cajón.

Sacó una fotografía.

Y se la entregó.

Las manos de Sofía comenzaron a temblar. Porque reconoció inmediatamente a la mujer de la imagen. Su madre.

Mucho más joven.

Sonriendo.

Y junto a ella estaba Matteo.

Más joven también.

Pero indudablemente era él.

La fotografía era real.

Completamente real.

Y eso lo cambiaba todo.

—No entiendo.

Su voz apenas fue un susurro.

—Lo sé.

—¿Por qué nunca me habló de ti?

Matteo observó la fotografía.

—Porque se lo prometió a alguien.

—¿A quién?

Silencio.

Otra vez.

Siempre silencio.

—¿Ves?

La frustración regresó inmediatamente.

—Esto es exactamente lo que haces.

Me das una respuesta y después escondes el resto.

—Porque el resto no me pertenece.

—¿Qué significa eso?

—Significa que algunas verdades no son mías para contarlas. Aquella respuesta solo generó más preguntas.

Más dudas.

Más confusión.

Y Matteo lo sabía.

Perfectamente.

Cuando finalmente abandonó la biblioteca, Sofía sentía que el mundo se había vuelto aún más complicado.

Ahora sabía una cosa.

Su madre conocía a Matteo.

Lo conocía mucho antes de que ella naciera.

Y había decidido ocultarlo.

La pregunta era:

¿Por qué?

Porque cuanto más descubría, más evidente resultaba algo. Su llegada a la vida de Matteo no había sido una coincidencia. Nunca lo había sido.

Y por primera vez comenzó a sospechar que la deuda de su padre quizá no era la verdadera razón por la que estaba allí.

Quizá solo había sido una excusa.

Una manera de acercarla.

Una manera de protegerla.

O una manera de prepararla para una verdad que todavía no estaba lista para escuchar.

Y mientras la lluvia seguía cayendo sobre la costa siciliana, Sofía comenzó a comprender que estaba mucho más cerca del secreto de Matteo De Luca.

Pero también mucho más cerca de él.

Y eso era exactamente lo que debía evitar.