PRISIONERA DE SU DESTINO Capítulo 6 La Primera Discusión
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Capítulo 6 La Primera Discusión

Durante los siguientes días, Sofía hizo todo lo posible por evitar a Matteo.

No era una decisión difícil.

El hombre parecía estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo. Salía antes del amanecer.

Regresaba tarde por la noche.

Y cuando estaba en la mansión, permanecía encerrado en reuniones, llamadas o documentos que parecían no terminar nunca. Aun así, de alguna manera, siempre tenía la sensación de que sabía exactamente dónde estaba ella.

Y eso la ponía nerviosa.

Muy nerviosa.

Una tarde decidió salir sola al pueblo cercano.

Necesitaba respirar.

Necesitaba ver algo diferente a los enormes muros de la mansión. Sobre todo, necesitaba recordar cómo era sentirse libre.

Después de avisar a Elena, tomó un taxi y pasó varias horas caminando por las calles.

Visitó una pequeña cafetería.

Compró algunos libros.

Y por primera vez desde que había llegado a la mansión, sintió algo parecido a normalidad.

Sin embargo, al regresar, encontró a Matteo esperándola en el salón principal.

Sentado.

Silencioso.

Con una expresión imposible de interpretar.

Aquello no le gustó.

Nada.

—¿Qué ocurre?

Matteo levantó la vista lentamente.

—Llegas tarde.

—No sabía que tenía horario.

—Dijiste que volverías a las cuatro.Son las siete.

Sofía frunció el ceño.

—¿Y?

—Y no respondiste ninguna llamada.

Ella sacó el teléfono.

La batería estaba agotada.

—Se apagó.

—Lo imaginé.

—Entonces no entiendo el problema.

Matteo se puso de pie.

—El problema es que desapareciste durante tres horas. La irritación comenzó a crecer dentro de ella.

—No desaparecí.

Salí.

—Sin protección.

—No necesito protección.

—Eso no lo decides tú.

Aquellas palabras fueron suficientes.

Toda la frustración acumulada durante semanas explotó de golpe. —¿Perdón?

El salón quedó en silencio.

Incluso algunos empleados que estaban cerca dejaron de moverse. Como si supieran exactamente lo que estaba a punto de ocurrir. —No vuelvas a hablarme así.

La voz de Sofía fue firme.

Fría.

Directa.

Matteo no retrocedió.

—Entonces no me obligues a hacerlo.

—No eres mi padre.

—Gracias a Dios.

—Ni mi dueño.

—Nunca dije que lo fuera.

—Actúas como si lo fueras.

Los ojos de Matteo se oscurecieron ligeramente.

Era la primera vez que parecía verdaderamente molesto. —No tienes idea de lo que ocurre fuera de estos muros. —Y tú no tienes idea de cuánto odio que intenten controlar mi vida. El silencio se volvió insoportable.

Nadie se movió.

Nadie habló.

Sofía sentía el corazón golpeando contra su pecho.

Pero no estaba dispuesta a retroceder.

No esta vez.

—Si voy a quedarme aquí seis meses, al menos quiero que entiendas algo.

—Te escucho.

—No me perteneces.

Por primera vez algo cambió en la expresión de Matteo. Algo rápido.

Difícil de identificar.

Pero estaba allí.

—Nunca pensé que me pertenecieras.

—Entonces deja de comportarte como si fuera así.

Durante varios segundos ninguno habló.

Finalmente Matteo exhaló lentamente.

Como alguien intentando controlar un incendio antes de que se extendiera.

—No estaba intentando controlarte.

—¿Ah, no?

—Estaba intentando protegerte.

Sofía soltó una pequeña risa incrédula.

—Claro.

—Lo digo en serio.

—Y yo no te creo.

Aquello pareció afectarlo más de lo que esperaba.

Solo un poco.

Pero suficiente para que ella lo notara.

Más tarde, cuando regresó a su habitación, todavía seguía enfadada. Intentó leer.

No funcionó.

Intentó dormir.

Tampoco funcionó.

La discusión se repetía una y otra vez en su mente.

Y cuanto más pensaba en ella, más confundida se sentía. Porque una parte de ella sabía que Matteo realmente había estado preocupado.

No enfadado.

Preocupado.

La diferencia era importante.

Y eso era precisamente lo que la molestaba.

A medianoche decidió salir al balcón.

Necesitaba aire fresco.

La noche estaba tranquila.

Las estrellas brillaban sobre Sicilia.

Todo parecía en calma.

Demasiado en calma.

Fue entonces cuando escuchó voces provenientes del jardín. Instintivamente se acercó a la barandilla.

Abajo estaban Matteo y Carlo Moretti.

Hablaban en voz baja.

Pero el silencio de la noche permitió que algunas palabras llegaran hasta ella.

—No puedes seguir ocultándoselo.

—Todavía no.

—Ya han pasado años.

—Lo sé.

—Entonces dile la verdad.

Sofía sintió curiosidad inmediata.

¿La verdad?

¿Sobre qué?

—No es el momento.

La voz de Matteo sonó más cansada de lo habitual.

—Nunca será el momento perfecto.

—Carlo.

—Estoy hablando en serio.

Silencio.

—Ella merece saberlo.

El corazón de Sofía comenzó a acelerarse.

Sin darse cuenta se inclinó ligeramente hacia adelante. Intentando escuchar más.

—Cuando llegue el momento lo haré.

—Espero que no sea demasiado tarde.

Después ambos hombres comenzaron a caminar.

Alejándose.

La conversación terminó.

Pero el daño ya estaba hecho.

Porque ahora Sofía tenía una nueva pregunta.

Y probablemente era la más importante hasta ahora.

¿Qué verdad estaba ocultando Matteo?

A la mañana siguiente decidió actuar con normalidad.

O al menos intentarlo.

Durante el desayuno apenas habló.

Durante la mañana se refugió en la biblioteca.

Y durante el almuerzo evitó cualquier conversación innecesaria. Sin embargo, el destino parecía tener otros planes.

Poco después de las cuatro de la tarde, Elena apareció en la biblioteca. —Matteo quiere verte.

Sofía levantó la vista del libro.

—¿Ahora?

—Ahora.

—Perfecto.

Elena sonrió ligeramente.

—Intenten no discutir esta vez.

Sofía soltó una pequeña risa.

—No prometo nada.

Encontró a Matteo en su despacho.

La misma habitación donde lo había visto por primera vez. La misma donde todo había comenzado.

Él estaba revisando documentos.

Como siempre.

Sin embargo, cuando ella entró, dejó todo a un lado.

Aquello llamó su atención.

—¿Qué ocurre?

Matteo permaneció observándola unos segundos.

—Necesito salir de la ciudad durante unos días.

—¿Y?

—Y tú vendrás conmigo.

Sofía parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

—No.

La respuesta fue automática.

Instantánea.

Matteo parecía haber esperado exactamente eso.

—No era una pregunta.

—Entonces mi respuesta sigue siendo no.

—No tienes elección.

—Empiezo a odiar esa frase.

—Lo imagino.

—Perfecto.

Entonces entiende la siguiente.

No pienso ir.

Por primera vez una sombra de diversión apareció en los ojos de Matteo.

Como si encontrara entretenida su resistencia.

Aquello solo consiguió irritarla más.

—¿Te parece gracioso?

—Un poco.

—Increíble.

—Sofía.

—¿Qué?

—Vas a venir.

—¿Por qué?

Matteo permaneció callado.

Y aquello fue suficiente para que ella entendiera algo. No quería decir la razón.

Lo cual significaba que era importante.

Muy importante.

—¿Qué está pasando?

—Nada que deba preocuparte.

—Esa es exactamente la clase de respuesta que me preocupa. Matteo la observó.

Durante varios segundos.

Como si estuviera evaluando algo.

Finalmente habló.

—Hay personas buscando información sobre ti.

El corazón de Sofía se detuvo un instante.

—¿Qué?

—Y prefiero mantenerte lejos mientras averiguo por qué. Aquellas palabras destruyeron cualquier respuesta que tenía preparada.

Porque sonaban sinceras.

Demasiado sinceras.

—¿Quiénes?

—Todavía no lo sé.

—¿Y esperas que simplemente confíe en ti?

Matteo sostuvo su mirada.

—No.

—Entonces estamos en un problema.

—Quizá.

Por primera vez desde que lo conoció, ninguno de los dos parecía tener una respuesta.

Y eso era peligroso.

Porque Sofía comenzaba a comprender que el mundo de Matteo era mucho más oscuro de lo que había imaginado.

Y que, le gustara o no, ahora ella formaba parte de él.